icon caret Arrow Down Arrow Left Arrow Right Arrow Up Line Camera icon set icon set Ellipsis icon set Facebook Favorite Globe Hamburger List Mail Map Marker Map Microphone Minus PDF Play Print RSS Search Share Trash Crisiswatch Alerts and Trends Box - 1080/761 Copy Twitter Video Camera  copyview Youtube
Recoger los platos rotos luego del frustrado levantamiento en Venezuela
Recoger los platos rotos luego del frustrado levantamiento en Venezuela
La toma del Parlamento profundiza la crisis venezolana
La toma del Parlamento profundiza la crisis venezolana
An opposition demonstrator waves a Venezuelan national flag during clashes with soldiers loyal to Venezuelan President Nicolas Maduro April 30 2019 Federico PARRA / AFP

Recoger los platos rotos luego del frustrado levantamiento en Venezuela

Un alzamiento fallido dirigido por el presidente de la Asamblea Nacional venezolana Juan Guaidó, ha animado al presidente Nicolás Maduro y profundizado el estancamiento político del país. Por difícil que sea, los actores extranjeros deberían continuar presionando a ambas partes para que formen un gabinete transicional, estabilicen la economía venezolana y lleven a cabo elecciones

Los hechos que sacudieron a Caracas el 30 de abril continúan envueltos en misterio, pero su impacto inmediato parece ser claro: polarizar aún más el pulso político y aumentar la posibilidad de una escalada violenta nacional o internacional. Los hechos empezaron con el dramático anuncio de los líderes de la oposición diciendo que el país entraba a la “fase final” de lo que llaman la “Operación Libertad”, dirigida a derrocar al presidente Nicolás Maduro. Posteriormente declararon que el esfuerzo contaba con el apoyo de militares de alto rango. Sin embargo desembocó en una revuelta fácil de someter y pobremente concebida que dejó al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó, a sus aliados regionales y a los EE. UU. malparados. Maduro y sus aliados nacionales y extranjeros bien pueden sentirse empoderados y animados, con pocos incentivos para dialogar con una oposición desorganizada e ineficaz.

Ese sería un error de cálculo. Las fuerzas de seguridad sometieron fácilmente el alzamiento, pero el hecho que siguiera a una serie de esfuerzos que se vienen presentando desde principio de año para aislar, desestabilizar y dividir al gobierno resalta no solo la inhabilidad de la oposición de expulsar a Maduro sino también la impotencia del gobierno para sofocar a sus enemigos políticos. Aunque los diálogos entre dos partes profundamente polarizadas y sus respectivos aliados extranjeros parezcan poco probables, el estancamiento en el que se encuentran, el alto costo que sufre el pueblo venezolano y el riesgo de un escalada violenta nacional o internacional hacen que la estabilidad del país siga dependiendo de un acuerdo negociado.

Oficiales norteamericanos también han sugerido, sin ofrecer pruebas, que varios altos oficiales habían prometido desertar, pero no lo hicieron.

La naturaleza caótica del levantamiento tiene varias posibles explicaciones. La oposición adelantó un día los planes (ya había manifestaciones masivas programadas para el 1° de mayo), perjudicando sus posibilidades. Oficiales norteamericanos también han sugerido, sin ofrecer pruebas, que varios altos oficiales habían prometido desertar, pero no lo hicieron. La claridad sobre la razón real tendrá que esperar.

Para Maduro y sus aliados, entre los cuales EE. UU. destacó a Cuba pero también a Rusia, este fue un giro de eventos triunfal. Al final, las manifestaciones fueron pequeñas y fácilmente dispersadas por las fuerzas de seguridad. Además, se hizo evidente casi en seguida que solo algunos soldados de bajo rango se habían separado del gobierno. Al llegar el final del día, el prisionero político más famoso del país, Leopoldo López, quien había salido de su arresto domiciliario para liderar las protestas, fue obligado a buscar refugio en la residencia del Embajador español. Maduro, quien permaneció detrás de bambalinas durante toda la jornada, apareció para declarar la victoria y burlarse de las declaraciones del secretario de Estado Mike Pompeo, quien afirmó que él había estado listo para irse al exilio, siendo disuadido por el gobierno ruso.

