Tiempo de Prudencia, Diálogo y Conciliación
Tiempo de Prudencia, Diálogo y Conciliación

Tiempo de Prudencia, Diálogo y Conciliación

El estrecho margen por el que el Consejo Nacional Electoral anunció que el candidato Nicolás Maduro ganó la Presidencia de Venezuela obliga a una reflexión profunda sobre la legalidad y legitimidad en juego, tanto de las elecciones como de los términos bajo los cuales el país será gobernado en los próximos seis años. El CNE debe dar mayores seguridades sobre la certidumbre del voto y, una vez que esto ocurra, las partes deben acatar el mandado popular y construir las bases de una reconciliación nacional.

El candidato de la oposición, Henrique Capriles, ha sostenido que no reconocerá los resultados hasta que se proceda al conteo manual del 100% de los votos emitidos el domingo. Las reglas electorales en Venezuela obligan a recontar el 54% de las cajas electorales. Al menos este conteo es indispensable, pues se han denunciado muchas irregularidades que podrían poner en duda la diferencia de menos del 2%. El reconteo debe ser fiable, con participación de expertos internacionales, representantes de los partidos políticos y de la sociedad civil.

Teniendo en cuenta que el ganador lo será por un muy estrecho margen, Venezuela necesita de acuerdos básicos que partan del pleno reconocimiento de que el país está partido políticamente por la mitad. En estas circunstancias, no hay espacio para la política de que el ganador se lleva todo y que se ignore la representación de la otra mitad del país.

La polarización en Venezuela es más aguda hoy que nunca, y ello requiere prudencia, diálogo nacional y conciliación.

El primer llamado es precisamente a la prudencia. La chispa de la violencia se puede encender especialmente si se asumen posiciones altisonantes que alimenten la confrontación. Nicolás Maduro y Henrique Capriles han coincidido que actuarán en el marco de la Constitución y la ley. Este mensaje debe quedar claro para todos los que integran ambas coaliciones, así como se debe asegurar la neutralidad de las Fuerzas Armadas.

El segundo llamado debe ser al diálogo. Venezuela no puede darse el lujo de la extrema partidarización. El pueblo venezolano ha dado un mensaje claro: es un llamado al diálogo y al reconocimiento mutuo. Las partes deben reunirse en breve y hacer compromisos expresos de que en adelante respetarán la voz del otro y diseñarán mecanismos de consulta que reflejen el mandato popular.

El tercer llamado es a la conciliación. Venezuela está mal preparada para cualquier tipo de transición pacífica precisamente porque la polarización ha implicado el desmedido control por parte del gobierno de la mayor parte de las instituciones públicas, quebrando en mucho el equilibrio de poderes y la independencia de la autoridad electoral y judicial.

Es precisamente la confianza en las instituciones públicas la que diferencia un país que resuelve sus dilemas por caminos pacíficos, de aquel que busca mecanismos de facto.

Venezuela enfrenta un momento crítico. Quien quiera que gobierne los próximos seis años deberá enfrentar graves problemas económicos. La crisis profunda del sistema energético requiere de concertación y acciones decididas. La inseguridad ha hecho del país uno de los más violentos de la región latinoamericana y del mundo. Estos temas no pueden depender solamente de la voluntad de uno de los dos lados. 

Un país enfrentado a una polarización sin salida sería una muy mala noticia para los vecinos, los socios regionales y para la comunidad internacional. Por ello, se debe dejar en claro que es en beneficio de todos que el resultado electoral sea confiable, que las partes se sometan a él y que el diálogo nacional y la reconciliación sean el norte de las políticas públicas en un país que merece un futuro de paz y progreso.

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