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Ciudad Juárez: ¿Transitando del abismo a la redención?
Ciudad Juárez: ¿Transitando del abismo a la redención?
Más que carteles: contando las organizaciones delictivas de México
Más que carteles: contando las organizaciones delictivas de México
Mexican children from Pueblo Nuevo, Oaxaca, are seen through a broken window, August 2009. REUTERS/Jorge Luis Plata
Report 54 / Latin America & Caribbean

Ciudad Juárez: ¿Transitando del abismo a la redención?

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Resumen ejecutivo

Hace tan solo cuatro años, Ciudad Juárez era asediada por miembros de bandas criminales y saboteada por policías corruptos. A pesar del despliegue de miles de soldados y policías federales, la espiral de asesinatos y secuestros estaba sin control. Hoy, Juárez está en vías de recuperación: la inversión pública en programas sociales y reformas institucionales, así como un modelo de participación ciudadana sin precedentes, han contribuido a alejar del abismo a la ciudad que llegó a ser conocida como la “capital mundial del asesinato”. Aún persisten gravísimos problemas. Juárez sigue siendo una indómita ciudad fronteriza con enormes desigualdades, en la que los traficantes y otros criminales no tienen dificultad para encontrar reclutas entre la población mayoritariamente joven, que no cuenta con buenos empleos ni educación. Para sostener los avances logrados, los ciudadanos y los responsables de formular políticas públicas a nivel local deben evaluar los logros y obstáculos, reactivar su alianza, fortalecer las instituciones locales y abordar las desigualdades sociales.

Si bien Juárez sigue siendo frágil, hay motivos para un moderado optimismo: los líderes de la sociedad civil –incluidas las asociaciones empresariales y profesionales, organizaciones sin fines de lucro y académicos– demandan explicaciones al gobierno ante cualquier aumento del delito, reuniéndose periódicamente con funcionarios municipales, estatales y federales en la Mesa de Seguridad y Justicia, un singular organismo independiente integrado por ciudadanos y autoridades. En principio, los tres niveles del gobierno siguen comprometidos con abordar las causas de la violencia mediante programas sociales dirigidos a las comunidades pobres, que han sido las principales víctimas de los asesinatos.

En 2010-2011, el gobierno del presidente Felipe Calderón invirtió más de 380 millones de dólares bajo la iniciativa Todos Somos Juárez (TSJ), con la finalidad de financiar programas sociales diseñados para hacer que las comunidades, especialmente los jóvenes, fueran más resistentes al crimen violento. Gran parte de los fondos se destinaron a ampliar programas existentes para los pobres en áreas urbanas, y a construir o renovar centros comunitarios, escuelas y hospitales. Pero el impacto de estas iniciativas nunca fue evaluado, desperdiciándose una oportunidad para crear programas innovadores y sostenibles, que sean a su vez materia de examen y evaluación externos.

Cuando asumió el gobierno en diciembre de 2012, el presidente Enrique Peña Nieto prometió que su estrategia de seguridad se centraría en la prevención del delito y la violencia, adoptando y adaptando algunas de las estrategias iniciadas por su predecesor. Una de sus primeras acciones fue ordenar a nueve secretarías que unieran sus fuerzas en un programa nacional. Sus objetivos son ambiciosos: promover la participación ciudadana y una cultura de paz y respeto por la ley; abordar los factores de riesgo que hacen a los niños, adolescentes, mujeres y otros grupos vulnerables a la violencia; crear y reclamar espacios públicos para promover la coexistencia pacífica; y fortalecer la capacidad institucional a nivel federal, estatal y municipal.

