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Los dramas electorales de Guatemala
Los dramas electorales de Guatemala
Cae el telón sobre la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala
Cae el telón sobre la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala
Guatemalan presidential candidate for National Convergence Front Jimmy Morales addresses the media at his campaign headquarters in Guatemala City, 6 September 2015. REUTERS/Jorge Dan Lopez

Los dramas electorales de Guatemala

En el marco de un drama político sin precedentes, los guatemaltecos votaron el pasado 6 de septiembre por un cambio sustancial en la primera ronda de las elecciones presidenciales. Le otorgaron la victoria – por ahora – a un actor cómico. Pero no queda claro si esto implicará una renovación política, o por el contrario hará borrón y cuenta nueva sobre las acusaciones de corrupción que hicieron caer al anterior presidente y vicepresidenta.

La votación estuvo acompañada de una extraordinaria movilización ciudadana e investigaciones judiciales sobre supuestos hechos de corrupción que resultaron, tan solo tres días antes de la votación, en la dimisión y posterior arresto del presidente del país. Un número record de guatemaltecos acudieron a las urnas, otorgando la mayoría a Jimmy Morales – un comediante con muy poca experiencia política. El segundo puesto fue para la ex primera dama Sandra Torres, quien superó por un estrecho margen al favorito, el empresario Manuel Baldizón. Ambos dirimirán la presidencia el 25 de octubre.

En las calles, en las conversaciones que se escuchan en los cafés y en las llamadas a los programas de televisión, los ciudadanos siguen exigiendo mayor transparencia, tanto en el gobierno como sobre los gastos de campaña. Saben que las investigaciones penales han debilitado, aunque no eliminado, el nexo entre la política y los negocios ilícitos. Sin embargo, para que los extraordinarios eventos de 2015 den paso a un proceso de reforma política más profunda, los reformistas deben transformar su movilización callejera en participación cívica organizada.

El Ministerio Público ha llevado a cabo una amplia campaña anticorrupción con la ayuda de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), un organismo híbrido creado en 2006 con la ayuda de Naciones Unidas para investigar y desmantelar los grupos ilícitos que operan dentro de las instituciones del Estado. Como señaló Crisis Group en abril, el escándalo estalló cuando quedó al descubierto una trama de corrupción conocida como “La Línea”, a través de la cual se habría producido un fraude al estado sobre aranceles aduaneros impagos a cambio de sobornos.

El caso implicó a la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, quien dimitió en mayo, y más tarde al propio presidente Otto Pérez Molina, después que el Congreso votara unánimemente a favor de retirarle la inmunidad presidencial el 1 de septiembre. En un acontecimiento sin precedentes en la historia de Guatemala, el presidente y la vicepresidenta se encuentran detenidos y acusados de corrupción. El nuevo presidente provisional, Alejandro Maldonado, un veterano jurista nombrado para suceder a Baldetti, accedió al poder mediante los procedimientos legales establecidos, tal como exhortó Crisis Group, y presidió los comicios.

Jimmy Morales y Sandra Torres se enfrentarán en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el próximo 25 de octubre. Crisis Group/guatemalaelecciones.com

Morales, el ganador de la primera ronda, se benefició de su popularidad y del hecho de no pertenecer a la clase política que ha sido objeto de las protestas. Es un protestante evangélico conservador cuya campaña se basó en la de no ser “ni corrupto, ni un ladrón”. A sus detractores les preocupa su falta de experiencia, y el hecho que cuenta con el apoyo de grupos de veteranos militares decididos a impedir que se lleven a cabo nuevos juicios por abusos a los derechos humanos cometidos a lo largo de los 36 años del conflicto armado interno del país.

Sandra Torres es conocida por implementar programas sociales en zonas rurales durante el gobierno de su ex esposo Álvaro Colom (2008 – 2012). Sus detractores la tachan de radical, aunque Torres ha intentado acercarse al centro con el nombramiento como su compañero de fórmula de un empresario que mantiene estrechos lazos con los principales grupos empresariales del país. Cuenta con la ventaja de una sólida estructura partidaria a nivel nacional, aunque las autoridades electorales y la CICIG la han acusado de prácticas de campaña injustas y sus detractores señalan otras graves acusaciones.

