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Recoger los platos rotos luego del frustrado levantamiento en Venezuela
Recoger los platos rotos luego del frustrado levantamiento en Venezuela
An opposition demonstrator waves a Venezuelan national flag during clashes with soldiers loyal to Venezuelan President Nicolas Maduro April 30 2019 Federico PARRA / AFP

Recoger los platos rotos luego del frustrado levantamiento en Venezuela

Un alzamiento fallido dirigido por el presidente de la Asamblea Nacional venezolana Juan Guaidó, ha animado al presidente Nicolás Maduro y profundizado el estancamiento político del país. Por difícil que sea, los actores extranjeros deberían continuar presionando a ambas partes para que formen un gabinete transicional, estabilicen la economía venezolana y lleven a cabo elecciones

Los hechos que sacudieron a Caracas el 30 de abril continúan envueltos en misterio, pero su impacto inmediato parece ser claro: polarizar aún más el pulso político y aumentar la posibilidad de una escalada violenta nacional o internacional. Los hechos empezaron con el dramático anuncio de los líderes de la oposición diciendo que el país entraba a la “fase final” de lo que llaman la “Operación Libertad”, dirigida a derrocar al presidente Nicolás Maduro. Posteriormente declararon que el esfuerzo contaba con el apoyo de militares de alto rango. Sin embargo desembocó en una revuelta fácil de someter y pobremente concebida que dejó al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó, a sus aliados regionales y a los EE. UU. malparados. Maduro y sus aliados nacionales y extranjeros bien pueden sentirse empoderados y animados, con pocos incentivos para dialogar con una oposición desorganizada e ineficaz.

Ese sería un error de cálculo. Las fuerzas de seguridad sometieron fácilmente el alzamiento, pero el hecho que siguiera a una serie de esfuerzos que se vienen presentando desde principio de año para aislar, desestabilizar y dividir al gobierno resalta no solo la inhabilidad de la oposición de expulsar a Maduro sino también la impotencia del gobierno para sofocar a sus enemigos políticos. Aunque los diálogos entre dos partes profundamente polarizadas y sus respectivos aliados extranjeros parezcan poco probables, el estancamiento en el que se encuentran, el alto costo que sufre el pueblo venezolano y el riesgo de un escalada violenta nacional o internacional hacen que la estabilidad del país siga dependiendo de un acuerdo negociado.

Oficiales norteamericanos también han sugerido, sin ofrecer pruebas, que varios altos oficiales habían prometido desertar, pero no lo hicieron.

La naturaleza caótica del levantamiento tiene varias posibles explicaciones. La oposición adelantó un día los planes (ya había manifestaciones masivas programadas para el 1° de mayo), perjudicando sus posibilidades. Oficiales norteamericanos también han sugerido, sin ofrecer pruebas, que varios altos oficiales habían prometido desertar, pero no lo hicieron. La claridad sobre la razón real tendrá que esperar.

Para Maduro y sus aliados, entre los cuales EE. UU. destacó a Cuba pero también a Rusia, este fue un giro de eventos triunfal. Al final, las manifestaciones fueron pequeñas y fácilmente dispersadas por las fuerzas de seguridad. Además, se hizo evidente casi en seguida que solo algunos soldados de bajo rango se habían separado del gobierno. Al llegar el final del día, el prisionero político más famoso del país, Leopoldo López, quien había salido de su arresto domiciliario para liderar las protestas, fue obligado a buscar refugio en la residencia del Embajador español. Maduro, quien permaneció detrás de bambalinas durante toda la jornada, apareció para declarar la victoria y burlarse de las declaraciones del secretario de Estado Mike Pompeo, quien afirmó que él había estado listo para irse al exilio, siendo disuadido por el gobierno ruso.

Pero los problemas que han plagado el gobierno están lejos de ser resueltos. A pesar de su fracaso, Guaidó continúa siendo el presidente legítimo del país a los ojos de varias docenas de países, incluyendo a EE. UU., la mayoría de los países de América Latina y de los estados miembros de la UE. Su estatura bien puede disminuirse debido al triste resultado, pero ha logrado unir a la fraccionada oposición y galvanizar el apoyo popular. A pesar de su éxito, Maduro aún enfrenta el aislamiento diplomático, una economía colapsada y un régimen de sanciones que ha limitado severamente la habilidad de Venezuela de exportar su menguante producción de petróleo, de la que dependen casi todas sus ganancias en moneda extranjera. Tras años de declive económico, más de un décimo de su población ha huido del país y la ONU estima que 7 millones de personas necesitan ayuda humanitaria.

La clara lección de los eventos del 30 de abril es que no puede haber una solución en la que el “ganador se lleva todo” en Venezuela. El gobierno permanece en control de las fuerzas de seguridad, la autoridad electoral y la corte suprema, pero no puede reparar la economía sin un acuerdo político que permita que las sanciones sean levantadas y que un competente equipo de tecnócratas empiecen a implementar un plan de recuperación. Tampoco puede silenciar el disenso público, excepto a través de la represión. La oposición aún puede contar con los devastadores efectos de las sanciones, la amenaza de la intervención militar de EE. UU. (hecha más expresa que nunca por el secretario Pompeo) y la creencia que las fuerzas armadas finalmente forzarán la salida de Maduro. Pero no hay evidencia de que las sanciones derribarán al gobierno, intentos repetidos de atraer a los militares han fallado, y la intervención armada externa aun es vista como una posibilidad remota que, si se emplea, casi con toda seguridad alimentaría una mayor inestabilidad al desencadenar un conflicto prolongado con grupos armados y milicias progubernamentales.

Como Crisis Group siempre ha argumentado, la mejor manera de avanzar radica en las negociaciones entre los chavistas y la oposición.

Como Crisis Group siempre ha argumentado, la mejor manera de avanzar radica en las  negociaciones entre los chavistas y la oposición. Es cierto que las rondas previas de conversaciones han dejado decepcionada a la oposición, muchos de cuyos miembros están convencidos de que el gobierno no tiene intención de comprometerse y que solo utiliza las conversaciones para comprar tiempo, ahondar las divisiones entre sus enemigos y dispersar las protestas masivas. Incluso los líderes opositores que en privado aceptan la necesidad de estos diálogos temen ser tildados de “colaboracionistas” por miembros del ala dura de sus partidos.

En otras palabras, dejados a sus propios medios, es poco probable que ambas partes lleguen a un acuerdo factible. La responsabilidad recae en los actores externos quienes, lamentablemente, han estado tan divididos como los venezolanos. Los países cercanos a Guaidó, aquellos que apoyan a Maduro y los que están en el medio deberían aprovechar este momento para dejar de lado cualquier posición maximalista y empujar a sus respectivos aliados a hacer concesiones. Eso requeriría que EE. UU. y sus aliados de América Latina descarten cualquier sugerencia de intervención militar y abandonen la demanda de que Maduro renuncie inmediatamente. Por otro lado, Rusia, China y Cuba deberían aceptar la necesidad de que Maduro inicie un proceso que lleve a unas elecciones presidenciales creíbles y monitoreadas internacionalmente. Requeriría además que todas las partes presionen por lo siguiente:

  • Formación de un gabinete de transición que incluya representantes del chavismo y la oposición, centrado en la estabilización económica, asistencia humanitaria, seguridad interna y reforma institucional; idealmente, ni Maduro ni Guaidó ocuparían la presidencia durante este periodo, aunque un acuerdo en este punto no puede ser una precondición para que las negociaciones comiencen;
  • Garantías para los militares en la forma de un marco claro para su futuro rol;
  • Elecciones presidenciales bajo una comisión electoral reformada y con observación internacional

El Grupo Internacional de Contacto liderado por la UE podría ayudar a impulsar este proceso a través de su diplomacia discreta.

Lo más probable es que Maduro sienta que ganó esta ronda y crea que tiene poca necesidad de hacer concesiones. La oposición, más débil que hace un par de meses, es posible que sea más cautelosa que nunca con las negociaciones. Si sus aliados externos apoyan estas posturas, nadie debería albergar esperanzas de una solución acordada entre las partes. Pero entonces, todos deberán estar preparados para vivir con un estancamiento más profundo, un costo humanitario creciente y una muy real posibilidad de confrontación armada interna o incluso una intervención militar externa. No debería ser una decisión difícil de tomar.

A man walks in front of a graffiti reading "peace" in Caracas after a day of violent clashes spurred by opposition leader Juan Guaido's call on the military to rise up against President Nicolas Maduro. 1 May 2019. Matias Delacroix / AFP

Un rayo de luz en la ensombrecida Venezuela

A discreet Norwegian diplomatic effort represents the best hope for breaking Venezuela's political deadlock. To stop the country’s slide into humanitarian and economic catastrophe, pragmatic backers of both government and opposition should put aside empty hopes of outright victory and support a negotiated settlement.
 

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¿Qué hay de nuevo? Tras el fracaso del intento de la oposición de derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro en abril, un discreto esfuerzo diplomático por parte de Noruega ahora ofrece las mejores perspectivas para hallar una solución pacífica y negociada a la crisis política en el país y prevenir mayor violencia e inestabilidad.

¿Por qué importa? La economía de Venezuela está cayendo en picada, la infraestructura se está derrumbando, y millones de personas han huido. Si no se logra una solución negociada, el riesgo de violencia aumentará y amenazará con desbordarse a la región. Se ha abierto una pequeña ventana de oportunidad, pero podría cerrarse en cualquier momento.

¿Qué se debería hacer? Los más pragmáticos de ambos bandos deberían aprovechar esta fugaz oportunidad para buscar una solución de compromiso que incluya unas elecciones anticipadas, libres, justas y supervisadas por la comunidad internacional, así como garantías contra un resultado que arrase con alguna de las partes. Los aliados externos del gobierno y la oposición, junto con actores internacionales más neutrales, deberían respaldar estos esfuerzos y coordinar su apoyo a los mismos.

Resumen ejecutivo

El fracaso del intento de la oposición venezolana de derrocar al presidente Nicolás Maduro el 30 de abril presenta una fugaz oportunidad para alcanzar una solución negociada a la onerosa crisis política y económica del país. El levantamiento terminó ignominiosamente, ya que ninguna unidad militar respaldó a Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional cuya declaración como presidente interino el 23 de enero ha sido reconocida por decenas de países. Este fracaso truncó las esperanzas de la oposición y sus partidarios extranjeros de lograr una rápida victoria. Pero los eventos del 30 de abril también sacudieron al gobierno, que ya estaba sufriendo los efectos de las catastróficas condiciones económicas, pues expusieron graves brechas internas. Dado que las encuestas sugieren que la mayoría de los venezolanos apoyan una solución pacífica, y que hay una renovada atención internacional a la crisis, las negociaciones mediadas por Noruega ofrecen la mejor (aunque tenue) posibilidad de llegar a una solución. Para lograrlo, los elementos más pragmáticos de ambos bandos deben demostrar su voluntad de compromiso; los potenciales saboteadores nacionales deben ser neutralizados; y los actores internacionales profundamente polarizados deben mostrar flexibilidad y apoyar plenamente la iniciativa de Noruega.