El Programa Nacional para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (PRO­NA­PRED) canaliza fondos hacia áreas de alto riesgo que sirven además de laboratorios para el cambio social, incluidos tres dentro de Ciudad Juárez. Este enfoque de “acupuntura sociourbana” es prometedor. Los funcionarios afirman que las tasas de criminalidad ya se han reducido en muchas de las áreas abordadas, y prometen que en adelante los avances se medirán mediante estudios detallados. Pero en Juárez el esfuerzo se ha visto plagado de demoras y polémicas. La falta de transparencia en la selección y monitoreo de proyectos ha dado lugar a acusaciones de mala gestión y favoritismo político.

Las autoridades locales se enorgullecen, con razón, de los avances logrados en la reducción de los homicidios y otros delitos de alto impacto como el secuestro, pero aún hace falta más para evitar que Juárez sea víctima de un rebrote de la violencia. El modelo de participación ciudadana plasmado en la Mesa de Seguridad y Justicia debería ampliarse a nivel barrial a fin de empoderar a las comunidades y poblaciones más pobres para monitorear los proyectos de prevención de la violencia y trabajar con las fuerzas de seguridad para combatir el crimen. La policía local debe jugar un papel más importante. Las autoridades a nivel municipal, estatal y federal deberían permitir un mayor escrutinio de sus esfuerzos y elaborar estrategias a largo plazo que tengan continuidad más allá de las próximas elecciones.

Los logros de Juárez y del estado de Chihuahua ofrecen esperanzas para otras ciudades y regiones mexicanas que aún sufren de violencia endémica, incluido el asesinato, perpetrado a menudo con la complicidad de las autoridades locales. El eje de la acción federal se ha trasladado al noreste, donde el estado de Tamaulipas encabeza la lista de secuestros en el país, y al suroeste, donde el estado de Guerrero y la ciudad de Acapulco ostentan las tasas de homicidio per cápita más altas. Las autoridades nacionales han desplegado soldados y policías en estas regiones, a la vez que han prometido financiar programas sociales, al igual que hicieron en Chihuahua hace unos años.

Pero no han sido capaces de contener la crisis de confianza en el gobierno a todos los niveles: municipal, estatal y federal. El secuestro y aparente asesinato de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa por parte de una banda criminal con el supuesto apoyo de policías corruptos desencadenó protestas violentas en Guerrero y marchas masivas en la Ciudad de México. Tal vez la lección más importante de Juárez sea que el delito debe ser abordado mediante el esfuerzo conjunto de las autoridades y los ciudadanos. Las soluciones opacas, desde arriba, que no respondan a las inquietudes de las comunidades locales –escuchando sus ideas y solicitando su apoyo – probablemente no logren producir avances sostenibles contra la plaga del delito violento.

A soldier stands guard outside the Municipal Presidency in Villa Union, Coahuila state, Mexico, on December 2, 2019. Julio Cesar AGUILAR / AFP

Más que carteles: contando las organizaciones delictivas de México

The “war on drugs” has not smashed Mexican organised crime but broken it into smaller fragments that fight each other for turf. The sheer difficulty of counting the criminal groups underscores the scale of the government’s challenge in protecting the public.

El año 2019 fue el más violento en la historia mexicana reciente, debido en gran parte a una escalada de enfrentamientos entre facciones del crimen organizado. Pero la atención prestada por los medios de comunicación a la suerte de capos del narcotráfico como El Chapo pasa por alto las realidades en terreno que parecen estar elevando las tasas de homicidios cada vez más. En general, las organizaciones criminales mexicanas se han vuelto cada vez más pequeñas y sus actividades se han restringido a lugares cada vez más específicos. Luchan por modestas fracciones de la economía, como la producción y distribución de tabaco, aguacates e hígados de marsopa, un manjar en la cocina china. Grupos afiliados a organizaciones criminales más grandes también entran en estas disputas por control de terrenos en algunas localidades. Los datos sugieren que México está estancado: entre más éxito tiene el gobierno dando golpes militares a los carteles, más facciones emergen y más difícil es forjar algún tipo de paz.

Sin una mejor comprensión de esta fragmentación, el gobierno tendrá dificultades para diseñar políticas efectivas que frenen los conflictos relacionados con las drogas.

