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Tayikistán: un Estado cada vez más frágil en una región quebradiza

Deirdre Tynan, Esglobal  |   18 Jan 2016

Rusia, Estados Unidos y la UE deben ser conscientes del nexo entre represión e inseguridad en el país centroasiático. ¿Qué pueden hacer para ayudar a Tayikistán a prevenir el conflicto?

El presidente tayiko, Emomali Rahmon, habla mucho de democracia, pero su presidencia se ha caracterizado por un estancamiento económico y social, agudizado por la corrupción y la mala gestión. El único partido de oposición con verdadero peso, el Partido del Renacimiento Islámico de Tayikistán (PRIT), ha sido prohibido y tachado de terrorista. Las elecciones fraudulentas y docenas de detenciones en 2015 han callado a los adversarios políticos, y en marzo asesinaron en Turquía a un líder de la oposición en el exilio. Los activistas temen el acoso de las autoridades, y las ONG “actúan en un entorno incierto y de alto riesgo”.

Todo ello no ha hecho más fuerte al Presidente. Su aparato político y de seguridad es frágil. Las divisiones de la guerra civil siguen existiendo desde el acuerdo de paz de 1997; algunas áreas controladas durante el conflicto por la Oposición Tayika Unida (OTU) no han aceptado jamás la autoridad del Gobierno central. Un diplomático ruso calcula que Dusambé no controla verdaderamente más que alrededor del 30% del país. El hecho de que el general Gulmurod Khalimov, responsable de la Unidad Policial de Misiones Especiales (OMON), desertara y se uniera al Estado Islámico en mayo de 2015 y la decisión del viceministro de Defensa Abduhalim Nazarzona de organizar un ataque para salir de la capital, dejan claro que las lealtades están desmoronándose. Las medidas draconianas tomadas por Rahmon contra la oposición política, la disidencia civil y el islam están provocando una respuesta negativa.

La prohibición de los islamistas legales

El acuerdo de paz de 1997 puso fin a cinco años de combates entre las fuerzas de la oposición y las del Gobierno que habían dejado entre 60.000 y 100.000 muertos y una economía destrozada. El pacto preveía un sistema de múltiples partidos que canalizaran hacia la política legítima las aspiraciones de los islamistas y otros segmentos de la sociedad. En 2000, el PRIT obtuvo dos de los 63 escaños de la cámara baja del Parlamento, mientras que, como parte del acuerdo de reparto de poder, se asignaron puestos en la administración y los servicios de seguridad a antiguos miembros de la OTU. La participación política limitada del PRIT garantizaba la base del acuerdo de paz. Sin embargo, Rahmon seguía desconfiando de las asociaciones de algunos antiguos jefes de la OTU y estaba indignado con la resistencia de ciertas zonas a aceptar el control del Gobierno.

Tras la muerte del líder del PRIT Said Abdullah Nuri en 2006 y el nombramiento como sucesor de un islamista más moderno, preparado y elocuente, Mokhiddin Kabiri, Rahmon empezó a pensar que el partido representaba una amenaza directa contra su liderazgo.

En vísperas de las elecciones parlamentarias del 1 de marzo de 2015, el Ejecutivo ordenó a los imanes de las mezquitas inscritas en el registro oficial que predicaran contra el voto al PRIT, por considerarlo “el partido de la guerra”. El PRIT no obtuvo más que el 1,5% de los votos y perdió sus dos escaños en unos comicios calificados de “descaradamente manipulados”. Kabiri temía que lo detuvieran y huyó a Turquía. El Gobierno prohibió el partido en agosto y se apresuró a declararlo organización terrorista.

El hecho de haber privado a las antiguas bases de la OTU de representación política formal en el Parlamento y la aplicación de una versión del islam restrictiva y aprobada por el Gobierno pueden hacer que otras alternativas radicales sean más atractivas para los islamistas, en particular los jóvenes.

El caso Khalimov y Daesh

La deserción del jefe de la Policía Especial para unirse a Daesh debilitó gravemente la sensación de seguridad de Rahmon. El desertor, el coronel Khalimov, se formó en Estados Unidos y Rusia, había participado en operaciones del Gobierno y no tenía relación con la OTU. En mayo apareció en YouTube un vídeo de él en el que amenazaba: “Prestad atención, perros, el Presidente y los ministros. Si supierais cuántos chicos, hermanos nuestros, están aquí, esperando y anhelando volver para restablecer la ley [islámica] de la sharia [en Tayikistán]… Iremos a buscaros, Dios mediante, iremos a buscaros para mataros… Escuchad, cerdos americanos, he estado en América tres veces, y vi cómo entrenabais a los soldados para matar musulmanes. Dios mediante, iré con esta arma a vuestras ciudades, vuestros hogares, y os mataremos”. En el vídeo mencionaba políticas religiosas represivas y llamaba a quienes trabajan para el gobierno y a los trabajadores inmigrantes y marginados a derrocar a Rahmon.