La crisis de Venezuela ha alcanzado proporciones épicas. Su economía hiperinflacionaria está cayendo en picada; a finales de mayo, el Banco Central admitió que el PIB se había contraído en casi un 48 por ciento entre 2013 y 2018, y que el año pasado la inflación superó el 130.000 por ciento. Las estimaciones independientes son aún más pesimistas. Las repercusiones externas son igualmente catastróficas: Colombia y otros países latinoamericanos tienen que lidiar con el grueso de un éxodo migratorio que hasta la fecha suma cuatro millones de venezolanos. Lo peor aún podría estar por llegar. Con abundancia de armas, el país alberga además numerosos grupos armados, entre ellos paramilitares conocidos popularmente como colectivos, bandas de crimen organizado y guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), lo que plantea la posibilidad de un sangriento conflicto interno si no se logra un acuerdo político.

En este momento, ninguna de las partes tiene motivos para sentirse confiada. Los pronósticos de una salida anticipada de Maduro demostraron ser sumamente prematuros, y los continuos esfuerzos por persuadir a las fuerzas armadas de abandonar al gobierno fracasaron. A medida que pase el tiempo, la oposición se verá cada vez más castigada por la creciente impaciencia de la población y las recurrentes fisuras internas. Si bien esto complacería al gobierno y sus simpatizantes, conocidos como chavistas, también ellos están bajo presión. Continúan siendo sumamente impopulares, están afectados por el peso de las arrolladoras sanciones de EE. UU., que incluyen el intento de bloquear los ingresos provenientes del petróleo de Venezuela, y el 30 de abril descubrieron que importantes figuras del gobierno habían estado conspirando con la oposición.

Los aliados externos de ambas partes apenas pueden ser más optimistas. Para la Administración Trump, los eventos del 30 de abril deben haber sido una importante llamada de atención que expuso la distancia entre las expectativas y la realidad. Sin duda, otros actores vinculados a la oposición se sienten igualmente desilusionados, y los actores regionales están cada vez más preocupados por los riesgos de una crisis prolongada. Por más que a Rusia, China y Cuba, los principales aliados del gobierno, les haya complacido el fracaso del levantamiento, no pueden hacerse ilusiones de que la crisis se pueda resolver sin una solución negociada. Sin duda, recuperar su inversión económica en Venezuela requerirá un nuevo gobierno y el fin de las sanciones.

En resumen, el proceso de Oslo–que ya estaba en marcha antes del 30 de abril y ha pasado por tres rondas de negociaciones desde entonces– ha llegado en el momento justo. Que las partes estén o no plenamente conscientes de esto es otra cuestión. De hecho, ambas parecen creer que el tiempo está a su favor. Para el gobierno, cada día que sigue aferrado al poder constituye una victoria; para la oposición, cada día que el gobierno demuestra su incapacidad de resolver la crisis o salir de su aislamiento es un éxito. Sus posturas se mantienen muy alejadas, en particular sobre la cuestión de si Maduro debería renunciar, y en qué momento; el momento oportuno y las condiciones de unas nuevas elecciones; y la cuestión del levantamiento de las sanciones de EE. UU. La oposición se muestra muy escéptica respecto a la buena voluntad del gobierno. El gobierno teme que la oposición busque eliminar al chavismo. El pasado también pesa notablemente: desde el 2014, tres intentos anteriores de diálogo nacional se han visto frustrados por las diferencias políticas, la falta de voluntad del gobierno de hacer o implementar alguna concesión importante, y la falta de unidad de la oposición. Las facciones más radicales de ambas partes están observando la situación muy de cerca.

Alcanzar un acuerdo en Barbados requerirá superar objeciones de actores que no se encuentran en Barbados.

Aún así, el colapso económico y humanitario sin precedentes de Venezuela, sumado a la sensación que muchos comparten de que ninguno de los bandos puede ganar y la violencia podría dispararse, ha favorecido cierto pragmatismo entre algunos elementos de ambos bandos. En el escenario internacional, aún polarizado, también hay tenues indicios, si bien no exactamente de convergencia, sí de una menor divergencia. El Grupo Internacional de Contacto para Venezuela, presidido conjuntamente por la Unión Europea y Uruguay, está forjando apoyo global para una solución negociada que culmine en unas nuevas elecciones, y viene entablando conversaciones con países latinoamericanos opuestos a Maduro, así como regímenes aliados como China, Cuba y Rusia. Washington, por su parte, continúa haciendo declaraciones peligrosas sobre la posibilidad de una intervención militar, mientras que los aliados del régimen profesan su apoyo a las negociaciones.

Los elementos de un posible acuerdo se pueden dividir en tres categorías. La primera consiste de medidas de fomento de la confianza que se deben implementar antes de las elecciones y podrían incluir, por parte del gobierno, liberar a los presos políticos, permitir el retorno de los exiliados políticos, desmantelar la Asamblea Nacional Constituyente controlada por los chavistas y restaurar algunos de los poderes de la Asamblea Nacional controlada por la oposición. Por parte de la oposición, apoyar el envío de ayuda para afrontar las cuestiones humanitarias más urgentes provocadas por las sanciones. Una segunda fase conllevaría medidas electorales para garantizar igualdad de condiciones, entre ellas reconstituir un Consejo Nacional Electoral imparcial, reformar el Tribunal Supremo de Justicia, inscribir a la diáspora venezolana en los registros electorales y, algo de vital importancia para el chavismo, levantar al menos algunas de las más importantes sanciones de los EE. UU.

Finalmente, un tercer paquete estaría compuesto de garantías postelectorales, entre ellas acuerdos de distribución del poder y otras medidas para garantizar que el sistema no favorezca desproporcionadamente a alguna de las partes. Algunas de las posibles medidas incluyen restablecer la representación proporcional en las elecciones legislativas, volver a introducir límites al mandato presidencial, y reinstaurar una cámara alta que proporcione controles y contrapesos, junto con garantías de que los chavistas no serán perseguidos o marginados si pierden el poder, y de que la institución militar permanecerá intacta y sus intereses protegidos.

Al momento de redactar este informe está en marcha una tercera reunión en Barbados, pero Guaidó está bajo la presión de ciertos elementos escépticos del ala dura opositora, que insisten que Maduro debe irse antes del comienzo de las negociaciones. Esta postura es insostenible, pero el gobierno (que puso en marcha una represión generalizada después del 30 de abril, arrestando al vicepresidente de la Asamblea Nacional y obligando a muchos diputados a ocultarse o huir al anunciar la suspensión de su inmunidad parlamentaria) no ha hecho mucho para favorecer la flexibilidad del lado opositor. La liberación de varias decenas de presos políticos en respuesta a la visita de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Michelle Bachelet del 19 al 21 de junio estuvo acompañada de nuevos arrestos. Posteriormente, el 29 de junio un oficial naval que se encontraba detenido murió tras ser interrogado por la contrainteligencia militar.

Alcanzar un acuerdo en Barbados requerirá no solo pactar sobre los elementos esbozados anteriormente, sino también superar objeciones de actores que no se encuentran en Barbados: los extremistas (del lado del gobierno, aquellos que temen perderlo todo si el poder cambia de manos, o del lado opositor, aquellos que ven las negociaciones como una estratagema por parte de un gobierno autocrático al borde del colapso para ganar tiempo); EE. UU. (algunas de cuyas duras sanciones tendrán que ser levantadas de cara a las elecciones); Cuba (a la cual EE. UU. acusa de desempeñar un papel clave en sostener a Maduro); y las fuerzas armadas de Venezuela (que querrán mantener sus considerables intereses económicos e institucionales).

Venezuela ha experimentado suficientes salidas en falso en anteriores negociaciones como para justificar el alto grado de escepticismo acerca del resultado. Pero las condiciones para llegar a un acuerdo son más propicias que nunca. Para ayudar a alcanzarlo, la población venezolana debería presionar a sus líderes y darles el espacio político necesario para el compromiso, mientras que los actores externos deberían buscar coordinar sus posturas a favor de los esfuerzos de Noruega. Sin un acuerdo, el riesgo es que la actual situación política se enquiste mientras las condiciones humanitarias se deterioran y los flujos migratorios aumentan, o aún peor, que se desate un conflicto violento generalizado. Barbados representa la mejor esperanza para el país, y esta ventana podría no permanecer abierta por mucho más tiempo.

Usa nuestra línea de tiempo interactiva para identificar los acontecimientos más importantes de la crisis venezolana desde enero de 2019. 

Introducción

El estancamiento político está exacerbando los ya graves problemas socioeconómicos de Venezuela. A seis meses del comienzo de una campaña liderada por una oposición renovada y apoyada por numerosos gobiernos extranjeros para derrocar al presidente Nicolás Maduro, desencadenar una transición política y celebrar nuevas elecciones presidenciales, ninguna de las partes puede atribuirse una victoria. El gobierno sigue afianzado en el poder, aunque falto de recursos y con escaso apoyo popular. Los repetidos esfuerzos de la oposición para distanciar a las fuerzas armadas del gobierno y provocar divisiones en el régimen chavista (así llamado en honor a su fundador, el fallecido presidente Hugo Chávez) hasta ahora han fracasado, en especial el fallido levantamiento del 30 de abril[fn]Véase a continuación, Sección II.Hide Footnote . En este sombrío horizonte, el creciente consenso internacional sobre la necesidad de una solución negociada y el comienzo de las negociaciones mediadas por Noruega son dos bienvenidos rayos de luz[fn]La división de Paz y Reconciliación del Ministerio de Asuntos Exteriores noruego dialogó con cada parte por separado durante varios meses antes de invitarlas a Noruega a continuar el proceso, que debía haber sido confidencial. Sin embargo, a mediados de mayo se filtró la existencia de las negociaciones, lo que provocó duras críticas dentro de las filas opositoras. Entrevistas de Crisis Group, analistas y periodistas venezolanos, Caracas, mayo de 2019. El gobierno noruego confirmó su participación en lo que describió como un proceso “exploratorio”, mientras que Guaidó dijo en un comunicado del 29 de mayo que la oposición seguía insistiendo en que Maduro debía renunciar antes de que se celebraran las negociaciones. Tras una segunda ronda a finales de mayo, las negociaciones se suspendieron debido a la insistencia de la oposición acerca de este punto. Alex Vasquez y Andrew Rosati, “Venezuela Talks in Oslo Hinge on Maduro Accepting a New Vote”, Bloomberg, 23 de mayo de 2019. Guaidó suspendió temporalmente la participación de la oposición en una tercera sesión a principios de julio tras la muerte bajo custodia de un preso político el 29 de junio. Entrevistas de Crisis Group, diplomáticos europeos, junio de 2019. Astolfo Villaroel, “Guaidó suspende diálogo con representantes del régimen tras la muerte del Capitán Arévalo”, Punto de Corte, 1 de julio de 2019.Hide Footnote .