Pero los problemas que han plagado el gobierno están lejos de ser resueltos. A pesar de su fracaso, Guaidó continúa siendo el presidente legítimo del país a los ojos de varias docenas de países, incluyendo a EE. UU., la mayoría de los países de América Latina y de los estados miembros de la UE. Su estatura bien puede disminuirse debido al triste resultado, pero ha logrado unir a la fraccionada oposición y galvanizar el apoyo popular. A pesar de su éxito, Maduro aún enfrenta el aislamiento diplomático, una economía colapsada y un régimen de sanciones que ha limitado severamente la habilidad de Venezuela de exportar su menguante producción de petróleo, de la que dependen casi todas sus ganancias en moneda extranjera. Tras años de declive económico, más de un décimo de su población ha huido del país y la ONU estima que 7 millones de personas necesitan ayuda humanitaria.

La clara lección de los eventos del 30 de abril es que no puede haber una solución en la que el “ganador se lleva todo” en Venezuela. El gobierno permanece en control de las fuerzas de seguridad, la autoridad electoral y la corte suprema, pero no puede reparar la economía sin un acuerdo político que permita que las sanciones sean levantadas y que un competente equipo de tecnócratas empiecen a implementar un plan de recuperación. Tampoco puede silenciar el disenso público, excepto a través de la represión. La oposición aún puede contar con los devastadores efectos de las sanciones, la amenaza de la intervención militar de EE. UU. (hecha más expresa que nunca por el secretario Pompeo) y la creencia que las fuerzas armadas finalmente forzarán la salida de Maduro. Pero no hay evidencia de que las sanciones derribarán al gobierno, intentos repetidos de atraer a los militares han fallado, y la intervención armada externa aun es vista como una posibilidad remota que, si se emplea, casi con toda seguridad alimentaría una mayor inestabilidad al desencadenar un conflicto prolongado con grupos armados y milicias progubernamentales.

Como Crisis Group siempre ha argumentado, la mejor manera de avanzar radica en las negociaciones entre los chavistas y la oposición.

Como Crisis Group siempre ha argumentado, la mejor manera de avanzar radica en las  negociaciones entre los chavistas y la oposición. Es cierto que las rondas previas de conversaciones han dejado decepcionada a la oposición, muchos de cuyos miembros están convencidos de que el gobierno no tiene intención de comprometerse y que solo utiliza las conversaciones para comprar tiempo, ahondar las divisiones entre sus enemigos y dispersar las protestas masivas. Incluso los líderes opositores que en privado aceptan la necesidad de estos diálogos temen ser tildados de “colaboracionistas” por miembros del ala dura de sus partidos.

En otras palabras, dejados a sus propios medios, es poco probable que ambas partes lleguen a un acuerdo factible. La responsabilidad recae en los actores externos quienes, lamentablemente, han estado tan divididos como los venezolanos. Los países cercanos a Guaidó, aquellos que apoyan a Maduro y los que están en el medio deberían aprovechar este momento para dejar de lado cualquier posición maximalista y empujar a sus respectivos aliados a hacer concesiones. Eso requeriría que EE. UU. y sus aliados de América Latina descarten cualquier sugerencia de intervención militar y abandonen la demanda de que Maduro renuncie inmediatamente. Por otro lado, Rusia, China y Cuba deberían aceptar la necesidad de que Maduro inicie un proceso que lleve a unas elecciones presidenciales creíbles y monitoreadas internacionalmente. Requeriría además que todas las partes presionen por lo siguiente:

  • Formación de un gabinete de transición que incluya representantes del chavismo y la oposición, centrado en la estabilización económica, asistencia humanitaria, seguridad interna y reforma institucional; idealmente, ni Maduro ni Guaidó ocuparían la presidencia durante este periodo, aunque un acuerdo en este punto no puede ser una precondición para que las negociaciones comiencen;
  • Garantías para los militares en la forma de un marco claro para su futuro rol;
  • Elecciones presidenciales bajo una comisión electoral reformada y con observación internacional

El Grupo Internacional de Contacto liderado por la UE podría ayudar a impulsar este proceso a través de su diplomacia discreta.

