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La lenta implosión de Sudán

Alain Delétroz, El Mundo  |   12 Feb 2010

La situación política en el país más grande del África, Sudán, pende de un hilo. De una vez por todas, tanto los sudaneses como la comunidad internacional deben actuar para ayudar a resolver los problemas de este país, establecer una paz duradera y conseguir la seguridad en la zona.

2010 es un año crucial para Sudán y para los países implicados en el proceso de paz. Más de dos décadas de conflictos han marcado su historia, con una guerra civil entre el norte y el sur, muertes masivas y millones de refugiados en Darfur. Ahora, este trágico escenario amenaza con repetirse, debido al colapso que sufre el Acuerdo de Paz Global que puso fin a la guerra en 2005.

La comunidad internacional debe evitar a toda costa más muertes en la zona, como los recientes 140 muertos por enfrentamientos tribales al sur del país. Por ello, tiene que empezar a trabajar junto al gobierno de Sudán en dos asuntos de prioridad máxima: las elecciones nacionales y el referéndum de autodeterminación en el sur de Sudán en enero de 2011.

Las elecciones nacionales están planeadas para abril de este año, y es prioritario asegurar que se celebren de forma justa y segura. Las claves para el éxito son: un censo fiable donde todo el pueblo sudanés esté representado, incluyendo a los dos millones de desplazados de Darfur; un poder judicial independiente y una administración electoral imparcial. Si esto se cumple, el referéndum sobre la independencia del sur de Sudán se podrá llevar a cabo en 2011, como está previsto, y su resultado debe ser aceptado por las partes implicadas.

Quedan menos de 12 meses para conseguir una adecuada transformación democrática y la resolución de conflictos en todo el país. Sin embargo, los principales actores involucrados no arrancan. Con el panorama electoral actual, está claro que la paz no llegará al país. Lamentablemente, las elecciones generales de abril han perdido su propósito original: conseguir un Gobierno legítimo y democrático. Ahora son sólo una herramienta para mantener al Partido de Congreso Nacional (NCP) en el poder en Jartum y facilitar el referéndum de autodeterminación en el sur de Sudán.

Ninguna de las dos representaciones políticas que se van a presentar a las elecciones, NCP y el Movimiento de Liberalización de los Pueblos de Sudán (SPLM), tiene un interés común. Ambas están movidas, única y exclusivamente, por sus propios intereses. Sus negociaciones no conducen a ninguna parte y aunque los dos quieren celebrar las elecciones, se presentan por razones muy equivocadas.

El NCP quiere los votos para recuperar la legitimidad política necesaria para proteger al presidente Omar al-Bashir, acusado de crímenes contra la humanidad, de la Corte Penal Internacional. Mientras, el SPLM trabaja para que no descarrilen las elecciones, ya que podría poner en peligro su objetivo principal: la celebración del referéndum de independencia del sur. Incluso amenaza con declarar la independencia unilateralmente si se ve presionado a aceptar un aplazamiento de la consulta.

En cuanto al referéndum, las encuestas indican que tras su celebración, África contará con un nuevo país entre sus fronteras. Siempre y cuando se lleve a cabo como está planeado y sin altercados. Si el sur de Sudán decide independizarse, éste sería un proceso muy complejo donde sólo cabría una fórmula para conseguir el éxito: el trabajo unificado de los actores internacionales y regionales bajo un liderazgo fuerte y seguro.

Las cartas han sido repartidas. Es fundamental avanzar rápidamente en varios frentes que impliquen a los actores principales y les obliguen a actuar. Y más ahora que se palpa el distanciamiento entre NCP y SPLM. El Gobierno de Jartum tiene que aplicar urgentemente una serie de reformas jurídicas para garantizar un proceso electoral nacional libre y justo. NCP y SPLM deben negociar acuerdos marco cuanto antes. Es imprescindible conseguir un tratado de paz en Darfur que permita a todos los habitantes de la zona votar en las elecciones nacionales. Y, si finalmente el resultado del referéndum fuera la independencia del sur, habría que ayudar a formar dos estados democráticos y económicamente estables.

El tiempo es primordial para Sudán y no corre a su favor. Hay un enorme trabajo, muy complicado, que debe realizarse cuanto antes, tanto en Darfur, como en el resto del país, pero sobre todo en el sur, que ya muestra las primeras señales de disturbios. Los actores internacionales deben moverse ya. Sin más demora han de ponerse en marcha para conseguir llevar la paz y la estabilidad a la zona. El primer paso, sin duda, tiene que ser dotarse de una voz común. Si la comunidad internacional falla, el riesgo de una nueva guerra civil es inminente. El resultado: más refugiados, más pobreza, más muertes y más dolor para millones de personas. Sudán afronta su oportunidad ahora. Si se la deja escapar será muy difícil conseguir otra similar.

Alain Délétroz es vicepresidente para Europa de International Crisis Group.

El Mundo

 
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