En cierto sentido, ambas partes sienten que el tiempo juega su favor. El gobierno cree que gana cada día que se aferra al poder; asume que a medida que pase el tiempo la oposición, notoriamente dividida, se fracturará, su relativa impotencia se hará más evidente, y los venezolanos la culparán cada vez más por las dificultades económicas experimentadas a raíz de las sanciones promovidas por Juan Guaidó[fn]Entrevista de Crisis Group, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, Caracas, 8 de febrero de 2019.Hide Footnote . Igualmente, a ojos de la oposición, a medida que las sanciones se hagan sentir más duramente y la economía se desmorone aún más, ciertos elementos del régimen, despojados de recursos e internacionalmente aislados, se volverán contra Maduro[fn]Entrevista de Crisis Group, asesor de la dirección de la oposición, Caracas, 8 de mayo de 2019.Hide Footnote . Pero claramente el tiempo no está a favor del ciudadano común. La mayoría de la población, que lucha por sobrevivir en medio del colapso económico, prefiere una solución pacífica[fn]En una encuesta realizada en mayo por la Mesa de Análisis Coyuntural del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, el 48,6% prefería una solución electoral, el 15,2% un acuerdo entre el gobierno y la oposición, y el 21,4% una intervención liderada por EE. UU.Hide Footnote .

Este informe busca identificar las líneas generales de un posible acuerdo entre el gobierno y la oposición, así como los obstáculos en el camino, posibles maneras de superarlos, y el riesgo de violencia si no se logra llegar a un acuerdo entre las partes. Está basado en numerosas entrevistas con líderes del gobierno y opositores, diplomáticos extranjeros y miembros de la sociedad civil venezolana.

¿Falso amanecer, nuevas esperanzas?

Desde que Juan Guaidó anunció que asumiría la presidencia interina el pasado 23 de enero, el liderazgo opositor ha buscado repetidamente provocar una escisión entre las fuerzas armadas y el gobierno de Maduro. El 23 de febrero, por ejemplo, intentó usar la ayuda humanitaria almacenada en las fronteras con Colombia y Brasil para tal fin, insistiendo que ésta cruzaría la frontera a Venezuela a pesar de la negativa del gobierno a aceptarla. Pese a la deserción de veintenas de soldados de bajo rango y agentes policiales en la frontera colombiana, los militares en su conjunto permanecieron indiferentes y la ayuda se quedó donde estaba[fn]Nelson Bocanegra, “Venezuelan military deserters willing to return to fight Maduro”, Reuters, 25 de febrero de 2019. Parte de la ayuda se quemó cuando un camión se incendió en medio de enfrentamientos entre simpatizantes de la oposición y fuerzas gubernamentales en la frontera colombiana. La oposición insistió en que el incendio había sido causado por proyectiles disparados desde el lado venezolano, pero posteriores informes de prensa indicaron que la causa más probable era un accidente con un cóctel molotov lanzado por un manifestante. Nicholas Casey, Cristoph Koettl y Deborah Acosta, “Footage Contradicts U.S. Claim that Nicolás Maduro Burned Aid Convoy”, New York Times, 10 de marzo de 2019.Hide Footnote . Posteriormente, el 6 de abril Guaidó anunció que el 1 de mayo se celebrarían “las marchas más grandes de la historia de Venezuela” desencadenando la fase final de la “Operación Libertad”. Pero la jugada se vino abajo cuando el plan de dar un golpe de palacio programado para después de las elecciones se adelantó y terminó en colapso y confusión. El fracaso de estas diversas iniciativas para poner fin al estancamiento político ha generado una creciente convergencia internacional en torno a la necesidad de un acuerdo negociado.

Un levantamiento que se desvaneció

El 30 de abril, el país amaneció ante lo que a muchos en un primer momento les pareció el desenlace de la crisis de Venezuela. A primera hora, Juan Guaidó anunció en las redes sociales que ciertos elementos militares habían “comenzado a sumarse a la causa”, e instó a sus simpatizantes a acompañarlo a la base aérea militar de La Carlota al este de Caracas. A su lado estaba el preso político más famoso del país, Leopoldo López, líder del partido de Guaidó, Voluntad Popular, quien había sido liberado de su arresto domiciliario antes del amanecer por orden del general a cargo de la policía de seguridad del Estado (conocida como Sebin)[fn]El general Manuel Cristopher se ocultó tras la liberación de López, pero antes publicó una carta en la que criticaba a Maduro. Daniela Henao Cardozo, “Carta de Manuel Ricardo Cristopher, destituido por Maduro como director del Sebin”, LAFM Noticias, 1 de mayo de 2019. Maduro posteriormente acusó a Cristopher de ser un “topo” de la CIA. A finales de junio, tras más de dos meses en Colombia, el general salió a la luz en EE. UU. “Maduro: Manuel Cristopher Figuera trabajaba para la CIA desde hace m de un año”, Tal Cual, 10 de mayo de 2019; Antony Faiola, “Maduro’s ex-spy chief lands in U.S. with allegations against Venezuelan government”, Washington Post, 24 de junio de 2019.Hide Footnote . También los acompañaban varios soldados uniformados de bajo rango, quienes más tarde se supo, pertenecían a un destacamento de la Guardia Nacional a cargo de garantizar la seguridad parlamentaria.

Al cabo de una o dos horas se hizo evidente para quienes estaban allí que el plan se estaba desmoronando. La base aérea no estaba bajo control de los rebeldes, y el puñado de agentes del Sebin que habían estado presentes pronto desaparecieron, seguidos de los vehículos armados de la Guardia. A las 8 a.m., los soldados restantes ya estaban pidiendo ayuda nerviosamente para conseguir asilo diplomático[fn]Entrevista de Crisis Group, participante en los eventos del 30 de abril, mayo de 2019.Hide Footnote . Los manifestantes opositores, sometidos a descargas de gas lacrimógeno, asaltados por vehículos armados antidisturbios y escuchando ráfagas de fuego, se replegaron a una plaza cercana, y poco después Guaidó y López fueron obligados a abandonar las calles, terminando este último en la residencia del embajador español.

El gobierno y la oposición tenían muchos motivos para asistir a las dos rondas celebradas en Oslo a mediados y finales de mayo.

Incluso antes de que se hubiera calmado el estruendo, los funcionarios estadounidenses ya estaban afirmando que el plan había estado a punto de lograr sus objetivos, y que entre los conspiradores había figuras de alto rango del gobierno comprometidas con una transición política. El asesor de Seguridad Nacional de EE. UU. John Bolton y el secretario de Estado Mike Pompeo nombraron al ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino López, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia Maikel Moreno, y el jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el general Iván Hernández Dala, como cómplices del complot. Maduro, afirmó Pompeo, había estado a punto de abordar un avión para salir del país, y solo fue disuadido por la intervención de Rusia en el último momento[fn]“Maduro was ready to leave Venezuela but Russia convinced him to reverse course”, Reuters, 30 de abril de 2019. Los funcionarios rusos negaron tajantemente cualquier participación. “Russia says U.S. claim it told Maduro not to flee is part of ‘information war’”, Reuters, 1 de mayo de 2019.Hide Footnote .

Los acontecimientos del 30 de abril fueron un impactante revés para la oposición. Pero no necesariamente fueron un triunfo para el gobierno, y en cierto sentido lo sucedido validó ciertos aspectos de las suposiciones de ambas partes. El gobierno cree que la oposición se ha visto considerablemente debilitada por el colapso de su intento de tomar el poder, al aparecer desorganizada, desunida e impotente; por su parte, la oposición ve indicios de fragmentación del gobierno en la supuesta participación de importantes figuras del régimen en la trama contra Maduro. El presidente no puede dormir tranquilo sabiendo que algunos de sus más estrechos colaboradores aparentemente estaban dispuestos a cambiar de bando[fn]Entrevista de Crisis Group, periodista venezolano, Caracas, mayo de 2019.Hide Footnote .

En este contexto se supo que Noruega había organizado negociaciones privadas entre los bandos rivales. El gobierno y la oposición tenían muchos motivos para asistir a las dos rondas celebradas en Oslo a mediados y finales de mayo. Podría haberse tratado de otra de las tácticas dilatorias del gobierno, y la oposición podría no haber querido ser vista como obstruccionista y opuesta a las negociaciones. Aún así, su decisión de asistir probablemente también refleja el sentimiento de al menos algunos en ambos bandos de que un acuerdo será necesario para sacar a Venezuela de su grave crisis económica y humanitaria. Las voces pragmáticas del chavismo y la oposición insisten en la importancia y fragilidad de las negociaciones de Oslo, así como en la necesidad de reforzar el apoyo nacional e internacional al proceso[fn]Entrevistas de Crisis Group, varios lugares, mayo de 2019.Hide Footnote .

Creciente apoyo internacional a las negociaciones

En las etapas iniciales del plan de la oposición respaldado por EE. UU. para derrocar a Maduro, escaseaba el apoyo hacia una nueva ronda de negociaciones con el gobierno que muchos temían resultarían improductivas. Washington y sus aliados en la oposición venezolana insistían en que los únicos temas sobre la mesa eran la renuncia de Maduro, el fin de su “usurpación” del poder, y la presidencia interina de Guaidó seguida de unas elecciones anticipadas. Estaban convencidos de que no se podrían celebrar elecciones bajo la presidencia de Maduro, la cual consideraban ilegítima[fn]Elliott Abrams First State Department Briefing on Venezuela, 7 de febrero de 2019. Algunos de los puntos clave fueron: “El tiempo para el diálogo con Maduro ya pasó hace mucho”; EE. UU. nunca ha estado interesado en unirse al Grupo de Contacto “porque no creemos que ese sea el camino a seguir”. “Guaidó afirmó que no se prestará para ‘falsos diálogos’ con el Gobierno de Maduro”, El Cooperante, 25 de enero de 2019.Hide Footnote . En este sentido, contaban con el respaldo, en diversos grados, de las catorce naciones del hemisferio occidental que conforman el “Grupo de Lima”, y especialmente de los nuevos gobiernos de derecha de Iván Duque en Colombia y Jair Bolsonaro en Brasil[fn]El Grupo de Lima de catorce (inicialmente doce) naciones se formó en agosto de 2017 en respuesta al repetido fracaso de la Organización de Estados Americanos de lograr un consenso sobre cómo hacer frente a la crisis en Venezuela. Entre sus miembros están Canadá y todas las principales naciones latinoamericanas. Desde que Guaidó asumió la “presidencia interina”, Julio Borges le ha representado en las reuniones del Grupo.Hide Footnote .

No todos los gobiernos de la región se oponían a un acuerdo negociado entre Maduro y la oposición[fn]Para más detalles sobre estas iniciativas, véase el Informe Breve de Crisis Group sobre América Latina N°38, Una salida al impasse de América Latina en torno a Venezuela, 15 de mayo de 2019.Hide Footnote . México, si bien sigue siendo miembro del Grupo de Lima, ha adoptado una postura muy diferente bajo su nuevo presidente de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, creando junto con Uruguay el llamado Mecanismo de Montevideo. Su propuesta era un proceso de cuatro etapas compuesto de diálogo, negociaciones sin precondiciones, compromisos e implementación. Los quince miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM) posteriormente firmaron el Mecanismo, pero a pesar de haber desempeñado un papel en la planificación inicial, Uruguay finalmente optó por copresidir una iniciativa diferente – el Grupo Internacional de Contacto (GIC) establecido por la Unión Europea[fn]Si bien la mayoría de los Estados miembros de la UE reconocieron el gobierno interino de Guaidó, ni la propia UE, ni Uruguay, copresidente del GIG, lo hicieron.Hide Footnote . El mandato del GIC exige unas nuevas elecciones, pero insiste en la necesidad de un acuerdo político previo entre ambas partes[fn]También ha quedado claro que no considera que su papel sea el de mediador. Véase por ejemplo, “Venezuela: Statement from the Ministerial Meeting of the International Contact Group”, European External Action Service, 7 de mayo de 2019.Hide Footnote .