Lo más probable es que Maduro sienta que ganó esta ronda y crea que tiene poca necesidad de hacer concesiones. La oposición, más débil que hace un par de meses, es posible que sea más cautelosa que nunca con las negociaciones. Si sus aliados externos apoyan estas posturas, nadie debería albergar esperanzas de una solución acordada entre las partes. Pero entonces, todos deberán estar preparados para vivir con un estancamiento más profundo, un costo humanitario creciente y una muy real posibilidad de confrontación armada interna o incluso una intervención militar externa. No debería ser una decisión difícil de tomar.

Opposition lawmakers enter the building of Venezuela's National Assembly in Caracas, Venezuela January 5, 2020. REUTERS/Manaure Quintero

La toma del Parlamento profundiza la crisis venezolana

The government of Nicolás Maduro has seized control of Venezuela’s parliament, robbing the opposition of its platform for negotiating a way out of the country’s political crisis. An already long, damaging conflict could drag on if outside powers cannot persuade the government to reverse course.

El 5 de enero, el gobierno de Nicolás Maduro llevó a cabo un intento temerario para poner fin al enfrentamiento que cumple ya un año con el líder de la oposición y presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, a quien docenas de países, incluido EE. UU., reconocen como el presidente legítimo de Venezuela. El gobierno ordenó a la Guardia Nacional obstruir el acceso de los diputados de la oposición al Parlamento, permitiendo así que los partidarios del gobierno triunfaran en una votación ficticia para imponer un nuevo presidente de la Asamblea Nacional. La medida bloqueó la esperada ratificación de Guaidó en ese cargo, pero no resolvió la lucha por la presidencia. Además, resultó debilitando aún más la legitimidad internacional del gobierno y profundizando la prolongada crisis del país. A menos que el gobierno revierta rápidamente el rumbo, su estratagema podría posponer, tal vez indefinidamente, una solución negociada, que es la única salida.

El gobierno de Maduro recurrió al uso de tácticas inesperadamente opresivas para tomar el control de la Asamblea.

El gobierno de Maduro recurrió al uso de tácticas inesperadamente opresivas para tomar el control de la Asamblea. Pero ya había dado muestras de una creciente intimidación contra el Parlamento, alentado por haber logrado resistir el desafío de Guaidó hasta la fecha, trató de eliminar la base constitucional de su demanda a la presidencia. Parlamentarios de la oposición dicen que agentes del gobierno les han ofrecido sobornos de cientos de miles de dólares para que cambien de bando. Hasta la fecha, el gobierno ha sometido a 29 parlamentarios a persecución judicial a pesar de su inmunidad parlamentaria; la mayoría están en el exilio, algunos se refugian en embajadas y dos están encarcelados. Por su parte, Guaidó suspendió recientemente a diez diputados de sus funciones parlamentarias en medio de acusaciones de corrupción, luego de que informes periodísticos los vincularan a esfuerzos por limpiar la reputación de empresarios involucrados en los controvertidos esquemas de distribución de alimentos del gobierno.  

El Parlamento "eligió" a uno de estos diputados, Luis Parra, como remplazo de Guaidó el 5 de enero, aunque no había quórum ya que muchos miembros de la oposición, junto con la mayoría de la prensa independiente y diplomáticos extranjeros, estaban bloqueados afuera. Maduro celebró el cambio de liderazgo en un discurso televisivo unas horas más tarde, diciendo que ahora quedaba despejado el camino para celebrar elecciones parlamentarias en el transcurso de este año en las que "todos los partidos de la oposición" participarían. Mientras tanto, la mayoría de la oposición ratificó a Guaidó como jefe del parlamento luego de realizar una sesión legislativa en un auditorio propiedad de un periódico.

La división creada entre una Asamblea de origen dudoso controlada por el gobierno y un Parlamento legítimo despojado de su recinto físico y su personería legal es otra escalada del prolongado conflicto político venezolano. Desde diciembre de 2015, cuando la alianza de oposición recuperó la Asamblea Nacional del movimiento nacionalista de izquierda creado por el fallecido presidente Hugo Chávez, el gobierno ha librado una guerra de desgaste contra los poderes de los legisladores. Al mismo tiempo, utilizó su influencia sobre las autoridades electorales para asegurar una serie de victorias en las urnas, lo que culminó en la disputada reelección de Maduro en el 2018.

