La sorpresa electoral en Venezuela hace posible un cambio pacífico
La sorpresa electoral en Venezuela hace posible un cambio pacífico

La sorpresa electoral en Venezuela hace posible un cambio pacífico

La principal fuerza política de la oposición venezolana, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ganó más del doble de diputados que el oficialismo en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Esta elección, en la que se escogían los 167 diputados que forman la Asamblea Nacional, ha significado un duro revés para Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela y heredero del legado de Hugo Chávez.

Con la mayor parte de los votos ya contabilizados, para el 7 de diciembre la oposición había conseguido 99 de 167 diputados frente a 46 del oficialismo, virtualmente garantizando una mayoría de 3/5 de la Asamblea. En esta entrevista, nuestro analista para la región de los Andes Phil Gunson señala cuáles son los factores que explican este giro popular contra el gobierno y explica el por qué de esta derrota, la cual calmaría la tan temida violencia post-electoral.

Maduro ha asumido la derrota de su partido en estas elecciones parlamentarias, sin embargo aún sigue siendo presidente ¿Cómo afecta esto a la gobernabilidad del país?

Se ha producudo una victoria aplastante de la oposición, pero es muy difícil predecir exactamente cómo el resultado electoral va a afectar al gobierno. Hasta ahora el chavismo no concebía una derrota, así que es posible que esta fuerza política implosione tras la debacle electoral. Una debacle que, además, puede escalar hasta el más alto nivel. Si el oficialismo decidiera seguir adelante como si nada, un alzamiento político y social sería inevitable. Ahora se frotan los ojos después de despertar de un largo letargo en el poder y tienen que empezar a comportarse como verdaderos políticos en un sistema competitivo y democrático. Un sistema que implica asumir sin mayor rodeos un proceso de negociación, al cual siempre se han opuesto.

Habrá facciones dentro de la revolución que atribuirán a las cabezas del partido los malos resultados electorales. Ayudaría a un futuro compromiso el hecho de que algunas de las fuerzas más radicales dentro del gobierno pierdan su representación en la Asamblea. Sería quedarse corto asegurar que el oficialismo siempre ha hecho gala de una severa disciplina. No obstante, algunos ya han empezado a negociar entre bambalinas, hasta ahora con la mayor discreción, para no mostrar sus cartas. Una vez conocido el resultado, es posible que estos actores gocen de una mayor libertad para desertar el oficialismo o establecer diálogos con la oposición en la Asamblea, lo cual se presenta como una coyuntura fundamental para que se produzca una transición negociada en el país. Aunque aún es pronto para hacer balance.

¿Cómo se verá afectado el poder real del presidente Maduro?

Quienes fueron los dos hombres más poderosos del país, el Presidente Nicolás Maduro y el jefe de la Asamblea Diosdado Cabello, salen gravemente debilitados de este proceso. Pero Maduro sigue ostentando el cargo que heredó del difunto Hugo Chávez, ganador de las elecciones presidenciales del 2012, y en circunstancias normales normales solo dejaría el poder en 2019.

Es posible llamar a un referéndum revocatorio en 2016, lo cual daría lugar a un nuevo proceso electoral. Sin embargo, la oposición tendría hasta finales del año que viene para convocarlo, de lo contrario sería el vicepresidente quien sustituyera a Maduro en el cargo hasta el final de de su período.

La presidencia tiene todavía mucho poder en el país. Es importante recordar que el ejecutivo controla en los hechos todos los poderes del estado, especialmente el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Este órgano es el árbitro que puede tumbar cualquier legislación si la declara inconstitucional, y el as en la manga que se reserva el gobierno.

Una docena de 32 jueces del TSJ iban a finalizar su cargo a finales de 2016. Sin embargo el gobierno, motivado por una posible victoria de la oposición, había comenzado un proceso para obligarlos a dimitirantes de que las elecciones cambiaran el panorama político de la Asamblea. Estos jueces se comprometieron a dejar su cargo, pero el proceso se atascó. Ahora el nuevo parlamento podría acelerar la reestructuración de la corte incluyendo nuevos jueces simpatizantes de fuerzas opositoras. Incluso los propios jueces podrían simplemente cambiarse de bando empujados por los vientos de cambio, algo que no sería inédito en el contexto venezolano. En cualquier caso, hay una oportunidad de cambio rápida y significativa en el equilibrio de poder judicial, un órgano que podría convertirse en un árbitro independiente de la transición.

¿En qué consiste el ideario de la oposición, quiénes son sus líderes? ¿Podría decirse que tienen una estrategia coherente?

