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Totonicapán: Tensión en las tierras indígenas de Guatemala

Guatemala/Bogotá/Bruselas  |   6 Feb 2013

La matanza de manifestantes el pasado octubre fue una tragedia anunciada por aquellos que han advertido desde hace tiempo contra el uso de las fuerzas armadas para mantener el orden público en un contexto de tensiones económicas y étnicas.

Totonicapán: Tensión en las tierras indígenas de Guatemala, el más reciente informe de International Crisis Group, examina los riesgos del uso del ejército para el mantenimiento del orden público en un país con amplias desigualdades económicas.  El peligro se volvió trágicamente claro el 4 de octubre de 2012, cuando soldados presuntamente abrieron fuego en contra de manifestantes mayas del departamento de Totonicapán, matando a seis e hiriendo a más de 30. La marcha protestaba contra los altos precios de la electricidad y demandaba educación asequible, así como el reconocimiento y la promoción de los derechos de los indígenas.

“Hay mucha tensión en varias zonas indígenas sobre temas como la minería y el acceso a la tierra, la educación y la electricidad”, dice Mary Speck, Analista Senior para Guatemala de Crisis Group. “Esto hace aún más urgente para Guatemala construir fuerzas de seguridad civiles entrenadas para enfrentar las protestas sin recurrir a la violencia”.

Las protestas aumentan, especialmente las de la población indígena en situación de pobreza extrema, mientras que una multitud de cuestiones avivan los conflictos en muchas zonas rurales. El pasado reciente de Guatemala hace de estos disturbios algo especialmente peligroso. Entre 1960 y 1996, el país sufrió una de las campañas contrainsurgentes más brutales en la historia de América Latina. Una comisión de las Naciones Unidas estimó que unas 200,000 personas murieron, en su mayoría asesinadas por las fuerzas de seguridad, en comunidades mayas del altiplano occidental.

Aunque inicialmente negó que los soldados hubieran usado sus armas, el presidente Otto Pérez Molina hizo lo correcto al permitir a los fiscales llevar a cabo una investigación que hasta ahora ha resultado en cargos contra un coronel del ejército y ocho soldados. También ha prometido abstenerse de enviar soldados armados a las manifestaciones, aunque su gobierno continúa usando el ejército para suplir  las deficiencias de la policía civil, que no solo esta abrumada por la delincuencia común, sino ahora aún más por los carteles de la droga que operan en Guatemala.

El gobierno necesita dar voz y participación a las poblaciones indígenas en la formulación e implementación de políticas que afecten a su cultura y a sus medios de subsistencia.  También necesita hacer de la reforma policial una prioridad, estableciendo metas claras para un retiro del ejército de las funciones de orden público, como los establecen los acuerdos de paz de 1996.

El Congreso necesita crear medios legales para canalizar las preocupaciones legítimas de las comunidades sobre la degradación ambiental y el impacto socioeconómico de los proyectos hidroeléctricos y de minería. Los inversionistas deben colaborar con los activistas indígenas y medioambientales para implementar las mejores prácticas de la industria extractiva diseñadas para proteger los intereses locales. Finalmente, los líderes de ambos lados del espectro político deben trabajar para asegurarse de que los pueblos indígenas – que componen alrededor de la mitad de la población – consoliden la representación que merecen dentro de las instituciones políticas del país.

“No solo es el gobierno nacional el que debe actuar. Las autoridades locales y comunales, así como las organizaciones que representan los intereses indígenas y rurales, necesitan negociar de buena fe para alcanzar acuerdos democráticos sobre cómo administrar los recursos naturales”, dice Javier Ciurlizza, Director de Crisis Group para América Latina y el Caribe. “Los inversionistas deben ejercer la debida diligencia en relación a los derechos humanos y a asuntos ambientales, y concentrarse en las necesidades especiales y retos enfrentados por las comunidades indígenas”.

 
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