Un manifestante trepa las columnas de la catedral metropolitana de Guatemala en la manifestación del 27 de agosto. Crisis Group/Arturo Matute

El ganador de la segunda vuelta el 25 de octubre tendrá que gobernar con un congreso dividido. Si bien Baldizón quedó fuera de la segunda ronda, su partido “Líder” cuenta con el mayor número de miembros de la legislatura nacional, con 37 escaños. El partido de Torres, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), obtuvo 28 en la asamblea, lo que podría permitirle forjar alianzas con grupos potencialmente afines, como “Todos”, el partido del ex presidente Alfonso Portillo y otras agrupaciones menores.

Esto podría ayudar a la UNE a impulsar un programa de reformas, lo que según Torres es su objetivo. En respuesta a sus detractores y escépticos sobre el compromiso de la UNE con el cambio, Torres ha llamado al Congreso a aprobar las reformas antes de la nueva legislatura, aunque esto podría tratarse de una táctica de campaña para obtener el apoyo de la clase media urbana, que fue su punto débil en las elecciones . La segunda vuelta podría ser muy disputada. Se espera que Morales obtenga gran parte del voto urbano, mientras que Torres podría conseguir votos de ex partidarios de Baldizón en municipios predominantemente rurales. El ganador asumirá el poder el 14 de enero de 2016.

El presidente Maldonado se ha comprometido a responder a los reclamos de reforma política de los manifestantes instando al actual Congreso a que apruebe reformas a la ley electoral antes de la segunda vuelta. Su gobierno provisional enfrenta además una difícil situación fiscal, que requerirá una cuidadosa distribución de fondos entre instituciones públicas clave, especialmente hospitales, cárceles y la policía.

Cientos de guatemaltecos escribieron en un gigantesco mural desplegado en la principal plaza de la Ciudad de Guatemala en el que expresaron sus deseos y comentarios sobre la democracia en su país. Crisis Group/ Arturo Matute

El presidente presentó una lista de tres candidatos a la vicepresidencia, de entre los cuales el Congreso eligió a Alfonso Fuentes Soria, un ex rector de la universidad nacional y director de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos durante el gobierno de Alfonso Portillo. No está claro si Maldonado, Soria y su recién nombrado gabinete cuentan con la destreza y peso político necesarios en el Congreso para impulsar las reformas.

Grupos de ciudadanos, asociaciones empresariales y activistas se han unido durante la crisis y han alcanzado un consenso básico sobre una agenda mínima de reformas que plantea la regulación más estricta de los partidos políticos y el financiamiento de campañas, el fortalecimiento de la Contraloría General de Cuentas para supervisar las transacciones públicas y brindar mayor transparencia en las contrataciones , el fomento de una administración pública basada en el mérito, el refuerzo de la independencia de los jueces y magistrados, y el fortalecimiento de la capacidad del Ministerio Público para investigar la corrupción.

Lamentablemente, la probabilidad que la mayoría de legisladores apoyen las reformas ha disminuido significativamente después de las elecciones pues ya no existe el incentivo de responder a las demandas electorales. No obstante, desatender la voluntad popular podría resultar imprudente. La sociedad guatemalteca ha madurado mucho más rápido que su sistema político, la ciudadanía se ha movilizado y se ha intensificado su capacidad de plantear demandas de cambio político.

Aún queda mucho por hacer para cumplir las promesas de los Acuerdos de Paz firmados en 1996, cuando se ofreció no solo poner fin a la guerra civil, sino también establecer en Guatemala una democracia mejor, basada en la transparencia, la rendición de cuentas y el fortalecimiento del Estado de derecho. Las manifestaciones pacíficas y la participación ciudadana, combinadas con un mayor control judicial, ya han demostrado ser un buen medio para obligar a los políticos a representar mejor el interés público.

Si estos mecanismos no resultan suficientes como para impulsar las reformas democráticas, aumentará la probabilidad de radicalización, prolongando la crisis y aumentando el riesgo de violencia. Los extraordinarios avances alcanzados durante 2015 son una oportunidad que Guatemala no debe perder.