Mientras, los aliados del gobierno de Maduro, incluidos Rusia, China y Cuba, condenaron la injerencia externa en Venezuela y cuestionaron la necesidad de unas nuevas elecciones presidenciales, señalando que consideraban a Maduro el legítimo jefe de Estado. Al mismo tiempo, diplomáticos de estos tres países se manifestaron claramente a favor de una solución negociada[fn]Entrevistas de Crisis Group, embajador ruso, Caracas, 20 de marzo de 2019; diplomático ruso, Bogotá, 13 de junio de 2019; “Cuba apoyará toda iniciativa de diálogo entre gobierno y oposición venezolana”, EFE, 27 de mayo de 2019.Hide Footnote .

A medida que la crisis se ha prolongado, la emergencia humanitaria se ha agravado y las esperanzas de EE. UU. de que Maduro fuera rápidamente derrocado se han desvanecido, ha ido surgiendo una creciente, aunque imperfecta convergencia entre varios actores externos. Tras el fracaso del intento de forzar el envío de ayuda humanitaria el 23 de febrero, ciertos líderes opositores reclamaron una intervención militar externa, pero el Grupo de Lima rechazó explícitamente esta opción[fn]Declaración del Grupo de Lima, 25 de febrero de 2019.Hide Footnote . El 26 de abril, el Grupo de Lima y los miembros del GIC, junto con México y EE. UU., celebraron una reunión informal en Washington para analizar posibles estrategias[fn]Entrevistas de Crisis Group, diplomáticos latinoamericanos y europeos, Caracas, 9 y 17 de mayo de 2019.Hide Footnote . Y el 3 de mayo, tras el fracaso del levantamiento, el Grupo de Lima convocó una “reunión urgente” con el GIC para “buscar la convergencia” en torno a la restauración de la democracia en Venezuela[fn]Declaración del Grupo de Lima, 3 de mayo de 2019 (punto 5).Hide Footnote . Esta reunión tuvo lugar en la sede de la ONU el 3 de junio y culminó en una declaración conjunta en la que ambos expresaron la necesidad de “una transición pacífica que culmine en unas elecciones libres y justas”, y de apoyar “todos los esfuerzos que se están desplegando para lograr este objetivo”[fn]European External Action Service, “Statement on the joint meeting of the Lima Group and the International Contact Group on the situation in Venezuela”, Nueva York, 3 de junio de 2019.Hide Footnote . La referencia a las negociaciones de Oslo fue indirecta pero clara: dichas negociaciones son actualmente el único foro conocido en el que ambos bandos participan –aunque sea de manera incierta– en algún tipo de negociación. Finalmente, a mediados de junio, Suecia celebró una reunión sobre Venezuela a la que acudieron, entre otros, representantes de Rusia y Cuba, así como del Vaticano y el recién nombrado asesor especial para Venezuela de la UE, Enrique Iglesias. Si bien no surgió nada concreto de la reunión, el hecho de que se celebrara indica que se está formando un consenso a favor de un acuerdo negociado[fn]Joshua Goodman y Aritz Parra, “Russia, other key powers discuss Venezuelan crisis in Sweden”, Associated Press, 13 de junio de 2019. A principios de junio, Perú anunció que había invitado a unos 100 países, incluidos Rusia, China, Cuba y EE. UU. a una conferencia en Lima el 6 de agosto para analizar cómo resolver la cuestión de Venezuela. Ni el gobierno de Maduro ni la oposición están invitados. “Peru to host international talks on Venezuela in Lima next month”, Reuters, 3 de julio de 2019.Hide Footnote .

Dichas negociaciones son actualmente el único foro conocido en el que ambos bandos participan.

En la medida en que las partes se están uniendo, lo están haciendo en torno al proceso de Oslo, respaldado por el GIC y apoyado implícitamente por el Grupo de Lima. Esto representa un dilema para la Administración Trump. En público, Washington sigue insistiendo en que la salida de Maduro debe preceder a unas negociaciones sustantivas, y afirma que no puede imaginar un desenlace en el que no se vaya pronto. No obstante, en privado algunos funcionarios admiten que las esperanzas de provocar un rápido “cambio de régimen” se han desvanecido y se necesita una verdadera transición. Casi sin duda esto significaría convencer a los elementos más pragmáticos del gobierno, tanto militares como civiles, de que se protegerán sus intereses, y acordar un plan de transición antes de la salida de Maduro[fn]Entrevista de Crisis Group, funcionario estadounidense, Washington, mayo de 2019.Hide Footnote . Se dice que el mismo Trump está cada vez más impaciente con aquellos asesores que prometieron un éxito rápido y estaría perdiendo interés en Venezuela[fn]Karen DeYoung y Josh Dawsey, “With Maduro entrenched in Venezuela, Trump loses patience and interest in issue, officials say,” Washington Post, 19 de junio de 2019.Hide Footnote . De hecho, EE. UU. no ha desalentado los esfuerzos de Noruega[fn]Entrevistas de Crisis Group, funcionarios estadounidenses, Washington, mayo-junio de 2019. El 22 de junio el representante especial de EE. UU. para Venezuela, Elliott Abrams se reunió con la delegación de Oslo de Guaidó en Washington.Hide Footnote . El GIC por su parte ha accedido a seguir trabajando más allá de su plazo original de 90 días, sujeto a revisiones periódicas.

Los aliados internacionales de Maduro han manifestado su apoyo hacia el Grupo de Contacto. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Geng Shuang, dijo el 8 de mayo que China “apreciaba mucho” la postura del GIC, señalando además que se oponía a una intervención militar[fn]“China will step up communication and work together in a constructive manner with the international community including the EU for the political settlement. This will serve the interests of the Venezuelan people and all parties”, Portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Geng Shuang, conferencia de prensa, 8 de mayo de 2019.Hide Footnote . Rusia todavía insiste en que no son necesarias unas nuevas elecciones, ya que Maduro fue reelegido el año pasado en unos comicios que consideran legítimos, pero apoya el diálogo. Ha manifestado su preferencia por el Mecanismo de Montevideo, aunque a finales de mayo Moscú ofreció su apoyo a la iniciativa noruega[fn]Entrevista de Crisis Group, embajador ruso, Caracas, 20 de marzo de 2019. “Russia says it is ready to play role in Venezuela crisis talks in Oslo”, Reuters, 27 de mayo de 2019. Kate de Pury y Vladimir Isachenkov, “AP interview: Russia hails Norway-brokered Venezuela talks”, Associated Press, 26 de junio de 2019.Hide Footnote . Asimismo, Cuba respalda oficialmente el diálogo y ha colaborado activamente con Canadá y la UE en torno a Venezuela, a pesar de que supuestamente rechazó de plano las demandas estadounidenses de que dejara de apoyar a Maduro o se enfrentaría a graves consecuencias[fn]Funcionarios estadounidenses dijeron a sus contrapartes cubanos que les esperaban más sanciones si mantenían su apoyo a Maduro – el cual Washington considera fundamental para su supervivencia. Cuba supuestamente desestimó la amenaza. EE. UU. afirma que hay unos 2500 asesores militares cubanos en Venezuela, buscando proteger a Maduro de un golpe. Entrevistas de Crisis Group, funcionarios estadounidenses, Washington, mayo-junio de 2019. Cuba ha rechazado la acusación, afirmando que sus ciudadanos en Venezuela son civiles brindando servicios de salud y otros. Entrevista de Crisis Group, funcionario cubano, junio de 2019. Zachary Fagensen, Matt Spetalnick y Lesley Wroughton, “Trump’s Cuba hawks try to squeeze Havana over Venezuela role”, Reuters, 17 de abril de 2019.Hide Footnote .

Uno de los acuerdos alcanzados por el Grupo de Lima y el GIC en su reunión del 3 de junio fue fomentar el “acercamiento a otros actores internacionales relevantes”[fn]Declaración del Grupo de Lima, 3 de junio de 2019.Hide Footnote . El nombramiento del exministro de Asuntos Exteriores de Uruguay y expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo Enrique Iglesias como asesor especial para Venezuela del GIC podría resultar útil en este sentido, dada su larga experiencia diplomática y amplia red de contactos internacionales[fn]“Federica Mogherini appoints Enrique Iglesias as Special Adviser for Venezuela”, comunicado de prensa del EEAS, 28 de mayo de 2019.Hide Footnote .

Oslo y los posibles contornos de un acuerdo
Las sucesivas rondas de diálogo entre el gobierno y la oposición a lo largo de los últimos cinco años, no han logrado un avance decisivo.

Las sucesivas rondas de diálogo entre el gobierno y la oposición a lo largo de los últimos cinco años, muchas de ellas facilitadas por actores internacionales –entre ellos el Vaticano, ministros de Asuntos Exteriores latinoamericanos, expresidentes y jefes de Estado– no han logrado un avance decisivo[fn]Véanse Informes sobre América Latina de Crisis Group N°59, Venezuela: diálogo a duras penas, 16 de diciembre de 2016, y N°65, Cómo detener la onda expansiva de la crisis en Venezuela, 21 de marzo de 2018.Hide Footnote . La existencia de la nueva iniciativa de Noruega se filtró a la prensa a mediados de mayo, tras meses de negociaciones privadas. La filtración (que la mayoría de los observadores atribuyen a la oposición) tuvo un costo[fn]Entrevistas de Crisis Group, observadores venezolanos y europeos, Caracas, capitales europeas, junio de 2019.Hide Footnote . Provocó tensiones dentro de la oposición, algunos de cuyos miembros rechazan la posibilidad de unas negociaciones sustantivas mientras Maduro siga en el poder. No obstante, hasta ahora no ha entorpecido el proceso.

