El estancamiento continuo de Bosnia
El estancamiento continuo de Bosnia
Changing Dynamics in the Western Balkans
Changing Dynamics in the Western Balkans
Op-Ed / Europe & Central Asia

El estancamiento continuo de Bosnia

Ya hace 14 años que terminó la guerra de Bosnia, y hoy el país sigue sumido en un punto de inflexión. La mitad de él está estancado en una disputa con el gobernador internacional, el Alto Representante. Es hora de que la comunidad internacional elija entre reforzar la actual autoridad ejecutiva internacional en Bosnia o establecer un nuevo planteamiento, basado en una creciente integración en la Unión Europea y en la OTAN. El Consejo de Implementación de la Paz, organismo que supervisa la aplicación del tratado de paz de 1995, evitó una decisión en su reunión del 18 de noviembre. Pero es imperativo que se pronuncie antes de la siguiente reunión, el 25 de febrero de 2010.

Bosnia sufre disturbios desde el pasado septiembre, cuando la República Srpska, una de las dos entidades políticas (la serbia) que forman la estructura federal del país, rechazó una serie de decisiones emitidas por la Oficina del Alto Representante. Ahora amenaza con retirarse de las instituciones generales si éste impone nuevamente sus leyes.

Ni Estados Unidos ni la UE respaldaron al Alto Representante, sino que iniciaron en octubre, sin él, negociaciones entre los líderes bosniacos, bosnios serbios y bosnios croatas. De manera conjunta, Bruselas y Washington han preparado un paquete de reformas constitucionales para impulsar el ingreso de Bosnia y Herzegovina en la UE y la OTAN y que darían fin al mandato de la Oficina del Alto Representante.

Sin embargo, si los líderes políticos de Bosnia no aceptan las propuestas de la UE y EE UU en su totalidad, y no llegan a un acuerdo sobre las reformas que se indicaron durante las "conversaciones de Butmir" la comunidad internacional se quedaría únicamente con dos opciones. Ninguna de ellas es perfecta. La primera sería fortalecer la Oficina del Alto Representante, dándole poderes adicionales y un fuerte respaldo público. Incluso podría requerir un despido de los líderes políticos bosnios, algo que el Alto Representante tiene el derecho de hacer en virtud de sus poderes ejecutivos de "Bonn". Empero, la Oficina del Alto Representante goza actualmente de poca autoridad entre los serbios. Por ende, el restablecimiento político probablemente demandaría una demostración de fuerza para hacer cumplir sus decisiones. Esto afianzaría la posición de Bosnia como un protectorado internacional, en el cual la responsabilidad política no está en manos de los líderes democráticamente elegidos.

En cambio, la segunda opción sería con miras hacia el futuro. El Consejo de Implementación de la Paz consideraría lo siguiente: reforzar al Estado de Bosnia, cerrar la Oficina del Alto Representante y poner en marcha medidas alternativas de estabilización, basadas en un compromiso más fuerte de la UE y la participación continua de EE UU.

La UE está dispuesta a asumir nuevas obligaciones en Bosnia. Una de ellas podría ser el nombramiento de un nuevo Representante Especial de la UE para la zona, que reemplace al actual Alto Representante. A diferencia de éste, el Representante Especial no tendría poder ejecutivo. Esto ayudaría a facilitar el proceso político en Bosnia, a tomar decisiones sobre el auxilio financiero de la UE, y, si hace falta, a encontrar a los partidos y personas en situación de incumplimiento del Acuerdo de Paz de Dayton e impedirles obtener los beneficios de la UE. Así se asegura que siga existiendo presión política. A la vez se les proporciona a los líderes de Bosnia algo que no habían tenido antes: la responsabilidad de su país.

También la rápida integración en la OTAN debe ser parte del acuerdo. Durante el periodo de transición, el Alto Representante debe trabajar con los líderes de Bosnia para resolver los objetivos definidos por el Consejo de Implementación de la Paz para el cierre de las negociaciones.

El Consejo de Seguridad de la ONU acaba de renovar los mandatos de EUFOR y de la OTAN por otro año, respaldando así la autoridad de éstos para mantener la seguridad de Bosnia bajo los Acuerdos de Paz de Dayton. Ahora, tanto la UE como la OTAN deberían invitar a Bosnia a solicitar la adhesión y precisar las condiciones para unirse a ambas organizaciones. Por su lado, en su reunión del próximo mes de diciembre, el Consejo del Atlántico Norte tiene que explicar los requisitos necesarios para conseguir un Plan de Acción para la Adhesión.

En Butmir, la UE y EE UU han de trabajar para conseguir un acuerdo sobre las reformas que urgen en Bosnia para la próxima etapa del proceso de integración en la UE: la verificación de la candidatura. Esto incluye autorizar al Estado a asumir las responsabilidades relacionadas con la UE, a compatibilizar la Constitución con el Convenio Europeo de Derechos Humanos y a hacer que el Estado funcione mejor.

No existe término medio entre las dos opciones. El estancamiento continuo en Bosnia conlleva riesgos políticos para el Estado que podrían hacer que éste se paralice o que descarrile el proceso de integración del país en la UE. El actual sistema se ha convertido en parte del problema en vez de ser la solución. Ahora es el momento para buscar la apertura de un nuevo capítulo en la trayectoria de Bosnia, para conseguir paz y estabilidad duraderas.
 

Changing Dynamics in the Western Balkans

This week on War & Peace, Olga Oliker talks to Crisis Group expert Marko Prelec about the precarious situation in the Western Balkans, as Serb separatism in Bosnia and Herzegovina, and the frozen Kosovo-Serbia dispute continue to stoke regional instability.

The Western Balkans, a region defined in part by not being in the European Union, also contains several countries that were devastated by war in the 1990s. Now it faces new troubles, driven in part by the legacies of the old. Bosnia and Herzegovina is confronted with calls for secession in the autonomous Serb-dominated region, Republika Srpska, as well as the ongoing electoral grievances of its Croat minority. Meanwhile, efforts to resolve Kosovo’s dispute with Serbia over its independence have come to a standstill, leaving minority communities on both sides of the border vulnerable.

This week on War & Peace, Olga Oliker talks to Marko Prelec, Crisis Group’s Consulting Senior Analyst for the Balkans, about why ethnic tensions persist in the region and whether there is any risk of a return to conflict. They discuss the prospects for European integration, asking whether the promise of EU membership remains an effective incentive for resolving these longstanding disputes. They also consider what impact Russia’s invasion of Ukraine has had for stability in the Western Balkans, a region where painful memories of war are still very salient today.



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