Next to a sign reading "Rest in peace CICIG", people protest against the United Nations International Commission Against Impunity, CICIG, in Guatemala City on 8 January 2019. Noe Perez / AFP
Q&A / Latin America & Caribbean

Cae el telón sobre la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala

President Jimmy Morales has made good on his promise to shut down a UN-backed commission fighting rampant crime and impunity in Guatemala. Though it leaves a vital legacy, the commission’s exit risks strengthening the hand of criminal networks that operate with state complicity.

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¿Qué ocurrió?

La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), respaldada por la ONU, hoy cierra sus puertas, doce años después de embarcarse en la misión de ayudar al país a judicializar delitos graves y apoyar el Estado de Derecho. La CICIG trabajó con las instituciones judiciales y de seguridad de Guatemala para desmantelar organizaciones criminales e impedir su colusión con funcionarios estatales. La expansión de estas redes criminales había contribuido a duplicar las tasas de homicidios en el país más poblado de Centroamérica entre 1999 y 2006. Para entonces, la tasa anual de homicidios había alcanzado un máximo histórico de 43,6 asesinatos por cada 100 000 habitantes, lo que llevó a un relator de la ONU a lamentar que Guatemala fuera "un lugar indicado para cometer asesinatos, porque es casi seguro que el delito quedará impune".

El presidente saliente de Guatemala, Jimmy Morales, que inicialmente apoyó a la CICIG, hizo de su terminación una prioridad política en los últimos dos años. Un novato político famoso por sus shows de comedia en televisión, Morales asumió el cargo en 2015 ante una ola de indignación pública contra la clase política luego de la renuncia y arresto del entonces presidente Otto Pérez Molina por cargos de corrupción, en un caso de fraude aduanero presentado por la CICIG, por los cuales aún no ha sido juzgado.

Aunque el caso contra Pérez Molina ayudó a allanar el camino para su elección, Morales luego argumentó que la Comisión pisoteó la soberanía de la nación y rutinariamente sobrepasó su mandato. Su hostilidad se intensificó notablemente después de que la CICIG decidió investigarlo a él, a su hijo y a su hermano por fraude, malversación de fondos y financiamiento ilegal de su campaña en 2017. Aunque el Congreso de Guatemala se negó a levantar la inmunidad del presidente Morales en septiembre de 2017 (en efecto protegiéndolo de ser judicializado), y su hermano e hijo fueron absueltos recientemente, la relación de Morales con la CICIG se deterioró permanentemente. En agosto de 2017, Morales declaró al jefe de la CICIG, el jurista colombiano Iván Velásquez, persona non grata. Luego, en 2018, anunció que el mandato de la Comisión, que cumplía su término en septiembre de 2019, no sería renovado. El cierre de la Comisión hoy marca el cumplimiento de esa promesa.

¿Cómo reaccionaron los EE. UU. y otros donantes?

Aunque la decisión de Morales de no renovar el mandato de la CICIG provocó revuelo a nivel nacional e internacional, EE. UU. (el principal donante de la Comisión con casi $45 millones de dólares en contribuciones) decidió no objetar. En septiembre de 2018, el grupo de donantes de la CICIG (conocido como el G13) emitió un comunicado lamentando la decisión del gobierno, el cual no fue firmado por EE. UU.

El cambio radical de EE. UU. respecto a la Comisión fue en parte producto de una efectiva campaña de influencia. Un intenso cabildeo en Washington liderado por políticos y empresarios guatemaltecos, alarmados por las investigaciones sobre las acusaciones de colusión entre compañías y líderes políticos, ayudó a que varios políticos estadounidenses se pusieran en contra de la Comisión. Acusaciones infundadas de que Moscú había infiltrado las investigaciones de la Comisión en 2015 en contra de la familia Bitkov, la cual llegó a Guatemala huyendo de la persecución rusa y luego fue acusada  de conseguir sus documentos de residencia por medios corruptos, ayudaron a dar fuerza a la campaña contra la CICIG en el Congreso de EE. UU.