Los principales obstáculos a un acuerdo son sustantivos. Con el respaldo de EE. UU. y decenas de otros países, Guaidó insiste que los comicios de mayo de 2018 en los que Maduro salió reelegido no fueron válidos, y que por lo tanto debe “poner fin a la usurpación” de la presidencia y renunciar[fn]El frecuentemente mencionado plan en tres fases de la oposición, se resume en: fin de la usurpación, gobierno transicional, elecciones libres. “Juan Guaidó se proclama presidente de Venezuela: el líder de la oposición detalla su hoja de ruta al tiempo que Maduro arremete contra él y EE. UU.”, BBC Mundo, 26 de enero de 2019.Hide Footnote . La oposición teme que las negociaciones sean otra estratagema del gobierno para perder tiempo mientras continua su represión en el país[fn]Tras el fracaso del levantamiento del 30 de abril, el gobierno ordenó la suspensión de la inmunidad parlamentaria de más de una docena de diputados. “Asciende a 14 la cifra de diputados perseguidos por la dupla TSJ y ANC en las últimas dos semanas”, Observatorio Parlamentario, Transparencia Venezuela, 14 de mayo de 2019. Muchos pasaron a la clandestinidad, huyeron del país o buscaron refugio en embajadas. También emprendió una depuración de las fuerzas armadas. Más recientemente, un grupo de militares, junto con dos miembros del organismo de investigación policial CICPC, fueron detenidos a mediados de junio, y el fiscal general Tarek W. Saab anunció que 14 individuos militares y civiles, estaban siendo investigados por conspiración. Uno de los arrestados, el capitán naval Rafael Acosta, murió una semana después, aparentemente tras ser torturado. Anatoly Kurmanaev, “Venezuelan Navy Captain Accused of Rebellion Dies After Signs of Torture”, New York Times, 29 de junio de 2019.Hide Footnote . El 7 de junio, Guaidó dijo que no se estaba contemplando una nueva ronda de negociaciones, ya que era “inútil” participar en un proceso que no llevara a la renuncia de Maduro[fn]“Venezuela’s Guaidó says no plans for further talks in Norway”, Reuters, 7 de junio de 2019.Hide Footnote . Si bien posteriormente las partes acordaron volver a reunirse, las sesiones fueron canceladas en el último momento tras la muerte bajo custodia de un detenido militar, supuestamente a causa de tortura (véase más adelante). El 7 de julio, el ministro de Asuntos Exteriores noruego dijo que ambas partes habían acordado reanudar las negociaciones “esta semana” en Barbados, y que las negociaciones procederían de forma “continua y expeditiva”[fn]Comunicado sobre Venezuela, Royal Norwegian Foreign Ministry, 7 de julio de 2019.Hide Footnote .

Por su parte, el gobierno afirma que las elecciones fueron legítimas, y por lo tanto se opone a unas elecciones anticipadas; sospecha que la oposición busca borrar al chavismo del mapa político y, una vez en el poder, perseguir a los chavistas. A sus ojos, el intento de levantamiento del 30 de abril es prueba de ello, al igual que el endurecimiento de las sanciones de EE. UU. El hecho de que las sanciones no puedan ser levantadas por la oposición, sino solo por una parte –la Administración Trump– que no está presente en Oslo disminuye aún más la fe del gobierno en el proceso[fn]Entrevistas de Crisis Group, representantes del gobierno y la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019.Hide Footnote .

Pese a estas evidentes brechas, parece haber espacio para el compromiso, al menos entre los elementos pragmáticos de ambos bandos. Para avanzar, deberían considerar tres paquetes de medidas: medidas preelectorales de fomento a la confianza; medidas para garantizar igualdad de condiciones y unas elecciones justas; y medidas para brindar tranquilidad a ambos bandos respecto a las consecuencias políticas de dichas elecciones.

Medidas preelectorales de fomento a la confianza

Para empezar, ambas partes deberían considerar tomar medidas para recuperar un mínimo de confianza. Por parte del gobierno, hay una amplia gama de posibles medidas: liberar a los presos políticos, que actualmente suman unos 700; permitir el retorno de los exiliados políticos; suspender la inhabilitación de líderes opositores; restablecer al menos algunos de los poderes de la Asamblea Nacional y poner fin al boicot por parte de diputados progubernamentales; y limitar las prerrogativas y la duración de la Asamblea Nacional Constituyente – un organismo unánimemente chavista elegido pese a una amplia oposición nacional e internacional en julio de 2017. En un momento de fuertes críticas desde las filas opositoras a la decisión de asistir a las negociaciones de Oslo, dichas medidas ayudarían de manera significativa a persuadir a los aliados de Guaidó de que es el camino más sensato.

Un avance potencialmente positivo fue la decisión del gobierno de permitir la visita al país de a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (UNHCHR), Michelle Bachelet, del 19 al 21 de junio. Esta visita estuvo precedida por la visita en marzo de investigadores de la organización, la primera investigación in situ de un organismo internacional de derechos humanos en casi 20 años. La organización está actualmente negociando su presencia permanente en el país[fn]“First UN Human Rights presence in Venezuela: Statement by UN High Commissioner for Human Rights Michelle Bachelet at the end of her visit to Venezuela”, 21 de junio de 2019. “Venezuela: ‘a worrying destabilising factor in the region’, Bachelet tells Human Rights Council”, UN News, 20 de marzo de 2019.Hide Footnote . El gobierno liberó a una veintena de presos de cara a la llegada de Bachelet; una semana después, 59 colombianos acusados de pertenecer a un grupo paramilitar que estaba planificando actos terroristas contra el gobierno y estaban detenidos desde 2016, fueron deportados a su país.

El gobierno y la oposición deberán acordar medidas para poner fin al actual enfoque que favorece desproporcionadamente a una parte.

Pero si bien la visita de Bachelet suscitó ciertas esperanzas, bien podrían ser efímeras. Para algunos opositores, la visita fue un impulso para el gobierno, un logro de relaciones públicas que no ha producido ningún cambio significativo. Incluso antes de que se fuera la Alta Comisionada, el gobierno comenzó a arrestar a militares y policías acusados de participar en un una conspiración golpista. El 29 de junio, uno de los detenidos –el oficial naval Rafael Acosta– murió bajo custodia. Su familia y abogados dicen que fue torturado hasta la muerte por la contrainteligencia militar (DGCIM)[fn]“Venezuela: outrage over navy captain’s death in custody”, BBC News, 1 de julio de 2019.Hide Footnote . La alta comisionada también publicó un duro e implacable informe que acusa al gobierno de “patrones de violaciones que afectan directa e indirectamente a todos los derechos humanos”, incluidos miles de asesinatos extrajudiciales; el gobierno inmediatamente lo rechazó como “selectivo y abiertamente sesgado”[fn]“Report of the United Nations High Commissioner for Human Rights on the situation of Human rights in the Bolivarian Republic of Venezuela”, 5 de julio de 2019. “Comentarios sobre errores de hecho del informe de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de derechos humanos de la República Bolivariana de Venezuela”, Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 4 de julio de 2019. Posiblemente en un intento de suavizar el impacto del informe, el gobierno liberó a otros 22 presos políticos. Alonso Moleiro, “Maduro intenta contrarrestar el informe de la ONU liberando a 22 presos”, El País, 5 de julio de 2019.Hide Footnote .

La oposición cuenta con menos opciones para fomentar la confianza. Dicho esto, sus líderes podrían dejar de aludir a la posibilidad de una intervención militar extranjera para derrocar a Maduro[fn]En una entrevista a fines de junio con James Menendez de la BBC, Guaidó dijo que la fuerza militar (nacional o extranjera) seguía siendo una opción para resolver la crisis. “Venezuela crisis: Military force still an option, says Guaidó”, BBC News, 26 de junio de 2019.Hide Footnote . Otra medida más controvertida sería instar a EE. UU. a que reduzca modestamente las sanciones para aliviar las consecuencias más graves de la crisis humanitaria que afecta al sistema de salud y los servicios públicos.

Elecciones libres, justas y anticipadas

Desde el punto de vista de la oposición, no puede haber un acuerdo sin unas elecciones presidenciales anticipadas libres, justas y supervisadas por la comunidad internacional. A tal fin, el gobierno deberá aceptar reformar y reequilibrar el Consejo Nacional Electoral (CNE), cuya junta actualmente está compuesta de cuatro chavistas y un miembro opositor; nombrar a nuevos magistrados al Tribunal Supremo de Justicia, cuyos actuales miembros partidarios del gobierno fueron nombrados mediante un procedimiento irregular a finales de 2015; suspender la inhabilitación de líderes opositores y volver a inscribir a sus partidos en el registro electoral; actualizar el registro electoral para incluir a la diáspora (que actualmente se estima en cuatro millones); y aceptar un amplio monitoreo internacional[fn]“Refugees and migrations from Venezuelan top 4 million: UNHCR and IOM”, UNHCR, 7 de junio de 2019.Hide Footnote . Dado que un cronograma realista para preparar unas elecciones probablemente se extendería más de un año, la votación podría celebrarse en 2020, coincidiendo tal vez con las elecciones parlamentarias actualmente previstas para diciembre de ese año[fn]Entrevista de Crisis Group, alto funcionario del CNE, Caracas, 7 de febrero de 2019.Hide Footnote .

Si bien el gobierno oficialmente continúa rechazando la idea de unas elecciones anticipadas, muchos chavistas tienen una visión más flexible. No solo reconocen que es la única vía para salir de la crisis y del creciente aislamiento de Venezuela, sino que además han concluido que un periodo de tiempo en la oposición –tras veinte años en el poder– podría ser necesario para restablecer su credibilidad y apoyo popular y así fomentar su futura suerte política[fn]Entrevistas de Crisis Group, chavistas, Caracas, mayo-junio de 2019.Hide Footnote . Pero también coinciden en que necesitan medidas para garantizar igualdad de condiciones, y en ese contexto afirman que unas elecciones celebradas mientras el país se encuentra bajo duras sanciones no pueden ser justas para el partido gobernante[fn]Entrevista de Crisis Group, alto funcionario del gobierno, Caracas, 5 de febrero de 2019.Hide Footnote . Como se analiza en mayor detalle a continuación, esto presenta un importante desafío, dada la actual postura de EE. UU. de que las sanciones solo se levantarán una vez que se haya completado la transición[fn]Algunos funcionarios han expresado su voluntad de considerar levantar algunas sanciones antes de las elecciones bajo las condiciones adecuadas. Entrevistas de Crisis Group, funcionarios estadounidenses, Washington, junio de 2019.Hide Footnote .

Garantías postelectorales

Para superar el conflicto político de Venezuela de manera estable y sostenible, el gobierno y la oposición deberán acordar medidas para poner fin al actual enfoque que favorece desproporcionadamente a una parte y garantizar el respeto de los derechos de quienes resulten derrotados en las urnas. También aquí hay una gama de posibles iniciativas: restablecer la representación proporcional en las elecciones legislativas, fortalecer los derechos de los partidos minoritarios en la Asamblea Nacional, reintroducir límites al mandato presidencial (eliminados bajo el entonces presidente Chávez), desarrollar un mecanismo para producir un Tribunal Supremo de Justicia más equilibrado y restablecer un cámara alta o Senado para reforzar los controles y contrapesos legislativos[fn]El artículo 63 de la Constitución consagra el principio de la representación proporcional. Sin embargo, una reforma de la Ley Orgánica de Procesos Electorales en 2009 introdujo un sistema híbrido en el que las mayorías están sobrerrepresentadas en órganos colegiados como la Asamblea Nacional. La Constitución originalmente permitía dos mandatos presidenciales consecutivos de seis años, pero los votantes aprobaron la eliminación de los límites al mandato en un referéndum convocado por Hugo Chávez en 2008. El Senado fue eliminado por la reforma constitucional de Chávez de 1999.Hide Footnote .

