El lado oscuro de la desmovilización paramilitar
El lado oscuro de la desmovilización paramilitar
Op-Ed / Latin America & Caribbean 2 minutes

El lado oscuro de la desmovilización paramilitar

Desde la publicación, en marzo del 2006, del sexto informe de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA (MAPP/OEA) no cabe duda de que los grupos armados emergentes representan un peligro real para Colombia. También está claro que en el último año el fenómeno ha ido creciendo y que tienen vínculos estrechos con el narcotráfico y el crimen organizado.

Hoy por hoy, el Gobierno colombiano tiene identificados 22 grupos que operan en 102 municipalidades en la mitad de los 32 departamentos del país. La policía calcula que suman 3.000 hombres, una cifra que se queda corta frente a los 3.500 - 4.000 o incluso 9.000 miembros de grupos emergentes, según dos centros de pensamiento colombianos.

Entre los analistas, observadores y tomadores de decisiones no hay consenso acerca del origen, la naturaleza, las metas y el modus operandi de los grupos emergentes. Es decir, si son o no la continuidad de los paramilitares en el tiempo y el espacio, o si son algo diferente, más parecido a "bandas criminales", como las llama el Gobierno.

Esa falta de conocimiento y entendimiento del fenómeno es peligroso dado que de la definición que se adopte, se desprende la respuesta que el Gobierno, el Estado y la sociedad deben dar de manera contundente y urgente a este desafío posterior a la desmovilización.

Una investigación actual del International Crisis Group sobre el tema, próxima a publicarse, llevada a cabo en varias regiones del país, indica que Colombia no está enfrentada a la continuidad sin ruptura alguna del paramilitarismo después de la desmovilización de las Auc. Los grupos emergentes tampoco son, sin embargo, simplemente nuevos elementos en el mapa del crimen en Colombia, aislados de las carencias y fallas del proceso de desmovilización y reinserción de los paramilitares.

Más bien pareciera que son un "híbrido", que nace de la desmovilización de las Auc y se fortalece cada vez más en medio del narcotráfico galopante y de la deficiente reintegración de ex combatientes a la vida civil.

Entre las variables detectadas que influyen en la conformación y el accionar de los grupos emergentes, que no son homogéneos sino que tienen características diversas, se encuentran la efectividad de la desmovilización de los bloques paramilitares, que varía según la región; la existencia de organizaciones y redes criminales, incluidas las guerrillas, en las zonas donde estos grupos están surgiendo; los vínculos entre los grupos y las élites locales y la fuerza pública; y la dinámica general del conflicto armado y el narcotráfico.

En Nariño, por ejemplo, el grupo conocido como Organización Nueva Generación (ONG) es más una continuación del Bloque Libertadores del Sur de las Auc que las llamadas Águilas Negras en Cúcuta del Bloque Catatumbo. Mientras ONG sí está combatiendo a las Farc y el Eln en el intento de establecer el control sobre la población y los cultivos de coca en varios municipios de Nariño, las Águilas Negras en Norte de Santander están actuando más como una banda criminal, sin que ello signifique que no estén también intimidando y agrediendo a la población al estilo de las Auc.

Dado el carácter dinámico y diverso de los grupos emergentes y sus vínculos profundos con el narcotráfico, que también abarcan a las guerrillas, parece de vital importancia que el Gobierno y el Estado colombianos elaboren una respuesta integral al problema.

Perseguir a las "bandas criminales" no es suficiente. Es importante que se plantee la pregunta acerca del cambio y la continuidad del paramilitarismo en medio de la continuación del conflicto y el narcotráfico. Las soluciones eficaces se darán en función de una respuesta adecuada a esta pregunta fundamental.

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