El líder de la MUD es Jesús “Chúo” Torrealba, y está entre quienes pueden jugar un papel en unas futuras negociaciones, aunque él no es un político de carrera ni tampoco alguien que aspira a ganar poder en la coalición. El cabeza de partido Primero Justicia es Julio Borges, quien parecía muy contento con el resultado electoral de anoche. Seguramente estará entre quienes se lleven un buen pedazo del pastel de la victoria electoral de la MUD, pero es necesario conocer el escrutinio final para saber quiénes serán las figuras clave en esta amalgama de fuerzas que conforman la oposición.

Una de las cuestiones clave sobre la cual la MUD debe pronunciarse pronto es la liberación de los presos políticos, que son unos 70. Sería muy difícil imaginar a la oposición negociando con el gobierno mientras tengan compañeros en la cárcel, especialmente Leopoldo López, quien fue condenado el pasado 10 de septiembre a 14 años de prisión.

CRISIS GROUP/Sources: CNE, Infobase, El Universal.

¿Cuál ha sido la reacción de los chavistas y qué papel ha jugado? ¿Hay posibilidades de violencia?

El resultado electoral fue especialmente significativo por el hecho de que la oposición no solo estaba enfrentándose a un partido político, sino a todo el aparato del estado. El gobierno no ha tenido escrúpulos a la hora de dedicar recursos públicos, edificios, bienes materiales, y hasta medios de comunicación para apagar cualquier indicio de oposición en el mapa político. El fracaso de su estrategia ha sido estrepitoso.

Los llamados colectivos armados, fuerzas civiles al servicio del chavismo, estaban a la espera de que se les ordenara salir a amedrentar. De hecho, algunos salieron, aunque el retroceso no se hizo esperar. Las órdenes nunca llegaron, o quizá luego se retractaron, lo cual puede leerse como un mensaje de que el régimen entiende la magnitud de su derrota.

Incluso los miembros del gobierno que siempre se negaron a aceptar el cambio deben reconocer que hay una gran mayoría de los venezolanos que sí lo quieren. La comunidad internacional era consciente de que esto podría pasar, e incluso algunos de los aliados más cercanos a Maduro ya le advirtieron que tendría que aceptar los resultados.

¿Cuál ha sido el rol de los países vecinos durante estas elecciones, especialmente los de la región?

Los únicos observadores oficiales en estos comicios vinieron en una misión de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). La misión fue atada de pies y manos con estrictas normativas que la hicieron ineficaz, pero su debilidad no es más que un reflejo de las divisiones internas del organismo.

Algunos de los países con más poder como Brasil o Argentina solo iban a aceptar una solución democrática en estas elecciones, lo cual hubiera dificultado aún más que el gobierno obviara los resultados, especialmente después de que el país se convirtiera en el foco de atención internacional durante los últimos días de campaña.

A pesar de que hasta ahora la UNASUR no le ha sacado la tarjeta amarilla a Venezuela, en todos sus países miembro han surgido voces críticas con el régimen chavista. Comparten la preocupación sobre cómo la crisis social, económica y política que vive el país puede ser un elemento desestabilizador para la región. Estas elecciones facilitarán un consenso entre los países miembro para reconducir a Venezuela a la democracia.

¿Cómo explicaría el hecho de que Venezuela pudiera tener unas elecciones aparentemente tan honestas?

No se jugó limpio en esta campaña y el gobierno hizo todo lo posible para contener la debacle. No solo violó la constitución, sino que además se saltó la ley electoral y de anticorrupción. Sin embargo muchos observadores aseguran que los votos que pasan por el sistema electrónico no sufren alteraciones. Ciertamente el gobierno forzó a algunos ciudadanos a votar en contra de su voluntad, pero esta estrategia ha probado ser bastante ineficaz.

El sistema electoral venezolano instalado desde 1999 y nunca se concibió por el poder como un método pacífico de alternancia en el poder. Para ellos las elecciones eran plebiscitos que ganarían automáticamente porque ellos representaban al ‘pueblo’. La pérdida de poder no entra dentro del ADN revolucionario.

A largo plazo, ¿la oposición heredaría la mala situación económica, los precios bajos del petróleo, la polarización… ?

Si en este momento tomaran el control del gobierno la respuesta es sí, y la oposición se enfrentaría a un panorama complicado. El país está hecho pedazos por la caída del precio del petróleo, que ha provocado la caída del poder adquisitivo de los venezolanos a un tercio, lo cual no es de extrañar sabiendo que su economía depende completamente en la exportación de crudo y derivados.

La oposición no quiere convertirse en el heredero del desastre ni que le echen la culpa por sacar adelante reformas económicas. Hay un interés considerable por ambas partes, incluso entre los más maximalistas, de una solución negociada inclusiva. Nadie se puede permitir llevar en solitario el costo político de un potencialmente doloroso paquete de reformas.

Tras estas elecciones probablemente haya mucho más realismo por parte de ambos bandos. Hoy hay más razones que ayer para creer en en una solución negociada y pacífica que permita a Venezuela salir de la crisis. Pero aún queda un largo camino para llegar a la línea de meta.

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