Mientras tanto, el presidente Morales ganó el favor del gobierno de Trump al trasladar la embajada de Guatemala en Israel de Tel Aviv a Jerusalén en febrero de 2018, y alineándose con los esfuerzos de EE. UU. para deponer al presidente venezolano Nicolás Maduro. También cedió a la línea dura de Washington sobre el control de migración, firmando un acuerdo de “tercer país seguro” en julio de 2019. En caso de que sea ratificado por el Congreso de Guatemala, el acuerdo obligará a los solicitantes de asilo que transitan por Guatemala (provenientes en gran parte de otros países centroamericanos), a presentar sus solicitudes allí en lugar de EE. UU.

El presidente electo, el derechista Alejandro Giammattei, ya ha declarado que no revertirá la decisión de Morales. Él tiene sus propias rencillas con la CICIG, que ayudó a condenarlo y encarcelarlo en 2010 por su presunta participación en la ejecución de siete prisioneros cuando se desempeñaba como director del sistema penitenciario de Guatemala, por lo que luego fue exonerado. Pero la popularidad de la CICIG entre los donantes y el pueblo guatemalteco (el 70 por ciento de los cuales apoya a la Comisión), ha persuadido a Giammattei para que al menos prometa la creación de un organismo de reemplazo. Éste estaría financiado por el Estado y encabezado por tres comisionados guatemaltecos, para no solo judicializar a los corruptos, como hizo la CICIG, sino que, en sus palabras, “entrar a corregir el sistema que fomenta la corrupción”. Sigue habiendo dudas sobre la efectividad de un organismo completamente nuevo, tanto porque necesitaría de años para llegar a ser operativo, como lo hizo la CICIG, y porque los comisionados serían designados por el gobierno entrante, lo que genera interrogantes respecto a su independencia, a pesar de la promesa de Giammattei de garantizar un proceso de selección transparente e inclusivo.

¿La Comisión logró sus objetivos?

La CICIG logró progresos impresionantes, al desempeñar un papel central en numerosos procesos judiciales de alto perfil y en la reducción de la violencia en todo el país. Entre otras cosas, la CICIG dirigió reformas para la creación de un programa de protección de testigos, controles de armas más estrictos y la reglamentación de las órdenes judiciales para interceptaciones telefónicas. Estimuló el establecimiento de tribunales para delitos de alto riesgo, para así proteger la seguridad de las personas involucradas en la judicialización de delitos especialmente graves, y la creación de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) adscrita al Ministerio Público. También capacitó a docenas de fiscales y oficiales de policía en técnicas científicas de investigación criminal, logrando notoriedad en 2010 al demostrar que una presunta víctima de asesinato que afirmó en un video ampliamente difundido que altos funcionarios, incluido el ex presidente Álvaro Colom, habían amenazado su vida, en realidad había planeado su propio asesinato en un acto de desesperación.

Cientos de investigaciones gestadas o apoyadas por la CICIG han disuelto exitosamente fraudes que involucraban a funcionarios prominentes, líderes empresariales, narcotraficantes, extorsionistas y pandillas. Su trabajo ayudó a expulsar a una docena de jueces corruptos y condujo a la destitución de 1 700 policías acusados de corrupción e incompetencia. Según la CICIG, los casos de homicidio sin resolver cayeron del 95 por ciento en 2009 al 72 por ciento en 2012.

Tal como Crisis Group reportó previamente, estos logros salvaron vidas. En los primeros siete años de operaciones de la Comisión, mientras que los vecinos y pares regionales del país experimentaron un aumento anual del 1 por ciento en promedio en las tasas de homicidio, Guatemala experimentó una disminución promedio del 5 por ciento, según cifras del Banco Mundial. En general, Crisis Group estima que la CICIG ha contribuido a una reducción neta de más de 4 500 homicidios entre 2007 y 2017.

¿Qué riesgos enfrenta Guatemala después de la salida de la CICIG?

El mayor peligro es que la impunidad por crímenes graves vuelva a aumentar, así como las tasas de asesinatos y la emigración.

