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Elecciones en Venezuela: Peligrosas Incertidumbres

Latin America Report N°42 26 Jun 2012

Traducido del inglés

RESUMEN EJECUTIVO & RECOMENDACIONES

La incertidumbre por la salud del Presidente Hugo Chávez exacerba la fragilidad de Venezuela en el período previo a la elección presidencial de octubre. En medio de una profunda polarización, su enfermedad extiende una sombra sobre la campaña, mientras que la estabilidad del país, incluso después de las elecciones, está amenazada por el carácter personalizado de su gobierno, las débiles instituciones y los altos niveles de violencia criminal. Cualquier violación abierta de las reglas constitucionales probablemente requeriría el apoyo del ejército, del que ni siquiera el presidente puede estar seguro; además, los países más importantes de la región mirarían una acción de esta naturaleza con recelo. Pero con tanto en juego, una agitación, e incluso una crisis política violenta, continúan siendo posibilidades peligrosas. Todos los líderes políticos deberían condenar la violencia y comprometerse públicamente a respetar la Constitución, independientemente de lo que vaya a suceder. Los países socios de Venezuela en la región deben presionar por una adecuada observación internacional y señalar claramente que no apoyarán acciones por fuera del marco constitucional.

Los próximos meses podrían convertirse en los más difíciles de Hugo Chávez. La oposición se ha unido en apoyo de un candidato presidencial. Al igual que Chávez, su joven contendiente, Henrique Capriles, nunca ha perdido una elección. Su moderación, muy alejada de las tácticas anteriores de la oposición, bien podría tener impacto entre los votantes aún indecisos o el voto independiente. Además, a pesar de que el espacio político durante los gobiernos de Chávez se ha estrechado, será difícil manipular el resultado de las elecciones en Venezuela. La oposición ha ganado anteriormente y en las últimas elecciones parlamentarias de 2010 su participación en la votación igualó a la del partido en el poder.

Pero una contienda presidencial en contra del actual presidente es algo diferente. En condiciones normales, Chávez posiblemente ganaría. Es muy bueno en campaña y todavía goza de fuertes lazos emocionales con muchos venezolanos, especialmente con los más pobres. También cuenta con instituciones leales y la poderosa máquina mediática del estado, y usa abiertamente los fondos públicos para los fines de la campaña, particularmente entregando beneficios a través de programas sociales. Hasta los partidarios de la oposición admiten que competir con un Chávez sano sería prácticamente imposible.

No obstante, el presidente enfrenta no solo a Capriles, sino también a un cáncer que podría suponer una amenaza más grave para su gobierno. Solo sus médicos y sus familiares cercanos conocen el pronóstico; sin embargo, la enfermedad ya le ha demandado ausencias prolongadas por tratamientos en Cuba y, por lo tanto, le ha impedido meterse plenamente en la campaña. Su partido, sin mecanismo claro de sucesión ni heredero aparente –sin duda, ninguno que pueda derrotar fácilmente a Capriles– está nervioso. El chavismo estaría en problemas sin Chávez. Muchos de los que lo rodean tienen mucho que perder y, si bien el partido mantiene la unidad frente al público, abundan las especulaciones sobre peleas internas y disputas por influencia. El recientemente nombrado Consejo de Estado, conformado por importantes asesores presidenciales, podría convertirse en un mecanismo a través del cual se negocie la sucesión si se deteriora aún más la salud de Chávez. A pesar del mensaje, su creación no parece calmar los nervios.

La enfermedad del presidente amenaza no solo a su partido, sino también a la votación de octubre e, incluso, a la estabilidad del país. Su gobierno es altamente personalizado, el poder se concentra en su despacho y los pesos y contrapesos se han debilitado constantemente. Las instituciones no están preparadas para manejar una transición o contener un conflicto. La política está polarizada; la sociedad, dividida. La proliferación de armas y de grupos armados favorables al Gobierno genera oportunidades para la violencia. De hecho, hay chispas que ya se encendieron durante la campaña; a comienzos de marzo hubo disparos en un evento de campaña de la oposición en Cotiza, un suburbio de Caracas. La agresiva retórica del presidente hace poco por desalentar dichos incidentes.

Muchos en Venezuela, incluidos la oposición, destacan que un quiebre total del orden es poco probable. Chávez siempre ha adjudicado su legitimidad a las urnas y promete aceptar el resultado en octubre. Es probable que las autoridades electorales se resistan a ser manipuladas por el gobierno, más que otras instituciones. La oposición promete que no habrá cacería de brujas si gana; si pierde, muy posiblemente no tendrá el aliento para una pelea, particularmente si la votación es limpia. Muchos ciudadanos están cansados de la confrontación. Si bien los generales son leales al presidente, con el ministro de defensa bajo sospecha de vínculos con el tráfico de drogas, los oficiales de rango medio y bajo de las Fuerzas Armadas no los acompañarían necesariamente en una abierta violación de la Constitución. Los países más importantes de la región no aprobarían una toma violenta del poder ni aceptarían que Venezuela pase de ser una democracia defectuosa a una nación con confrontaciones civiles o una dictadura.