Para el gobierno y el movimiento chavista en general la amenaza de una derrota electoral es particularmente grave dada su actual impopularidad y el temor de un castigo político a manos de una oposición intensamente antichavista. Esto probablemente intensifique su renuencia a celebrar unas elecciones presidenciales anticipadas. Además de los pasos mencionados anteriormente, otras medidas podrían aliviar los temores chavistas, entre ellas promesas por parte de la oposición de que si ganan no revocarán los mandatos de los alcaldes y gobernadores de estados (abrumadoramente chavistas) antes de que finalicen en 2021, ni tampoco buscarán revocar el cargo de los jueces más allá de los actuales magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Algunas figuras opositoras han ido más lejos, planteando la posibilidad de ofrecer escaños vitalicios en el Senado –una vez que se restablezca– e inmunidad penal a unos pocos ex funcionarios de alto nivel a fin de tranquilizar a Maduro y algunos de sus aliados[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios del gobierno y la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019. Un precedente citado a menudo es la transición política de Chile que comenzó en 1989-90. La oposición acordó respetar la constitución redactada bajo el régimen militar de 1973-90, que incorporaba “enclaves autoritarios” como el nombramiento de senadores, un grado excepcional de autonomía para las fuerzas armadas y el mantenimiento del ex dictador general Augusto Pinochet como comandante en jefe. Pamela Constable y Arturo Valenzuela, “Chile’s Return to Democracy”, Foreign Affairs, invierno de 1989-90.Hide Footnote .

Representantes de ambos bandos descartaron la posibilidad de un gobierno de unidad nacional.

Asimismo, los chavistas también afirman que temen una caza de brujas postelectoral que amenazaría la supervivencia e integridad de su movimiento político[fn]Entrevista de Crisis Group, ex alto funcionario, Caracas, 20 de marzo de 2019.Hide Footnote . Buscan garantías de que no se prohibirá el movimiento ni se erradicará su legado, y de que la comunidad internacional reconocerá su victoria si es que finalmente prevalecen[fn]Entrevista de Crisis Group, académico y activista, Caracas, 19 de marzo de 2019. Un funcionario estadounidense afirmó que si un chavista ganara unas elecciones libres y justas, Washington aceptaría los resultados. Entrevista de Crisis Group, Washington, junio de 2019.Hide Footnote . Tales garantías deberían adoptar la forma de compromisos de la oposición (apoyados por garantías externas) de que no emprenderán una campaña judicial contra el chavismo ni proscribirán el Partido Socialista Unido de Venezuela, preservarán algunos programas sociales y mantendrán la economía mixta de Venezuela y el control soberano sobre sus recursos naturales.

Transición e implementación

Las partes deberán además ponerse de acuerdo sobre qué forma adoptaría un gobierno transicional cuyo mandato se limitaría a organizar elecciones e implementar políticas para aliviar la crisis económica y humanitaria. Idealmente, dicho organismo transicional conllevaría cierto grado de reparto de poder, aunque en entrevistas con Crisis Group representantes de ambos bandos descartaron la posibilidad de un gobierno de unidad nacional[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios del gobierno y la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019.Hide Footnote . Por el contrario, opinaron que (suponiendo que se resuelva la suerte de Maduro, la cual se analiza a continuación) un chavista más pragmático podría liderar un nuevo gobierno y nombrar por consenso con la oposición a funcionarios clave, como el fiscal general y el defensor del pueblo, así como tecnócratas capacitados en carteras económicas clave[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios del gobierno y la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019.Hide Footnote .

En caso de que ambas partes llegaran a un acuerdo, los elementos pragmáticos cercanos al gobierno y a la oposición propusieron tres medidas para asegurar su implementación: un referéndum popular (a celebrarse solo después de llevar a cabo reformas para garantizar la integridad del sistema electoral), la aprobación por parte de la Asamblea Nacional Constituyente chavista, y el respaldo de organismos regionales e internacionales clave, incluido el Consejo de Seguridad de la ONU. De nuevo sujeto a la aprobación de EE. UU., las sanciones se levantarían gradualmente en paralelo a la implementación progresiva del acuerdo para exhortar al gobierno a cumplir sus obligaciones[fn]Ibid.Hide Footnote .

Una consecuencia de este proceso escalonado de fomento de la confianza sería el alejamiento de la idea de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Los representantes pragmáticos del gobierno y la oposición coincidieron en que solo un proceso gradual de implementación de medidas escalonadas tiene posibilidades de éxito. Como expresó uno de ellos, “condicionar las soluciones interinas a la resolución integral del conflicto es una receta para la parálisis”[fn]Entrevista de Crisis Group, Caracas, mayo de 2019.Hide Footnote .

Obstáculos en el camino

La probabilidad de que no se logre un acuerdo negociado sigue siendo elevada. Como se señaló anteriormente, los principales obstáculos son sustantivos, y hay serios motivos para dudar de la voluntad del gobierno de renunciar al poder. Por ahora, las únicas elecciones anticipadas que el gobierno dice estar dispuesto a contemplar son las legislativas, actualmente previstas para diciembre de 2020 – una oferta que equivale a amenazar a la oposición con despojarla de la única base institucional significativa que controla. La cuestión es si los chavistas más pragmáticos –reconociendo que el país está estancado, admitiendo que es necesaria una transición política, y creyendo que pasar un tiempo en la oposición podría darle vitalidad al movimiento– lograrán presionar al gobierno para que haga concesiones.

Más allá de esta cuestión, deberán superarse varios otros obstáculos clave, entre ellos la suerte de Maduro, el levantamiento de sanciones y la ausencia de varios actores clave en Oslo capaces de impedir o fomentar el avance de las negociaciones: EE. UU., las fuerzas armadas venezolanas, y el ala dura de ambos bandos.

Algunos partidarios de la oposición dejaron claro que su prioridad eran unas elecciones libres y justas.
La suerte de Maduro

Curiosamente, si bien la cuestión de si Maduro debería continuar en el poder hasta que se celebren unas elecciones o renunciar inmediatamente ha dominado el debate público en Venezuela y el extranjero, a los partidarios de una solución negociada en ambos bandos parece preocuparles mucho menos[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios del gobierno y la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019.Hide Footnote . Algunos partidarios de la oposición dejaron claro que su prioridad eran unas elecciones libres y justas; si se celebraran en una etapa relativamente temprana, les resultaría indiferente si el actual presidente permanece en el poder hasta entonces. De hecho, varios comentaron que sería el mejor adversario electoral, dada su falta de apoyo popular[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios de la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019. No obstante, las encuestas sugieren que la voluntad de los votantes opositores de participar en las elecciones podría verse negativamente afectada si Maduro permanece en el poder/es uno de los candidatos.Hide Footnote . Los elementos pragmáticos del movimiento chavista también restaron importancia a esta cuestión. No querían admitir la ilegitimidad de las elecciones de mayo de 2018, por lo tanto no podían aceptar que Maduro fuera obligado a dejar el cargo. Pero podían aceptar una fórmula que derivara en su dimisión por medios legítimos – de hecho, algunos reflejaron la postura opositora, comentando que al chavismo le iría mejor si mantuviera a Maduro a cierta distancia[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios del gobierno, Caracas, mayo-junio de 2019.Hide Footnote .

Ambas partes plantearon dos posibles escenarios. En el primero, ni Maduro ni Guaidó serían presidentes durante el periodo transicional. Por el contrario, a fin de mantener sus respectivas reivindicaciones del cargo, ambos acordarían previamente el nombramiento de un nuevo vicepresidente y gabinete. Maduro entonces renunciaría, y el vicepresidente y gabinete consensuados se harían cargo del gobierno hasta que se celebraran las elecciones. De forma alternativa, Maduro permanecería en el cargo, acordaría reformas electorales y desencadenaría unas elecciones mediante su renuncia 30 días antes de las mismas (uno de los mecanismos constitucionales disponibles para permitir una votación anticipada)[fn]Art. 233 de la Constitución de 1999.Hide Footnote . No obstante, no está nada claro si, dado el historial de Maduro, este último escenario podría resultarle aceptable a la mayoría de la oposición o a EE. UU.[fn]El 25 de junio, Elliott Abrams, el representante especial de EE. UU. para Venezuela, dijo, “la idea de que Maduro pueda seguir siendo presidente y presidir unas elecciones libres y la transición a la democracia es irrisoria”. https://www.state.gov/on-the-record-briefing-2/. En privado, otros funcionarios se mostraron más flexibles, señalando las dificultades propias de establecer un gobierno transicional por un periodo de varios meses, lo que inevitablemente plantearía cuestionamientos acerca de su composición y prerrogativas. Entrevistas de Crisis Group, Washington, mayo de 2019. Pero admitieron que dicha postura era un anatema para funcionarios estadounidenses clave.Hide Footnote 

La cuestión de las sanciones

Como se señaló anteriormente, el levantamiento de las sanciones antes de las elecciones es un requisito absoluto de los chavistas, pero será difícil de cumplir. EE. UU., la única parte capaz de actuar sobre esta cuestión, no está presente en Oslo, y hasta hoy su postura ha sido relativamente inflexible: las sanciones económicas no se eliminarán antes de una transición, y de ningún modo lo serán mientras Maduro siga siendo presidente[fn]Entrevista de Crisis Group, funcionario estadounidense, Washington, junio de 2019.Hide Footnote .

Idealmente, más que un obstáculo, la eliminación escalonada y condicional de las sanciones a lo largo de un periodo de seis a doce meses antes de unas nuevas elecciones sería un incentivo para que el gobierno honrara sus compromisos durante el periodo transicional. Si se alcanzara un acuerdo sobre esta cuestión, les correspondería a Guaidó y sus colegas –junto con los Estados miembros de la UE y el Grupo de Lima– convencer a la Administración Trump de que un acuerdo satisfactorio para la oposición debería ser suficiente para EE. UU.[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios del gobierno y la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019.Hide Footnote

Las sanciones se podrían levantar gradualmente, pero EE. UU. probablemente necesite eliminar las sanciones sectoriales más dañinas –en particular la prohibición de transferir los ingresos procedentes de la venta de petróleo venezolano en EE. UU., impuesta por Washington el 28 de enero– con suficiente antelación a las elecciones, siempre y cuando el gobierno cumpla sus compromisos[fn]“Factbox: U.S. sanctions on Venezuela’s oil industry”, Reuters, 29 de enero de 2019.Hide Footnote . Por el contrario, las decisiones sobre sanciones individuales contra líderes gubernamentales, muchas de las cuales fueron aplicadas (por EE. UU., Canadá y la UE) antes del comienzo de la campaña de Guaidó en enero, podrían aplazarse hasta después de las elecciones[fn]Para un listado de los sancionados, véase “WOLA Targeted Sanctions Database”, Washington Office on Latin America.Hide Footnote .

El papel de los militares

Desde el comienzo de la campaña para destituir a Maduro, tanto la oposición como EE. UU. han considerado a las fuerzas armadas como actores clave, y han buscado separar a sus miembros del bando del gobierno, en particular ofreciendo amnistías a modo de incentivo. Hasta ahora, pese a varias defecciones individuales, esta estrategia ha fracasado[fn]Las defecciones más destacadas incluyen las del general de la fuerza aérea Francisco Yánez el 2 de febrero, el ex ministro de salud general Carlos Rotondaro el 18 de marzo y el ex jefe de inteligencia comandante general Hugo Carvajal el 21 de febrero. Ninguno de ellos, sin embargo, comandaba tropas. La defección de Cristopher proporciona a Washington otro caudal de información sobre el funcionamiento interno del gobierno de Maduro y es especialmente significativa porque anteriormente se lo consideraba muy leal y cercano a Cuba.Hide Footnote . Las fuerzas de seguridad no se volvieron contra el gobierno el 30 de abril, lo que selló el destino del levantamiento. El enfoque ha fracasado por muchos motivos, entre ellos el hecho de que los funcionarios de seguridad han tendido a considerar las ofertas de amnistía tanto insultantes (ya que no se consideran criminales que necesiten acuerdos individuales) como insuficientes (los militares tienen otros importantes intereses institucionales que proteger).