El 23 de enero de 2019, Guaidó lanzó su campaña para destronar a Maduro, declarándose presidente interino. Cerca de 60 países, incluidos los EE. UU., la mayoría de los Estados miembros de la UE y muchos de los más poderosos vecinos regionales de Venezuela, lo reconocieron como tal. Sin embargo, las predicciones de la inminente caída de Maduro resultaron prematuras. Hasta ahora, las sanciones impuestas por Washington no han logrado materializar su salida, y las filas superiores de las fuerzas armadas se han mantenido en su mayoría leales. Una ola inicial de entusiasmo entre los partidarios de la oposición, que llevó a decenas de miles a manifestarse masivamente en las calles fue menguando, en especial después del 30 de abril, cuando Guaidó convocó un levantamiento militar que nunca se materializó. Aun así, el gobierno se abstuvo de encarcelar a Guaidó o cerrar el Parlamento por completo.

El costo de esta batalla cada vez más hostil por el poder lo siente principalmente el pueblo de Venezuela.

El costo de esta batalla cada vez más hostil por el poder lo siente principalmente el pueblo de Venezuela. El país está inmerso en una depresión económica aunada a una hiperinflación. El producto interno bruto ha disminuido en más del 60 por ciento desde que Maduro asumió el cargo en 2013, mientras que la emergencia humanitaria ha obligado a casi uno de cada seis venezolanos a huir del país. Los servicios públicos, incluida la electricidad, el agua, el transporte y la salud, están al borde del colapso, mientras que muchas partes del país se encuentran dominadas por grupos armados de diversos tipos, desde bandas criminales hasta guerrillas colombianas.

Las negociaciones celebradas entre mayo y agosto del año pasado, con el respaldo del gobierno noruego, demostraron que facciones poderosas de ambas partes reconocen la necesidad de un acuerdo político para poner fin a un estancamiento destructivo. Pero las diferencias entre las partes resultaron insuperables, y las conversaciones se suspendieron en septiembre. Al conspirar para asumir el control de la Asamblea Nacional, el gobierno ha dado un paso profundamente equivocado, acabando así con cualquier posibilidad para retomar el diálogo. En efecto, ha empoderado a las facciones más ferreas de la oposición que descartan una salida negociada y ha privado a la oposición de la plataforma que le permitió participar en las negociaciones.

Los gobiernos extranjeros que respaldan a Guaidó (...) repudiaron las acciones del gobierno.

Los gobiernos extranjeros que respaldan a Guaidó, al igual que poderes regionales como Argentina que no lo consideran presidente, repudiaron las acciones del gobierno, indicando que no reconocerían a Parra como presidente del Parlamento ni la legitimidad de la Asamblea que este preside. México, que ha mantenido una postura neutral con respecto a Venezuela, también pidió que las nuevas autoridades de la Asamblea sean elegidas democráticamente. Sin embargo, después de haber perdido el control físico del edificio del Parlamento, junto con cualquier vestigio de protección que su estatus les proporcionaba, los líderes de la oposición ahora están aún más expuestos a ser encarcelados o exiliados. La perspectiva de un "gobierno en el exilio" está latente. Algunos miembros de la facción radical de la oposición, que consideran que la fuerza, quizá incluyendo intervención militar extranjera, es la única salida, dan la bienvenida a este escenario. Mostraron su entusiasmo por la nueva situación votando por Guaidó, aun habiéndolo descalificado en el pasado.

Al mismo tiempo, la posibilidad de que partidos de oposición participen en elecciones parlamentarias este año bajo un Consejo Nacional Electoral (CNE) reformado, cuyo notorio sesgo progubernamental ha sido un gran obstáculo para celebrar elecciones libres, ahora parece remota. Como parte de su acuerdo con pequeños partidos de oposición en septiembre (el llamado proceso de Diálogo Nacional), el gobierno hizo ciertas concesiones destinadas a restaurar la normalidad de la vida política en Venezuela. Estas incluyeron el regreso de parlamentarios chavistas al Parlamento, que habían boicoteado hasta el momento, y la promesa de negociar nuevos nombramientos para el CNE.