Según un informe reciente de la CICIG, las redes criminales ya han comenzado a retomar técnicas para obstruir las investigaciones judiciales. Esto ha contribuido a un nuevo aumento en las tasas de impunidad, que regresaron al 94,2 por ciento para los casos de homicidio en 2018, lo que indica que las mejoras son frágiles y pueden erosionarse fácilmente a medida que disminuya el apoyo político. Si se hubiera renovado su mandato, la CICIG podría haber ayudado a contener la marea, ya que su presencia trajo consigo el respaldo de la ONU, EE. UU. y Europa en operaciones judiciales robustas y protección para los fiscales y magistrados guatemaltecos. A medida que se acercaba el fin de su mandato, las amenazas y ataques contra jueces de la Corte Constitucional ya se han incrementado. La Fiscal General Consuelo Porras se ha comprometido a consolidar el papel de la FECI, pero no ha confirmado si su fiscalía empleará a los muchos profesionales guatemaltecos que ya han acumulado una considerable experiencia trabajando para la Comisión.

Con la salida de la CICIG, funcionarios y políticos de alto nivel podrían sacar provecho de una menor supervisión, y recaer en patrones de corrupción y colusión estatal con el narcotráfico y otras organizaciones criminales que múltiples casos de la CICIG dejaron al descubierto. La violencia contra activistas de derechos sobre la tierra y otros activistas políticos, de la cual Guatemala ya reporta la tasa per cápita más alta en las Américas, podría empeorar. "Ya estamos comenzando a ver un estancamiento en la tendencia a largo plazo de reducción de homicidios", dijo un analista del Observatorio de Violencia de Guatemala.

Aunque muchos guatemaltecos ya intentan emigrar a EE. UU. por razones principalmente económicas, es probable que un aumento en la corrupción y la inseguridad acelere su huida hacia el norte, creando oportunidades para los delincuentes que se aprovechan de migrantes vulnerables a través de la extorsión, el tráfico de personas y la explotación sexual.

¿Qué importancia tiene el cierre de la CICIG para la región?

El cierre de la CICIG sienta un precedente alarmante. La Comisión tenía un mandato digno, mucho trabajo todavía por hacer y el apoyo del pueblo guatemalteco. Lo que le faltó, en los últimos años, fue apoyo suficiente de los EE. UU. La evaporación del apoyo de Washington envía un claro mensaje de que el gobierno de Trump está dispuesto a canjear la lucha contra la corrupción y la protección del Estado de Derecho a cambio de otros objetivos, incluidos restricciones de la migración y el respaldo para su política sobre Israel. El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, podría sentirse tentado a seguir el ejemplo de Morales al considerar el destino de la Misión de Apoyo contra la Corrupción e Impunidad de Honduras (MACCIH), un organismo respaldado por la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato termina en enero de 2020. Aunque la embajada de EE. UU. en Tegucigalpa ha reiterado su apoyo a la MACCIH, también ha respaldado la solicitud del gobierno hondureño de que la OEA evalúe el trabajo del organismo antes de tomar una decisión final. Será muy importante que EE. UU. no repita la postura de indiferencia que condujo a la desaparición de la CICIG.

Al mismo tiempo, la CICIG deja atrás un conjunto de logros que otros en la región harían bien en imitar. Mientras que las campañas anticorrupción en otros países latinoamericanos, especialmente en Brasil, han enfrentado críticas por su presunto enfoque selectivo, prejuicios políticos y la incapacidad de abordar las condiciones que permiten el florecimiento de la corrupción y la impunidad, resulta mucho más difícil decir lo mismo de la CICIG. De hecho, ambos candidatos en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales en Guatemala enfrentaron investigaciones de la CICIG, y la excandidata Sandra Torres fue detenida el 2 de septiembre, acusada de financiamiento electoral no registrado y asociación ilícita. Al sacudir a la clase política, la Comisión disparó su impopularidad entre funcionarios de alto nivel, lo que aceleró su desaparición, pero también aseguró un legado al que futuros reformadores pueden acudir al asumir el trabajo que ésta se vio obligada a abandonar prematuramente.