La obsesión de Khalimov por las restricciones contra las prácticas islámicas es significativa. Aunque no existen indicios de que el extremismo religioso violento tenga un apoyo masivo, la política de mano dura del Ejecutivo ha tenido efectos negativos entre los devotos, ha alimentado el resentimiento y radicalizado a los creyentes moderados. Aunque el porcentaje de extremistas islámicos confirmados entre los 8,2 millones de habitantes de Tayikistán es pequeño, el peligro que pueden constituir es considerable. Cientos de tayikos se han unido a Daesh, pero un funcionario de la OSCE dice que esos cálculos son “muy conservadores; seguramente se pueden duplicar, por lo menos”. Se han visto las banderas negras del grupo yihadista en varios distritos, sobre todo cerca de la frontera con Afganistán. Un funcionario de la ONU dice que “la posible radicalización de los jóvenes tayikos es un motivo de preocupación… Daesh tiene un sistema de reclutamiento muy astuto, y el sentimiento de unión y estabilidad que anuncian los rusos chechenos ha sido eficaz… La vida [en Tayikistán] se ha vuelto más difícil e inalcanzable económicamente, y es comprensible el atractivo del Estado Islámico”.

La frontera entre Tayikistán y Afganistán es un eslabón débil en la seguridad de Asia central, con presiones crecientes de los talibanes que controlan el norte de Afganistán y el peligro de que los militantes islámicos afganos, avezados en el combate, se alíen con pequeños grupos de posibles aliados en el país vecino. La fortaleza del Ejército tayiko, que constituye una segunda línea de defensa detrás de los 16.000 guardias de fronteras, es dudosa. Si los combatientes talibanes avanzaran hacia el norte con el objetivo de llegar a Uzbekistán, los tayikos seguramente tendrían que solicitar la intervención de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), dirigida por Moscú. Con su situación, entre Afganistán y Uzbekistán, y su frágil estado actual, Tayikistán representa un peligro de guerra y desestabilización.

La frontera afgana

Aunque es posible que los gobiernos de Asia Central exageren la amenaza del extremismo islámico para conservar su influencia, obtener ventajas económicas y justificar la represión interna, es cierto que existe un peligro. Un riesgo agravado por el anuncio de Estados Unidos de que iba a retirar sus tropas de Afganistán -después desmentido en parte- y la decisión de Pakistán de atacar a los yihadistas en Warizistán del norte, cerca de la frontera con Afganistán. Estos dos factores han llevado a combatientes extranjeros, entre ellos tayikos, uzbekos, kirguizos, chechenos y uigures, a la provincia afgana de Badakhshan, desde donde han lanzado ataques contra el Ejército afgano en las provincias de Kunduz, Badakhshan, Baghlan, Faryab y Takhar.

Un antiguo alto funcionario de defensa kirguizo dice que es posible que los combatientes del norte de Afganistán intenten adentrarse en Asia Central “en los próximos dos o tres años”. Hoy, en el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), algunas facciones están alineadas con Daesh y otras con los talibanes en las zonas cercanas a Tayikistán. Su interés fundamental sigue estando en el propio Uzbekistán, pero quizá trate de aprovechar la debilidad tayika para ganar posiciones.

El presidente ruso, Vladímir Putin, considera que la situación en la frontera entre Afganistán y Tayikistán es crítica, y ha prometido ayuda militar. La base militar de Rusia en Tayikistán, la mayor que tiene en el extranjero, va a reforzarse y a pasar de 5.900 hombres a 9.000 de aquí a 2020, y se han desplegado “aviones de guerra avanzados, helicópteros de ataque y drones” dentro de una “defensa en tres niveles”.

Moscú también ha aumentado su presencia militar en las proximidades de Dusambé, lo cual indica que es consciente de las múltiples amenazas que se ciernen sobre el país centroasiático. Dice un diplomático ruso: “Tayikistán puede contar con la ayuda legal de Rusia si la amenaza viene de fuera. El problema es si el enemigo viene de dentro, y no estamos autorizados [a intervenir]… Ese es un problema interno [de Rahmon]… No podemos rescatarlo si da pasos equivocados en política interior”.

Irónicamente, un acuerdo de paz en Afganistán podría ser peligroso para Tayikistán, porque seguramente quedarían excluidos de él grupos como el MIU y otros con combatientes extranjeros, y algunos de éstos pasarían a Asia Central, donde los Estados no están bien preparados para recibir a losyihadistas que regresen. Por tanto, cualquier acuerdo de paz debería incluir a los combatientes extranjeros.

Drogas

El narcotráfico tiene repercusión directa en la seguridad fronteriza y la estabilidad interna de Tayikistán. Proporciona unos ingresos que pueden redistribuirse o blanquearse a través de la economía, y entre el 20% y el 30% del PIB. La falta de un desarrollo económico legítimo tiene consecuencias políticas y de seguridad, y el control de las lucrativas rutas de la droga es un motivo de rivalidad entre las élites regionales y dentro de los corruptos servicios de seguridad.

