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Bolivia, al borde del abismo

Chris Patten, El Mundo  |   18 Dec 2005

Las elecciones de hoy en Bolivia constituyen probablemente la última esperanza del país para evitar su desintegración como nación estado y la generalización de la violencia en la sociedad. Aun en el caso de que el resultado de las elecciones se ponga en duda y de que haya un nuevo presidente que tome posesión de su cargo con plena legitimidad, habrá que abordar de manera visible, efectiva y rápida la debilidad estructural subyacente de Bolivia. De no ser así, el nuevo presidente podría convertirse en el tercero que en otros tantos aňos se viera obligado a presentar su renuncia y lo probable es que se dividiera este país ingobernable.

Entre las razones de la fragilidad de Bolivia figura la exclusión de hecho del 70% de la mayoría indígena del auténtico poder; el reparto desigual de los recursos del país implica que el 10% más rico de la población recibe 143 veces más del PIB (Producto Interior Bruto) per cápita que el 10% más pobre. Semejante desigualdad se observa también en las cifras de distribución de la tierra facilitadas por el Banco Mundial, que ponen de manifiesto que unas 100 familias controlan más de 25 millones de pequeños agricultores, indígenas en su inmensa mayoría, que tratan de sobrevivir con cinco millones de hectáreas.

No es de extrañar, por tanto, que los indígenas estén apoyando como candidato a la Presidencia a uno de los suyos, el avispado Evo Morales. Su programa político (la nacionalización absoluta de los hidrocarburos) ha conseguido que a la clase política de toda la zona le hayan entrado escalofríos de miedo, pero será misión de los dirigentes sudamericanos y de la comunidad internacional en un sentido más amplio, tratar de ir más allá de la retórica y encontrar zonas de común acuerdo para poner fin a los problemas fundamentales de Bolivia.

Esta tarea complicada podría convertirse en algo mucho más difícil si la comunidad internacional se encastilla en una confrontación con Morales, que dará como resultado el reforzamiento de sus vínculos con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de quien ya se rumorea que ha contribuido a financiar la campaňa de Morales. Echar a Morales en brazos de Chávez no va servir de gran ayuda a nadie.

Sin embargo, para Bolivia hay más temas de interés. El país necesita encontrar una fórmula para emplear la riqueza de su gas natural aún por explotar (quizás, las terceras reservas más grandes de ese hemisferio) en abordar el problema de la pobreza en la que viven dos tercios de la población. La negativa a aceptar las exigencias de renacionalización del gas fue lo que llevo al último presidente a abandonar el cargo.

Encontrar una fórmula que de satisfacción a las preocupaciones nacionalistas y al mismo tiempo atraiga las inversiones que se necesitan para explotar estos recursos con buen criterio va a ser gran reto del próximo presidente.

Por último, está el tema de la hoja de coca y de la cocaína. Durante la primera parte de los años 90, Bolivia fue uno de los principales exportadores de pasta de coca con la que se producía cocaína para Estados Unidos. Un ambicioso plan contra las drogas, financiado y en gran medida ejecutado por EEUU, redujo drásticamente los niveles de coercitivo del Estado a los más pobres de los agricultores indígenas de Bolivia. De hecho, fue a raíz de esta represión cuando apareció Evo Morales como la voz del cocalero, que es como se conoce a los productores de hoja de coca.

Si Morales sale elegido y levantan las restricciones al cultivo de hoja de coca con la esperanza de encontrar usos legales alternativos, como el té y los medicamentos, pocas dudas caben de que la producción de cocaína volverá también a relanzarse en Bolivia. Si ocurre eso, Bolivia tendrá hacer frente a cortes de carreteras, manifestaciones masivas, amenazas de secesión y una posible desintegración violenta. Las elecciones de hoy van a determinar quien va a ser el receptor final de la transmisión pacífica del poder democrático en el estado boliviano. La forma en que el nuevo Gobierno de repuesta a los problemas fundamentales de la tierra, las desigualdades y la administración de los recursos naturales será la que determine si la nación estado de la Bolivia democrática va a seguir una sola.

Chris Patten fue comisario europeo de Relaciones Exteriores y preside el Internacional Crisis Group.

 
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