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El fin del Ejército de Resistencia del Señor (ERS): una razón para el optimismo y el compromiso político

, Umoya  |   18 Jan 2012

Las personas que desconocen África Central se sorprenden y horrorizan al saber que el Ejército de Resistencia del Señor (ERS), un grupo rebelde ugandés que surgió a finales de los años 80, aún continúa matando. Obligado a trasladarse a las zonas fronterizas de la República Democrática del Congo (RDC), la República Centroafricana y Sudán del Sur, su brutalidad ya no puede situarse en un contexto de protesta política, sino que sobrevive más bien  gracias a sus propios métodos, atroces y de probada eficacia. 
 
Sin embargo, los esfuerzos civiles y militares para poner fin al ERS están tomando impulso y ésta es la oportunidad perfecta para acabar con la pesadilla de muchos. Para sacar el mayor provecho de ello, los líderes africanos y sus socios extranjeros deberían comprometerse a llevar a cabo una ofensiva militar inmediata y tomar medidas para ayudar a las comunidades afectadas a recuperarse a largo plazo.
 
A finales de 2008, Joseph Kony, líder del grupo, se negó a firmar un acuerdo de paz con el gobierno de Uganda. Las negociaciones fracasaron y el ejército ugandés estropeó un plan de ataque respaldado por Estados Unidos contra los campamentos del ERS en el noreste de la RDC. Desde entonces han estado intentando atrapar a Kony y a grupos de combatientes muy dispersos y móviles en la espesa selva .
 
Las agendas políticas de los líderes de la región han convertido una tarea difícil en algo aún más complicado. Como el ERS ya no representa una amenaza inmediata para los ugandeses, es comprensible que exista poca presión interna sobre Musenevi para que invierta en los hombres y el dinero necesarios para completar la misión. Por lo tanto, ha dado prioridad a otros objetivos más provechosos políticamente, incluyendo su reelección en febrero de 2011 y el fortalecimiento de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISON). A mediados de 2010 retiró aproximadamente la mitad de las tropas asignadas para la operación. La campaña de desgaste se volvió notablemente más pasiva y durante meses fue poco más que un cerco  que evitaba que el ERS volviera a Uganda. Mientras tanto, los ejércitos locales no tenían ni la voluntad ni la fuerza para proteger a su gente, y menos para dar caza a los combatientes de Kony.
 
 La tolerancia de la RDC para aceptar la presencia militar ugandesa en su territorio se agotó. Durante la segunda guerra del Congo (1998-2003), Uganda ocupó parte del territorio de ese país, robó sus recursos naturales y se ganó la eterna desconfianza del presidente Joseph Kabila. Debido a una animadversión profundamente arraigada, el ejército congoleño impedía a los ugandeses el acceso a zonas controladas por el ERS y en octubre de 2011 les prohibía dejar el campamento, según se informa, bajo amenaza de muerte. La mayor parte del ERS se sitúa en la República Centroafricana pero podrían volver al Congo en cualquier momento y encontrar un refugio seguro.
 
Es inevitable que el ERS revista poca prioridad para los gobiernos de Uganda, la RDC, la República Centroafricana y Sudán del Sur, situados a cientos de kilómetros, en las capitales de dichos países. Pero las protestas de la sociedad civil local y la presión de los grupos de derechos humanos, sobre todo en EEUU, hacen que a sus socios occidentales les resulte difícil quedarse de brazos cruzados.
 
Bajo la dirección del Congreso, el gobierno de EEUU se ha comprometido a utilizar los medios políticos, económicos, militares y de inteligencia para eliminar la amenaza del ERS. El despliegue de unas 100 tropas en Uganda a finales de 2011, una pequeña parte de las cuales se ha dirigido ahora al sureste de la República Centroafricana para aconsejar y ayudar a los ugandeses, es la expresión más evidente del compromiso de EEUU para luchar.
 
La Unión Africana (UA) también está poniendo en marcha su "iniciativa de cooperación regional" para acabar con el ERS. Los tres países afectados por la violencia de Kony hicieron que la UA pasase a primer plano con la esperanza de que les reportase más financiación. EEUU también les alentó a hacerlo para promover el poder de África. La limitada capacidad de la UA y su dificultad para reconciliar las peticiones de los estados miembros afectados y las de su principal partidario, la Unión Europea, retrasaron la campaña. Pero en noviembre de 2011 la UA designó a un enviado especial que mostrara voluntad política en el tema del ERS y ahora planea reformular la operación como "una fuerza de intervención regional" para conferirle así mayor legitimidad.
 
El apoyo de EEUU, la iniciativa de la UA y otras intervenciones internacionales han llegado ya bastante lejos como para representar una auténtica oportunidad colectiva para acabar con el ERS en un futuro próximo y permitir a las comunidades afectadas rehacer sus vidas a largo plazo.
 
Los consejeros militares estadounidenses sobre el terreno tienen la oportunidad de alentar y reforzar las operaciones en Uganda, sobre todo mejorando las comunicaciones y la coordinación entre las tropas y con los ejércitos anfitriones. Pero no se quedarán mucho tiempo; se trata sólo de unos meses, según oficiales de EEUU. Mientras cuenten con su habilidad, la mayor parte de los combatientes del ERS estén en la República Centroafricana y la estación seca permita moverse con más facilidad, los ugandeses deberían poner en marcha una ofensiva militar conjunta contra el ERS, priorizando siempre la seguridad de los civiles y aceptando una estricta responsabilidad por sus acciones.
 
Como complemento esencial de la presión militar, la misión de la ONU en el Congo utiliza panfletos y mensajes de radio para persuadir a los combatientes del ERS y a sus prisioneros de que dejen los bosques; los desertores afirman que funciona. La ONU debería sacar ventaja del saludable interés de los países donantes para tomar medidas no militares y expandirlas e intensificarlas lo más rápido posible.
 
La ONU, presente en la RDC, la República Centroafricana y Sudán del Sur, también debería ponerse de acuerdo con el gobierno y con los actores militares y humanitarios en los procedimientos para dar parte de los fugitivos, llevarlos a casa y ayudarlos a rehacer sus vidas. También debería suprimir los retrasos innecesarios y las lagunas de financiación para estar preparados para un número mayor de desertores en el futuro. La ayuda a los repatriados debería combinarse con los planes a largo plazo del gobierno y de los países donantes para estimular la recuperación social y económica en las comunidades perjudicadas de las fronteras.
 
Para que estos esfuerzos colectivos tengan éxito, los líderes regionales, sobre todo Museveni y Kabila, tendrán que mostrar su compromiso con los esfuerzos militares y civiles y cooperar. Concretamente, Kabila tendrá que permitir operaciones ugandesas en terreno congoleño y Museveni asegurar que sus fuerzas actuarán con total profesionalidad. Es tarea de los socios occidentales, la ONU y Francisco Madeira, el enviado especial de la UA, trabajar con ambos en estos temas.
 
Mientras espera lo mejor pero se prepara para lo peor, la UA debería reconocer la necesidad de mantener el apoyo político a los líderes africanos y a los donantes internacionales para los comprensivos esfuerzos militares y civiles a largo plazo, sobre todo si la presión interna hace que EEUU tenga menos protagonismo. Este compromiso político es decisivo para derrotar al ERS y permitir que miles de familias vulnerables vivan sin miedo.
 
Ned Dalby es analista de la República Centroafricana para el International Crisis Group.

Umoya

 
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