El temor de Israel a un reconocimiento de Palestina
El temor de Israel a un reconocimiento de Palestina

El temor de Israel a un reconocimiento de Palestina

Se vuelve a reactivar el debate sobre el reconocimiento del Estado palestino, ¿por qué?

La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) asegura que 134 países han reconocido al Estado palestino. Este reconocimiento, que en la mayoría de los casos se remonta a la declaración de independencia palestina en 1988, no ha tenido apenas repercusiones en las negociaciones para poner fin al conflicto y no ha supuesto casi ninguna diferencia en las vidas de los palestinos. Aunque el reconocimiento por parte de los países que aún se resisten, concentrados en Europa occidental y Norteamérica, tampoco cambiará mucho la situación.

No obstante, debido al peso moral y diplomático que se atribuye a las naciones de Europa occidental, el crispado debate sobre el reconocimiento del Estado palestino ha vuelto a reactivarse debido al reciente apoyo a la idea en la resolución, simbólica y no vinculante, votada por el Parlamento británico, a una promesa realizada por el nuevo primer ministro sueco, y a la insinuación lanzada por el ministro de Exteriores francés de que su país “naturalmente tendrá que asumir sus responsabilidades” si las negociaciones entre Israel y Palestina siguen fracasando.

Es la reacción a estos hechos por parte de Israel y sus partidarios la que ha otorgado a este reconocimiento el poco poder que contiene. El Gobierno estadounidense reitera con frecuencia su oposición a acciones unilaterales que puedan perjudicar el resultado de unas negociaciones, incluyendo la construcción regular de edificios más allá de las fronteras anteriores a 1967 de Israel y la búsqueda de la OLP de un reconocimiento para el Estado palestino.

Pero estas dos formas de unilateralismo son fundamentalmente distintas. De una de ellas se puede alegar, con razón, que perjudica el resultado de futuras negociaciones, dado que el propio Israel admite que una de las principales dificultades para la resolución del conflicto es el alto coste político y económico de reubicar a una porción significativa de su población de colonos, que crece cada vez más deprisa. La otra forma de este presunto unilateralismo (que es en realidad una forma de multilateralismo) —la campaña de la OLP a favor del reconocimiento internacional del Estado palestino— no puede de ninguna manera perjudicar el resultado de futuras negociaciones, ya que no es un tema sujeto a negociación. Las dos partes enfrentadas, incluyendo al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, están de acuerdo en que la negociación que ponga fin al conflicto tendrá como resultado la creación del Estado palestino.

EE UU y otras naciones occidentales aseguran estar a favor de la independencia de Palestina. Pero se niegan al reconocimiento formal del Estado palestino sobre la base de que dicho Estado solo se debería crear a través de negociaciones bilaterales que pongan fin al conflicto.

Este argumento ofrece un poder de veto a Israel no solo sobre la creación de un Estado palestino —un veto que Tel Aviv, como poder ocupante, indudablemente ostenta— sino también sobre las políticas exteriores (es decir, el simple acto de otorgar reconocimiento diplomático) de naciones como Estados Unidos que desean, con cada vez menor credibilidad, presentarse a sí mismas como amigas de los palestinos.
 

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