En ambos bandos hay individuos influyentes con posturas más intransigentes y una importante capacidad para arruinar cualquier avance de las negociaciones.

En el contexto de un acuerdo político, las partes tendrían que ofrecer mejores garantías a las fuerzas de seguridad. Estas podrían incluir el compromiso de no alterar, y mucho menos purgar, su liderazgo; reducir o eliminar completamente los poderes presidenciales para otorgar promociones; crear una estructura de seguridad nacional transicional paralela que otorgue a los militares una voz influyente en las decisiones importantes; o incluso proteger los amplios intereses económicos de los militares otorgándoles derechos exclusivos a la minería en el sur de Venezuela (la cual en efecto ya controla), siempre y cuando respete el bienestar y los derechos humanos de las comunidades locales[fn]Para una descripción del papel de las fuerzas y los actores armados no estatales en el “arco minero” de Venezuela, véase informe de Crisis Group sobre América Latina N°73, El peso del oro: violencia en el sur de Venezuela, 28 de febrero de 2019.Hide Footnote .

Afrontar las posturas de línea dura

En ambos bandos hay individuos influyentes con posturas más intransigentes y una importante capacidad para arruinar cualquier avance de las negociaciones. Del lado del gobierno se trata en particular de altos funcionarios para quienes una transición podría conllevar la pérdida de todo su poder económico y político, y quienes se verían obligados a rendir cuentas por sus acciones. Asimismo, varios cambios en las altas esferas de la jerarquía militar anunciados a principios de julio podrían alterar el equilibrio de poder de las fuerzas armadas, inclinándolo hacia una postura más intransigente, lo que afectaría al proceso de Oslo. Si bien no están directamente presentes en las negociaciones de Noruega, los militares del ala dura podrían perjudicar los avances intensificando la represión contra la oposición o vetando concesiones que consideren excesivas.

Asimismo, dentro de la oposición hay muchos que se oponen a cualquier concesión, están convencidos de que el gobierno solo está intentando ganar tiempo, y se aferran a la postura de que la única solución aceptable debe incluir la salida de Maduro y su propio ascenso al poder. Las divisiones internas, a menudo motivadas por la ambición personal, complican aún más el panorama opositor[fn]Véase Informe de Crisis Group sobre América Latina N°71, Fuego amigo: el caos de la oposición venezolana, 23 de noviembre de 2018.Hide Footnote . Varias figuras de la oposición han demostrado ser hábiles en el uso de las redes sociales para amplificar su mensaje y estrechar el margen de maniobra de los negociadores en Oslo. Las voces más ruidosas están lideradas por la alianza Soy Venezuela y el pequeño grupo de diputados autodenominados Bloque Parlamentario 16 de julio[fn]A mediados de junio los líderes de Soy Venezuela María Corina Machado, Antonio Ledezma y Diego Arria publicaron una carta abierta en la que instaban a Guaidó a abandonar las negociaciones y reclamaban una intervención militar llevada a cabo por una “coalición internacional”. Nurelyin Contreras, “Carta Abierta: María Corina, Ledezma y Arria piden a Guaidó cerrar el ‘Diálogo’ en Noruega”, Punto de Corte, 12 de junio de 2019.Hide Footnote . Dicho esto, las protestas iniciales contra las negociaciones de Oslo, motivadas por el hecho de que la iniciativa hubiera sido impulsada por un pequeño grupo sin consultar a los partidos aliados, vinieron tanto de los moderados como del ala dura[fn]De los cuatro principales partidos, ni Primero Justicia ni Acción Democrática parecen haber sido consultados. Xabier Coscojuela, “Contactos en Noruega dividen a la oposición”, Tal Cual, 16 de mayo de 2019.Hide Footnote .

Superar estos obstáculos será una ardua tarea. Parte de la solución sería que quienes estén a favor del diálogo –tanto venezolanos como extranjeros– intentaran fortalecer el apoyo a nivel nacional. A tal fin, deberían corregir cualquier desinformación sobre lo que se está discutiendo en Noruega, evitar los ataques contra el proceso de Oslo y –en la medida de lo posible– moderar su comportamiento (fundamentalmente en el caso del gobierno poniendo fin a la represión contra la oposición) y retórica (en el caso de EE. UU. y sus aliados venezolanos, por ejemplo, evitando mencionar una posible intervención militar). Los activistas de la sociedad civil podrían desempeñar un importante papel, dando voz a aquellos que están a favor de una solución negociada y brindando mayor espacio al proceso de Oslo. Asimismo, cualquier iniciativa bipartidista –por ejemplo eventos conjuntos a los que asistieran partidarios del gobierno y de la oposición– crearía más espacio para las negociaciones[fn]Entrevistas de Crisis Group, partidarios del gobierno y la oposición, Caracas, mayo-junio de 2019. El pro-opositor Frente Amplio Venezuela Libre –fundado en marzo de 2018 en un intento de incorporar las perspectivas de activistas de la sociedad civil– podría ser uno de estos actores. Hasta la fecha, sus esfuerzos demasiado a menudo se han visto truncados por políticos que buscaban controlar sus deliberaciones. Véase Informe de Crisis Group sobre América Latina N°71, Fuego amigo: el caos de la oposición venezolana, 23 de noviembre de 2018.Hide Footnote .

El Grupo Internacional de Contacto liderado por la UE podría ayudar colaborando estrechamente con Noruega. Podría actuar como una suerte de enlace entre los simpatizantes extranjeros de Maduro y Guaidó, así como entre electorados opuestos en Venezuela. El Grupo de Lima de naciones del hemisferio occidental, cuya postura está cada vez más alineada con la del Grupo de Contacto, también podría impulsar el proceso, al igual que México, cuya postura de “no interferencia” (que no se debe confundir con indiferencia, afirma la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana) ha creado cierta distancia con la mayoría del Grupo de Lima y podría permitirle desempeñar un papel de mediación[fn]Entrevista de Crisis Group con un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores mexicano, Caracas, 10 de abril de 2019.Hide Footnote .

La amenaza de escalada

El actual estancamiento no durará indefinidamente, y en el peor de los casos el fracaso de las negociaciones podría derivar en una escalada violenta. La oposición en particular se encuentra bajo presión para cumplir su promesa de derrocar a Maduro, y el tiempo apremia. El mandato de Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional (en el que se basa su declaración como presidente interino) en teoría finalizaría al comienzo de 2020 conforme a los términos de un acuerdo firmado en 2015 entre los partidos opositores[fn]Tras las elecciones legislativas de diciembre de 2015, los partidos opositores acordaron turnarse en la presidencia de la Asamblea durante 12 meses cada uno en el transcurso del parlamento de cinco años. A Voluntad Popular le llegó el turno en 2019, y dado que sus principales diputados estaban ausentes debido a la persecución del gobierno, el puesto le tocó a Juan Guaidó. Anthony Faiola, “Who is Juan Guaidó?”, Washington Post, 24 de enero de 2019. Algunos miembros de la oposición están considerando cómo prolongar el cargo de Guaidó. Entrevista de Crisis Group, funcionario estadounidense, Washington, mayo de 2019.Hide Footnote . En privado, ha dicho que su supervivencia política depende de lograr la victoria antes del fin de 2019[fn]Entrevista de Crisis Group, analista político venezolano, Caracas, 5 de junio de 2019.Hide Footnote . A principios de junio afirmó en una manifestación en el estado de Barinas que “Esto no empezó en 2019, pero sí va a terminar en 2019”, añadiendo que “La ayuda [militar] internacional va a llegar, pero tiene que conseguirnos en la calle”[fn]“Juan Guaidó desde Barinas: En 2019 termina este proceso de una vez por todas”, Tal Cual, 1 de junio de 2019.Hide Footnote .“Juan Guaidó desde Barinas: En 2019 termina

¿Disminución de la amenaza de una intervención militar extranjera?
El mayor riesgo de violencia surge de dentro de Venezuela.

Desde que el presidente Donald Trump mencionó la posibilidad de una “opción militar” para resolver la crisis de Venezuela en agosto de 2017, la potencial amenaza de una intervención armada extranjera ha dividido a la opinión pública nacional e internacional[fn]“Trump Alarms Venezuela with Talk of A ‘Military Option’”, New York Times, 12 de agosto de 2017.Hide Footnote . La cuestión recibió mayor atención cuando Guaidó anunció el 23 de enero que asumiría la presidencia interina y EE. UU. amenazó con una “respuesta significativa” si Maduro lo arrestara[fn]Joshua Goodman, “Amid mass arrests, Maduro won’t touch rival Guaidó”, Associated Press, 28 de enero de 2019.Hide Footnote . A la fecha, si bien no hay indicios de que Washington esté verdaderamente contemplando la acción militar, la postura general de la administración es que “todas las opciones están sobre la mesa” – lo que equivale a decir que el uso de la fuerza está sobre la mesa[fn]Véase, por ejemplo, Briefing with Special Representative Elliott Abrams, 25 de junio de 2019. https://www.state.gov/on-the-record-briefing-2/.Hide Footnote . El secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, también se negó explícitamente a descartar una “intervención militar para derrocar al régimen de Nicolás Maduro” en declaraciones a la prensa a finales de 2018[fn]“OAS chief says should not rule out Venezuela ‘military intervention’”, Agence France Presse, 15 de septiembre de 2018.Hide Footnote .

En varias ocasiones, la propia oposición ha sugerido su apoyo hacia una intervención armada extranjera. A finales de febrero, tras el fracaso de su plan para forzar el paso de ayuda humanitaria a través de la frontera, algunos miembros solicitaron explícitamente el uso de la fuerza[fn]“Julio Borges pedirá al Grupo de Lima ‘uso de la fuerza’ contra Maduro”, EFE, 24 de febrero de 2019. El senador republicano Marco Rubio, una voz influyente sobre la política hacia Venezuela en el Congreso estadounidense, tuiteó en ese momento que la “voluntad de muchas naciones de apoyar acciones multilaterales más firmes para expulsarlos ha aumentado dramáticamente”, seguido de otro tuit que mostraba una foto de Maduro al lado de otra del coronel Muammar Qadhafi muerto y ensangrentado. Rubio posteriormente borró el tuit en medio de una tormenta de críticas. Varios funcionarios estadounidenses manifestaron su irritación con la retórica de Rubio en esa ocasión. Entrevista de Crisis Group, funcionario estadounidense, febrero de 2019.Hide Footnote . El movimiento Soy Venezuela, que pertenece al ala más belicosa de la oposición, lleva mucho tiempo reclamando una “intervención humanitaria”. El propio Guaidó en ocasiones parece haber avalado un cambio de régimen respaldado por EE. UU.: el 11 de mayo anunció durante una manifestación que iba a pedir a su “embajador” en Washington, Carlos Vecchio, que solicitara una reunión con el general a cargo del Comando Sur de EE. UU., claramente insinuando esta posibilidad[fn]Aime Williams y Gideon Long, “Venezuela opposition envoy meets with US officials”, Financial Times, 20 de mayo de 2019. La carta de Vecchio recibió una respuesta cortés, pero solo se reunió con el Departamento de Estado. Si bien Guaidó dijo que estaba buscando “cooperación militar”, dejó en claro que se refería a una intervención militar de EE. UU., añadiendo que “la línea roja se cruzó hace un tiempo”.Hide Footnote .