Sin embargo, la enfermedad de Chávez lleva Venezuela hacia un terreno desconocido e impredecible. No solo está en juego su gobierno, sino también un modelo de estado que muchos venezolanos perciben como favorable para sus intereses. Un posible escenario consistiría en el intento, por parte del partido en el poder, de suprimir los resultados en caso éstos no les sean favorables, incluso recurriendo a la violencia y usándola como pretexto para retener el poder por medios extraordinarios. Otro posible escenario consistiría en retrasar la votación si es que la salud de Chávez se deteriora sensiblemente, utilizando con dicho fin al poder judicial, y de esa manera ganar tiempo para elegir un candidato sustituto. En cualquiera de estos dos escenarios, se podrían generar protestas de la oposición y entrar en confrontación abierta con los partidarios del gobierno.

Por lo tanto, no se puede descartar la posibilidad de disturbios, considerando que el estado de derecho es débil y las instituciones demasiado dependientes como para poder mediar de una manera creíble. Los líderes políticos, especialmente el presidente, deben moderar su retórica y condenar todo acto de violencia. La Constitución de Venezuela, promulgada por el mismo Chávez, establece reglas para todo tipo de contingencia y todos los líderes políticos, autoridades y las Fuerzas Armadas deben comprometerse públicamente a cumplir sus disposiciones.

RECOMENDACIONES

Para reducir los peligrosos niveles de incertidumbre antes de la elección presidencial

Al Gobierno del Presidente Chávez, al Partido Socialista Unido de Venezuela y a las Fuerzas Armadas:

1.  Comprometerse públicamente a respetar la Constitución, incluidas las disposiciones que rigen la forma en que se gobernaría Venezuela en el caso de que la enfermedad del presidente lo obligara a retirarse, así como el calendario y los resultados electorales.

2.  Proporcionar información sobre la salud del presidente y su pronóstico.

3.  Aclarar los procedimientos internos para determinar un nuevo líder del partido y candidato presidencial en el caso de que la salud del presidente así lo requiera.

4.  Mantener la participación de Venezuela en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, incluido el reconocimiento de la competencia de la Comisión y Corte Interamericanas de Derechos Humanos, y comprometerse públicamente a observar las normas de la Carta Democrática Interamericana.

A las autoridades electorales (Consejo Nacional Electoral, CNE):

5.  Difundir ampliamente las disposiciones de la ley electoral que rigen la forma en que los partidos políticos sustituyen a los candidatos (particularmente, los artículos 62 a64) y comprometerse a celebrar las elecciones el 7 de octubre de 2012.

A los socios regionales de Venezuela, en particular a los Gobiernos de Brasil y Colombia, y a los miembros de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y a los organismos regionales, particularmente a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR):

6.  Comprometerse, de manera pública y privada, con el orden constitucional en Venezuela y exigirle al gobierno del Presidente Chávez y a la oposición liderada por Henrique Capriles que respeten la Constitución y los resultados electorales.

Para reducir la polarización y el riesgo de violencia

A los líderes políticos venezolanos, incluidos el Presidente Chávez y Henrique Capriles:

7.  Evitar el uso de lenguaje divisivo e incendiario, en particular aquel que busque denigrar a los oponentes políticos; comprometerse pública, convincente y frecuentemente a renunciar a la violencia electoral en torno a las elecciones; hacer un llamado a sus partidarios para que se abstengan de ejercer violencia y vigilar que todos los candidatos puedan hacer su campaña en todo el país sin correr riesgo personal.

A las autoridades electorales:

8.  Hacer cumplir la ley electoral, en particular las reglas que prohíben el uso de lenguaje divisivo e incendiario por parte de los políticos, incluyendo sanciones para los infractores.

Al Gobierno venezolano y a las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley:

9.  Investigar y sancionar con eficacia a quienes cometan actos violentos.

Para equilibrar la competencia electoral y aumentar la posibilidad de tener elecciones libres y justas en octubre

Al Presidente Chávez, al Gobierno venezolano y a los gobernadores estatales:

10.  Desvincular los actuales programas de bienestar social de la campaña, lo cual incluye evitar cualquier lanzamiento de éstos por parte de candidatos o representantes del Gobierno; Suspender las transmisiones en cadena en los medios y dejar de inaugurar públicamente obras durante la campaña.

Para las autoridades electorales:

11.  Cumplir con las normas de la ley electoral sobre el control del uso de recursos estatales para las campañas, incluyendo la aplicación de sanciones para aquellos que infrinjan la ley.

12.  Invitar con celeridad a observadores internacionales, idealmente de organizaciones como la Unión Europea, la Organización de los Estados Americanos y el Centro Carter, para observar todos los aspectos de la elección de octubre, incluida la campaña y la resolución de cualquier disputa. Extender asimismo una invitación a la Unión Interamericana de Organismos Electorales (UNIORE) a través de su secretaría técnica, el Centro de Asesoría y Promoción Electoral del Instituto Interamericano para los Derechos Humanos (CAPEL).

13.  Acreditar rápidamente a los testigos de la oposición, facilitar su acceso a todas las partes del proceso electoral, así como suprimir las restricciones relativas a la cantidad de observadores por organización de la sociedad civil.

14.  Difundir las reglas que regulan el plan de seguridad electoral (Plan República) y desarrollar un código de conducta a ser firmado por todos aquellos involucrados en él, con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Para las Fuerzas Armadas:

15.  Garantizar que todos sus miembros encargados de proporcionar seguridad a las mesas electorales estén correctamente capacitados, comprendan el código de conducta y su mandato; y protejan a todos los votantes por igual durante la elección.

Caracas/Bogotá/Bruselas, 26 de junio de 2012

 
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