En mayo de 2019, como parte del lanzamiento de su estrategia nacional de lucha contra el crimen, el Presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció la existencia de 37 “carteles”, muchos de ellos facciones de organizaciones más grandes. Esta cifra subestima significativamente el número de grupos existentes. Pero en su intento por llegar a una cifra exacta, el gobierno puso en evidencia la gran dificultad de mapear el submundo mexicano, que se ha fragmentado bajo la presión militar de la “guerra contra las drogas” de los gobiernos anteriores. Sin una mejor comprensión de la escala y el carácter de esta fragmentación, el gobierno tendrá dificultades para diseñar políticas efectivas que frenen los conflictos relacionados con las drogas. Nadie, por ejemplo, tiene respuestas exactas a preguntas sobre cómo la “guerra contra las drogas” ha fracturado el crimen organizado; cómo, a su vez, este fenómeno está relacionado con la mayor intensidad de la violencia; o cómo el gobierno podría ajustar sus políticas para enfrentar grupos criminales de distintos tamaños y estructuras. Hasta que el gobierno sepa cuándo y por qué se forman nuevos grupos criminales, y cómo este proceso afecta al conflicto, seguirá enfrentando grandes desafíos para poner fin al ciclo de fragmentación y violencia.

Los desafíos para llegar a una cifra exacta

CRISISGROUP

Entender a estos grupos criminales (cómo operan, cómo se relacionan entre sí, cómo responden a las políticas gubernamentales) es fundamental para explicar el aumento de los homicidios en México. Pero obtener información precisa para este fin plantea un gran desafío práctico. Por lo general, los investigadores emplearían información de prensa, pero informar sobre el crimen es extremadamente difícil. México es el país más peligroso para los periodistas en el hemisferio occidental, a pesar de los esfuerzos del gobierno federal de ofrecer protección, y la autocensura generada por la amenaza de represalias hace que la calidad de los informes sobre la “guerra contra las drogas” sea cuestionable, particularmente en las regiones más afectadas por el conflicto.

Para complicar aún más las cosas, en el 2011 muchos de los grandes medios de comunicación mexicanos acordaron “omitir y desechar información que provenga de los grupos criminales con propósitos propagandísticos”. La intención era evitar que estos grupos usaran a la prensa para intimidar y constreñir al público, pero en la práctica significó que algunos medios dejaron de publicar sus declaraciones. Como resultado, muchas veces el público no se entera cuándo han surgido nuevos grupos, porque las organizaciones más pequeñas o emergentes a menudo usan propaganda, como pancartas colgadas en las calles o declaraciones publicadas en Facebook, para anunciar su llegada.

Además, muchos grupos criminales en México operan a una escala tan pequeña que los medios pueden considerarlos demasiado insignificantes para reportar sobre ellos. A medida que las facciones se vuelven cada vez más locales, o cada vez más especializadas en la extorsión o el tráfico de productos específicos, tienden a salir del radar. Sin embargo, estos pequeños actores juegan un papel importante en las crecientes tasas de violencia de México y tienen gran incidencia en la vida de muchas personas.

“Narcoblogs”

Crisis Group ha desarrollado un mejor método para identificar cuáles y cuántos grupos criminales están operando en México: el análisis de “narcoblogs”, sitios web anónimos que incorporan noticias de actividades de carteles tanto de medios de comunicación como de ciudadanos comunes. Los narcoblogs, informa The Guardian, ponen al descubierto “día tras día, la horrible violencia censurada por los principales medios de comunicación”. Al igual que los periodistas profesionales, los operadores de estos sitios web enfrentan un peligro considerable. La creadora de uno de los primeros narcoblogs huyó de México después de que su compañero la llamara para decirle una sola palabra: “corre”. Pero por ser anónimos, los blogs pueden evitar la autocensura y al emplear sobre todo testimonios ciudadanos, así como informes de prensa, pueden ofrecer una imagen más completa de la “guerra contra las drogas” que los medios tradicionales.