Predecir las acciones del presidente Trump es cuando menos una ciencia incierta. Claramente es cauteloso en el uso de la fuerza, como demuestra el reciente episodio iraní – cuando suspendió en el último momento un ataque militar ordenado en respuesta al abatimiento de un dron estadounidense por parte de Teherán[fn]Michael D. Shear, Helene Cooper y Eric Schmitt, “Trump Says He Was ‘Cocked and Loaded’ to Strike Iran but Pulled Back”, New York Times, 21 de junio de 2019.Hide Footnote . Pero también desea demostrar que cumple sus amenazas y que puede producir resultados. Algunos han especulado además que podría ver una ventaja política en actuar de manera decisiva en Venezuela aunque solo fuera para asegurarse el voto hispano en Florida en las próximas elecciones presidenciales[fn]Marc Caputo, “Trump Venezuela policy scores in Florida”, Politico, 30 de enero de 2019.Hide Footnote . Sus asesores también parecen estar divididos, con su asesor de Seguridad Nacional John Bolton presuntamente más abierto a la acción militar que otros[fn]Entrevistas de Crisis Group, funcionarios estadounidenses, Washington marzo-junio de 2019. Adam Taylor, “What is the Monroe Doctrine? John Bolton’s justification for Trump’s push against Maduro”, Washington Post, 4 de marzo de 2019.Hide Footnote . Varios informes de prensa no corroborados sugieren que Trump está en desacuerdo con Bolton y se siente engañado acerca de la facilidad con la que se podría derrocar a Maduro[fn]Anne Gearan, Josh Dawsey, John Hudson y Seun Ming Kim, “A frustrated Trump questions his administration’s Venezuela strategy”, Washington Post, 8 de mayo de 2019.Hide Footnote .

La amenaza de una guerra irregular

El mayor riesgo de violencia surge de dentro de Venezuela, un país con abundancia de armas y grupos armados, tanto formales como informales. En áreas urbanas, los llamados colectivos –grupos paramilitares progubernamentales que combinan intimidación política, especialmente en áreas de bajos ingresos, con negocios del mercado negro y otras actividades delictivas– presentan una considerable amenaza de una guerra persistente de bajo nivel si llega a haber un cambio de régimen no consensuado. Muchos están estrechamente integrados con unidades policiales y de inteligencia y en algunos casos están vinculados con algunos de los líderes chavistas más radicales[fn]Guillermo Olmo, “Venezuela crisis: the ‘colectivo’ groups supporting Maduro”, BBC News Mundo, 6 de febrero de 2019. “Paramilitares”, PROVEA.Hide Footnote .

Su equivalente en el oeste rural y en las proximidades de la frontera colombiana son los “boliches” de las Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL), cuyo número se estima en algunos miles[fn]. Al igual que sus contrapartes en las guerrillas colombianas afincadas en Venezuela, profesan su lealtad a la revolución Bolivariana y si bien su poder de batalla es modesto, cabe esperar que libren una guerra de guerrillas contra cualquiera que amenace su hegemonía regional y su control de las rutas del tráfico transfronterizo.

Pero tal vez la mayor preocupación en materia de seguridad esté relacionada con la creciente presencia de guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidentes de las ahora formalmente disueltas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Los disidentes de las FARC hallaron un refugio seguro en Venezuela tras la firma en 2016 de un tratado de paz entre los líderes de la guerrilla y el gobierno colombiano. El ELN, cuyas negociaciones de paz con Bogotá se desplomaron después de que admitieran ser responsables de un atentado con carro bomba en la capital colombiana en enero de 2019 que acabó con la vida de una veintena de cadetes policiales, se desplazaron a Venezuela en masa[fn]Helen Murphy, “Colombia’s ELN rebels say deadly car bomb was legitimate act of war”, Reuters, 21 de enero de 2019.Hide Footnote . En la frontera occidental con Colombia, el ELN supuestamente se ha aliado con el FBL y otros grupos armados[fn]Sebastiana Barráez, “Alianza de guerrilla y paracos en la frontera”, Punto de Corte, 7 de febrero de 2019.Hide Footnote . Su presencia en las caóticas y violentas áreas mineras al sur del Río Orinoco, que aparentemente cuenta con el apoyo del presidente Maduro, es particularmente preocupante, ya que el ELN está comprometido a resistir cualquier intento de derrocar al gobierno[fn]Véase Informe de Crisis Group sobre América Latina N°73, El peso del oro: violencia en el sur de Venezuela, 28 de febrero de 2019.Hide Footnote .

El porcentaje de personas que manifiestan estar dispuestas a tomar las armas para cambiar el gobierno ha aumentado.

En dos décadas de conflicto político ha habido escasos incidentes de violencia opositora – más allá del lanzamiento de piedras y cócteles molotov en manifestaciones. Si bien ha sugerido la posibilidad de una intervención militar extranjera, Juan Guaidó no ha insinuado que la propia oposición debería participar en actos de violencia. Pero hay indicios de que no todas las fuerzas que se oponen a Maduro están en contra de la lucha armada. El 4 de agosto de 2018, dos drones con explosivos fueron detonados sobre un desfile militar al que asistía el presidente Maduro, en lo que parece haber sido un intento fallido de asesinato. El gobierno presentó pruebas que vinculaban el ataque con sectores de la oposición. Recientemente también han surgido algunos pequeños grupos armados liderados por ex miembros de las fuerzas de seguridad, pero sus líderes han sido asesinados o capturados[fn]En junio de 2017 el piloto de la policía Oscar Pérez requisó un helicóptero y arrojó granadas contra el edificio del Tribunal Supremo en Caracas, posteriormente formando un pequeño grupo armado con la esperanza de provocar un levantamiento. Unos meses después, el grupo fue perseguido por las fuerzas de seguridad del gobierno y sus miembros, incluido Pérez, asesinados. Nicholas Casey, “Venezuela’s most-wanted rebel shared his story, just before being gunned down”, New York Times, 2 de febrero de 2018. Otro pequeño grupo, liderado por Juan Carlos Caguaripano, un ex capitán de la Guardia Nacional, secuestró armas de un cuartel militar en Maracay en agosto de 2017. También esto resultó efímero. Caguaripano fue detenido días después de la incursión. “Quién es Juan Caguaripano, el capitán que se rebeló contra Maduro”, El País, 7 de agosto de 2017.Hide Footnote .

Hay otros indicios de una posible militarización del conflicto. En medio del intento de la oposición de forzar el paso de convoyes de ayuda humanitaria a través de la frontera el 23 de febrero, veintenas de miembros principalmente de bajo rango de las fuerzas armadas desertaron y cruzaron a Colombia en respuesta al llamado de Guaidó a los militares a cambiar de bando. En las siguientes semanas, la cifra se elevó a más de 1400, pero al no avanzar la formación de un gobierno transicional el grupo se quedó abandonado en Colombia, sin dinero ni recursos e incapaz de trabajar. Mientras muchos se fueron a otros países, un pequeño grupo manifestó su determinación de emprender una campaña militar para derrocar a Maduro[fn]Helen Murphy y Luis Jaime Acosta, “From Colombia, Venezuelan defectors arm themselves to ‘liberate’ their homeland”, Reuters, 28 de mayo de 2019.Hide Footnote . Hay algunos indicios de que se están formando otros grupos dentro de Venezuela con un objetivo similar[fn]Entrevista de Crisis Group, consultor sobre seguridad y defensa, Caracas, 5 de junio de 2019.Hide Footnote . Tal vez lo más preocupante sea que el porcentaje de personas que manifiestan estar dispuestas a tomar las armas para cambiar el gobierno ha aumentado de casi ninguna hace tan solo unos años a aproximadamente el 10 por ciento de la población[fn]Las encuestas de mayo de 2019 demuestran que el porcentaje asciende a casi el 23% entre el núcleo de los partidarios de la oposición “si Guaidó llegase a ser arrestado.” (Op. cit. Véase nota al pie 5.) Por otro lado, de acuerdo a la agencia de noticias Reuters, Erik Prince, fundador de la (ahora disuelta) empresa de seguridad Blackwater, ha estado buscando apoyo para un plan de crear una fuerza de 4-5 000 mercenarios latinoamericanos para intervenir en Venezuela. El proyecto de $40 millones de dólares supuestamente comenzaría con operaciones de inteligencia, pero posteriormente incluiría acción militar directa para derrocar al gobierno. Entrevista de Crisis Group, experto en encuestas de Venezuela, Caracas, 5 de junio de 2019. Aram Roston y Matt Spetalnick, “Blackwater founder’s latest sales pitch: mercenaries for Venezuela”, Reuters, 30 de abril de 2019. Si bien Prince es un destacado patrocinador de Trump (y su hermana es miembro del gabinete de Trump), no hay evidencia de que la administración esté considerando dicho plan.Hide Footnote .

Conclusión

Los esfuerzos para producir un “cambio de régimen” en Venezuela mediante sanciones draconianas, el no reconocimiento del gobierno de Maduro y la amenaza del uso de la fuerza militar hasta ahora han fracasado. Esto ha dejado a los dos bandos opuestos sumidos en un atolladero perjudicial para ambos, mientras el país cae en una desesperación económica y social cada vez más profunda. Por ahora, ni el gobierno ni el liderazgo opositor han concluido que pueden lograr una victoria absoluta, ni que las concesiones mutuas con vistas a una transición negociada constituyen la única salida del impasse. Sin embargo, si llegaran a hacerlo, un posible acuerdo cuyos lineamientos ya se vislumbran casi sin duda contaría con el apoyo de la mayoría tanto de los chavistas como de la oposición.

El hecho de que ambas partes estén participando en el proceso de Oslo en sí mismo representa una oportunidad importante, pese a las dudas acerca de las verdaderas motivaciones de las partes, la posibilidad de que otros actores contrarios a las negociaciones que no están presentes en Noruega saboteen el proceso, y cuestionamientos acerca de su viabilidad. Pero estos obstáculos, junto con la sombría alternativa de una crisis prolongada, son razón de más para que los elementos más pragmáticos de ambos bandos, los miembros de la sociedad civil y las potencias extranjeras y organismos multilaterales apoyen un plan de transición realista y respalden la iniciativa de Noruega.

Las brechas que dividen las posturas de las partes siguen siendo profundas, pero conversaciones sostenidas con una amplia gama de venezolanos sugieren que es posible lograr un acuerdo que goce de un vasto apoyo. La incapacidad de la oposición de derrocar al gobierno y la ineficacia del gobierno a la hora de superar la crisis sin precedentes del país transmite un simple mensaje: que el acuerdo es el mejor y único camino para avanzar, y que la alternativa es la profundización y ampliación de la catástrofe.

Caracas/Bogotá/Bruselas, 15 de julio de 2019

Anexo A: Mapa de Venezuela