Si bien los partidos minoritarios dejaron en claro que participarían en las elecciones parlamentarias, los principales partidos de oposición se dividieron. El control de la Asamblea, que se encarga de nombrar a los miembros de la junta de CNE, abre el camino para que el gobierno una vez más lo conforme a su voluntad. Incluso si los principales partidos de oposición participaran en las elecciones parlamentarias, la posibilidad de persuadir a suficientes votantes de la oposición para que asistan a las urnas son bastante escasas. Y aunque Maduro afirmó en su discurso que el gobierno se reuniría de inmediato con los miembros del Diálogo Nacional, algunos de ellos fueron muy críticos de la medida de tomarse el Parlamento.

Parece difícil imaginar cómo podrían reanudarse negociaciones como las que fueron respaldadas por Noruega.

Finalmente, parece difícil imaginar cómo podrían reanudarse negociaciones como las que fueron respaldadas por Noruega ahora que el gobierno ha privado a la oposición de su último punto de apoyo democrático interno. El control de facto ahora está más que nunca en manos de Maduro, quien aparentemente ha optado por una estrategia de resistencia a toda costa. Los gobiernos de EE. UU., Europa y América Latina han condenado prácticamente de manera unánime la toma de poder del gobierno. Pero aquellos que buscan una solución a la crisis venezolana enfrentan un dilema. El apoyo a una intervención militar es poco o nulo, e incluso si lo hubiera, una intervención probablemente resultaría desastrosa. Sin embargo, la situación actual tiene un alto costo: el éxodo provocado por el colapso socioeconómico de Venezuela está imponiendo una carga intolerable a sus vecinos, particularmente a Colombia, que ha absorbido al menos 1,6 millones de refugiados venezolanos.

La reacción inmediata y comprensible será aumentar las sanciones. Pero a pesar de las garantías de Washington de que las sanciones, con el tiempo, obligarán al gobierno a capitular, el hecho es que dichas sanciones rara vez producen un cambio de régimen y principalmente empeoran las condiciones de vida de los ciudadanos. Insistir en la demanda legítima de Guaidó al cargo de presidente de la Asamblea es importante; las potencias externas también deberían negarse a respetar cualquier acto ratificado por el Parlamento encabezado por Parra. Pero los aliados extranjeros de la oposición también deberían descartar la idea de organizar un gobierno en el exilio, ya que esto difícilmente ayudaría a mejorar la situación del pueblo venezolano o a negociar una solución política duradera.

Venezuela necesita urgentemente un acuerdo político que le permita comenzar a sentar las bases para la recuperación de su economía y la reconstrucción de sus instituciones.

Por el momento, Maduro ha esquivado el desafío de Guaidó y sus aliados extranjeros. La economía se tambalea, con la ayuda del desmantelamiento de facto de los controles de precios y cambios, el uso creciente del dólar como medio de intercambio y la asistencia de Rusia y otros para evadir las sanciones. Pero solo una fracción de la población tiene acceso a dólares, y no puede haber una reactivación económica sin el cese de las sanciones y un paquete integral de reformas. Incluso aquellas potencias extranjeras dispuestas a ayudar, como Rusia, a pesar de que no lo expresen públicamente, pueden sentirse desmotivadas por la forma en que el gobierno tomó el control del Parlamento y poco inclinadas a considerar a esta nueva legislatura como un órgano legítimo para efectos de ratificar tratados, contratos y otros documentos internacionales.

Venezuela necesita urgentemente un acuerdo político que le permita comenzar a sentar las bases para la recuperación de su economía y la reconstrucción de sus instituciones. Pero como resultado de la sed del gobierno por asentar un poder inexpugnable, ha surgido la posibilidad de un conflicto aún más largo y perjudicial, mientras que los argumentos a favor de las negociaciones han sufrido una honda herida. Solo la presión concertada por parte de un amplio espectro de naciones y una rápida respuesta del gobierno de Venezuela pueden restablecer la esperanza de un acuerdo político.