Para crear una base de datos de grupos violentos que operan en México, Crisis Group comenzó por “extraer” los principales sitios web; es decir, descargar automáticamente el texto de las publicaciones de una manera que pueda procesarse en datos. Usamos en particular Borderland Beat, un narcoblog en inglés dirigido por mexicoamericanos, porque tiene la cobertura más prolongada y consistente de la violencia relacionada con las drogas en México. Identificamos los nombres de posibles redes criminales utilizando el procesamiento de lenguaje natural (técnicas computacionales diseñadas para simplificar y darle sentido a textos complejos), y luego codificamos manualmente los posibles grupos para conformar una lista de organizaciones operativas.

Hallazgos

En total, identificamos 463 grupos criminales operando en México entre mediados del 2009 y el 2019.

En total, identificamos 463 grupos criminales operando en México entre mediados del 2009 y el 2019. Solo alrededor de la mitad de estos han aparecido en El Universal, uno de los periódicos más grandes del país. La primera gráfica muestra el número de grupos mencionados en Borderland Beat y El Universal desde el 2010, el primer año completo de publicaciones del narcoblog. Estas cifras podrían disminuir si se encuentra que ciertas organizaciones operan bajo varios nombres, o si se excluyen algunos grupos locales, pero de todas formas apuntan a un fuerte aumento en la actividad criminal. Tan solo en el 2019, Borderland Beat mencionó 198 grupos, en comparación con 98 en el 2010. Vemos una duplicación similar en la cobertura de El Universal, a pesar de que la existencia de grupos más pequeños tiende a no ser reportada en los principales medios de comunicación. Incluimos a una organización si encontrábamos que esta operaba con un nombre único, una señal de que estaba funcionando al menos de forma semi independiente. Cincuenta y dos grupos fueron identificados únicamente por el nombre de su líder.

Grupos armados en México reportados en el narcoblog Borderland Beat; Y axe: Número de grupos armados ; X axe:Año; (source) Fuente: Datos basados en análisis de datos de BorderlandBeat.com y ElUniversal.com.mx. CRISISGROUP

Identificar a estos grupos criminales, incluso aquellos afiliados o aliados a grandes carteles, es importante porque su proliferación muestra lo multifacética que se ha convertido la “guerra contra las drogas” en México. Dos grupos llamados Los M y Gente Nueva se enfrentaron en el estado de Durango, por ejemplo, aunque en ese momento ambos empuñaban la bandera del Cartel de Sinaloa. Los 28 estaban operando como sicarios independientes antes de que el Cartel de Jalisco Nueva Generación los reclutara para matar a los hijos de El Chapo. Una organización dirigida por El Teo, conocida como Los Teos, se alió inicialmente con el Cartel de los Arellano Félix, antes de realinearse con el Cartel de Sinaloa.

Dada la complejidad de las relaciones entre bandas, también rastreamos si un grupo está aliado, emergió de o pertenece a otra organización. De los identificados, al menos 135 eran células de grandes carteles. Estamos ampliando estos datos utilizando fuentes externas para identificar mejor las conexiones entre los actores criminales. Treinta y uno de los grupos identificados eran autodefensas, rondas locales que combaten el crimen, lo que indica que algunos de estos grupos tienen sus propios vínculos criminales. Es probable que hayamos subestimado esta cifra, ya que muchas autodefensas operan con nombres genéricos nuestra investigación no podría identificar.

Nuestro siguiente paso es conectar a estos grupos con los municipios donde operan. El nuevo informe de Crisis Group sobre el estado de Guerrero incluye un mapa con el número de grupos armados en cada municipio en 2018 y 2019, basado en El Blog del Narco, el narcoblog más popular de México. Para garantizar la validez de estos hallazgos, codificamos manualmente cada publicación relacionada con Guerrero para determinar si un grupo operaba en un municipio o región determinada. Replicar este método en todo el país llevaría mucho tiempo; sin embargo, estamos explorando formas de ampliar nuestra codificación o mejorar el algoritmo que conecta grupos y municipios.