La ayuda de Rusia y Occidente para reforzar la seguridad de las fronteras y luchar contra el narcotráfico ha tenido efectos limitados. Se calcula que el programa de la UE de Administración de Fronteras para Asia central (BOMCA por sus siglas en inglés), la Escuela de la OSCE para el personal de gestión fronteriza, los proyectos fronterizos de la Organización Internacional de la ONU para las Migraciones (OIM) y la ayuda bilateral económica y de formación, sobre todo de Estados Unidos, en materia de seguridad, costaron 83 millones de dólares (unos 76 millones de euros) para el periodo 2005-2013, pero dichos proyectos carecen de la puesta en marcha por parte de los tayikos.

Durante más de 10 años, los intereses de política exterior de EEUU en Asia central han quedado relegados por los grandes objetivos estratégicos y militares en Afganistán. Estados Unidos y varios países de la UE han recurrido a una estrecha cooperación con gobiernos regionales represivos con el fin de obtener apoyo logístico para las operaciones en Afganistán, a menudo sin prestar atención a los derechos humanos. Pero la relativa ineficacia de la ayuda contra las drogas y el aumento de la represión en Tayikistán deben obligar a reexaminar la cuestión.

Washington ha dedicado millones de dólares a programas de lucha contra las drogas en Tayikistán desde 2007. Ahora bien, los beneficiarios son personas que violan constantemente los derechos humanos, entre ellos algunos acusados de torturas y ejecuciones extrajudiciales. Un detractor de estas ayudas dice que “Estados Unidos no debería aceptar tan fácilmente las acciones del Gobierno tayiko. Las fuerzas tayikas, entrenadas en EE UU, apoyan al Presidente, protegen el narcotráfico y extorsionan y torturan al pueblo”.

Relaciones externas

Tayikistán tiene una situación tan frágil que, si bien la UE, EE UU y China tienen menos peso que Rusia, deberían planear una seria campaña de prevención de conflictos, en colaboración con Moscú, a corto y medio plazo. El Ejecutivo autoritario de Rahmon es una amenaza tan terrible para el Estado como una posible incursión desde Afganistán.

No es probable que el Kremlin exija a Rahmon unas reformas que transformarían su Estado o su sistema de Gobierno, pero la estrategia de mantener el statu quo, en parte para fomentar la estabilidad pero sobre todo para conservar influencia, puede acabar siendo contraproducente.

Estados Unidos y la Unión Europea tienen mucha menos influencia y no se han mostrado enérgicos a la hora de imponer condiciones para la cooperación y la ayuda técnica que proporcionan. El Acuerdo de Partenariado y Cooperación firmado en 2010 por la UE incluye “facilitar la transición económica en Tayikistán y promover un desarrollo humano y económico inclusivo y sostenible”. Sin embargo, esta estrategia no ha logrado arraigar en Estados de Asia Central como Tayikistán, que tienen poco que ofrecer a cambio y ningún deseo de auténticas reformas.

La cooperación estadounidense se ha centrado sobre todo en los sectores de la defensa y el orden público, el gobierno local y la transparencia, pero es frecuente que las reformas queden supeditadas a su interés prioritario, que es Afganistán. El hecho de que EE UU no aborde públicamente las violaciones de los derechos humanos en Uzbekistán, un socio más estratégico, mientras que sí habla acerca de  Tayikistán, despierta dudas sobre lo equitativo de su política en Asia central.

Occidente debe prestar atención a la responsabilidad y la rendición de cuentas, las violaciones de los derechos humanos, la corrupción y la reducción del espacio democrático en Tayikistán. Rusia debería reforzar la seguridad, exigir a Rahmon que recuerde las ambiciones plasmadas en el acuerdo de paz de 1997 para llevar a cabo reformas económicas dirigidas a la creación de empleo y disminuir las presiones sobre los musulmanes devotos. Moscú tiene que comprender que la represión política y religiosa, el aumento de la radicalización, las grietas en los servicios de seguridad y la creciente fragilidad del Estado están relacionados.

A Rusia, Occidente y los vecinos inmediatos de Tayikistán les interesa que se modere el autoritarismo de Rahmon. Todos deben trabajar para lograr una transición pacífica para que, después de él, venga una época menos autoritaria, y ser conscientes del nexo entre represión e inseguridad. Es fundamental que haya un consenso para asegurar la frontera afgana, que incluya el acuerdo sobre el papel primordial de la OTSC. Además, Moscú debe volver a sumarse a las campañas internacionales para cortar el tráfico de drogas. Son comprensibles los recelos sobre las ambiciones regionales rusas en otras zonas, pero prevenir un conflicto en Tayikistán es algo que interesa a todos.

 
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