A continuación, se muestran algunos mapas preliminares para todo México, aunque estos deben interpretarse con precaución. Para la realización de estos mapas, consideramos que un grupo está operando en un municipio simplemente si los nombres del grupo y la localidad se mencionan en la misma publicación, lo que probablemente genere muchos "falsas positivos". Nuestros datos aún no reflejan cuando los blogs mencionan regiones y ciudades, en lugar de municipios específicos, lo que significa que podemos estar subvalorando la presencia de algunos grupos en ciertas áreas. Hasta el momento tampoco ajustamos nuestros datos al hecho de que es posible que los blogs no mencionen la presencia de grupos todos los años, aunque estos continúen operando en un municipio: si una organización aparece en una región en 2016 y 2018, es muy posible que también estuviera operando allí en 2017.

Grupos armados por municipio 2010. CRISISGROUP
Grupos armados por municipio 2019. CRISISGROUP

Lo que revelan los datos

Hasta donde sabemos, este proyecto es el primer intento de identificar a todos los grupos armados no estatales en México, la gran mayoría de los cuales están vinculados a delitos violentos. Es posible que el número de 463 grupos encontrados no incluya a todos los grupos existentes, y hay limitaciones importantes en cuanto a lo que sí se incluye. Los grupos criminales tienden a aparecer en los narcoblogs cuando se involucran en actos de violencia, hay arrestos, anuncian sus actividades o caen bajo el escrutinio del gobierno. Es probable que los datos incluyan más grupos que buscan alguna forma de control territorial, y que omitan a algunas organizaciones que trafican drogas de manera discreta. Esperamos reducir el problema de los grupos ausentes mediante la extracción de datos de otros narcoblogs, algunos de los cuales ya no son mantenidos. Por ahora, la mejor manera de entender nuestros datos es como un seguimiento de grupos criminales violentos que luchan por el control de territorio.

Estos datos pueden ayudar a explicar la dinámica de la violencia criminal y la formación de grupos en México, y los desafíos que enfrentan las estrategias de resolución de conflictos a nivel regional y nacional. Por ejemplo, puede ayudar a entender cómo las políticas de seguridad del gobierno han afectado la fragmentación y cómo este proceso a su vez se relaciona con el alto número de delitos violentos, particularmente homicidios. Los datos también se pueden utilizar para comprender cómo algunas variables económicas, tal como los cambios en los precios de productos básicos o la aparición de nuevas rutas de tráfico, pueden afectar la entrada o salida de grupos. En los últimos años, por ejemplo, el aumento de la demanda de aguacate ha llevado a los carteles a luchar por el control del comercio de este producto. Especialmente dada la cantidad de pequeños grupos locales que ahora participan en conflictos relacionados con las drogas, los datos muestran que centrarse en el desmantelamiento de los principales carteles es insuficiente para reducir la violencia. Sugiere que nuevas políticas, como esfuerzos específicos de prevención de reclutamiento, planes regionales de intervención o iniciativas de reintegración y desarme, pueden ser más adecuados para este fin. Los narcoblogs también sirven como una rica fuente para rastrear otras características de la violencia criminal, como el uso de propaganda por parte de los carteles y la proliferación de grupos de autodefensa.

Comprender las causas y las consecuencias de esta fragmentación será esencial para abordar las raíces de la crisis de México.

Nuestros datos muestran un aumento considerable en el número de actores criminales en México en los últimos diez años. A medida en que operan más grupos, la violencia entre ellos se potencializa y los intentos de negociación, como el de Guerrero, son cada vez más difíciles de coordinar. Comprender las causas y las consecuencias de esta fragmentación será esencial para abordar las raíces de la crisis de México.