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¿Se puede derrotar militarmente al Eln?
¿Se puede derrotar militarmente al Eln?
¿Tienen futuro las negociaciones con el ELN?
¿Tienen futuro las negociaciones con el ELN?

¿Se puede derrotar militarmente al Eln?

Originally published in El Espectador

Negociar sigue siendo la mejor opción frente al Eln. Sin embargo, el grupo recientemente ha minado fuertemente la viabilidad política de la negociación en más de una ocasción. Si no se le puede derrotar y no parece querer negociar en serio, ¿qué se debería hacer? 

El paro armado del Eln llevado a cabo en estos últimos días hizo que el proceso de negociación con esa guerrilla, que ya estaba en crisis, se volviera aun más políticamente precario. Además fortaleció las voces, entre ellas de candidatos presidenciales, que argumentan que hay que acabar con los diálogos. Algunos han propuesto que se debería buscar la derrota militar del grupo guerrillero, bajo el supuesto que esta sería una meta factible.

Esta hipótesis parece tener bases sólidas porque el Eln, en términos de combatientes en armas, es más pequeño que las Farc en sus peores momentos. Además, puesto que las Farc han dejado sus armas, se cree que la Fuerza Pública puede concentrar la gran mayoría de su poder bélico contra el Eln. Esta guerrilla, por lo tanto, tendría sus días contados. Sin embargo, vale la pena preguntar si es realmente posible esa derrota militar.

Hay dos respuestas. La primera es que no se puede derrotar al Eln militarmente ni en el corto ni en el mediano plazo. Esta guerrilla hoy en día cuenta con alrededor de 2.000 combatientes en el monte, pero también con una red de civiles mucho más grande que actúa cuando es necesario y brinda reclutas a las estructuras rurales, lo cual puede abastecer al Eln por muchos años sin mayores problemas. El flagelo del reclutamiento forzado, en el cual ha participado estructuras de esta guerrilla, según han denunciado varias comunidades y organizaciones locales, también le garantizará más combatientes, y de la peor manera posible.

La existencia de esta red de civiles no significa que haya comunidades enteras elenas, sino que el Estado tendrá el desafío de identificar su enemigo, es decir, saber quién es quién en cada territorio, mientras respeta los derechos de la población civil. Eso requiere inteligencia de calidad, y se requiere mucho tiempo para conseguirla. La captura de cinco líderes indígenas en Chocó el año pasado por supuestamente pertenecer a la red de apoyo al Eln, liberados poco tiempo después por falta de pruebas, muestra lo difícil que es desarticular una red de estas características.

El incremento de la participación directa del Eln en las economías ilegales, incluso el narcotráfico y la extorsión, le asegura recursos financieros por un buen tiempo. El control de muchos pasos fronterizos con Venezuela también le provee importantes ingresos económicos. Además el país vecino sirve de lugar de escondite, de descanso y de retaguardia para algunas de las estructuras más poderosas de esa guerrilla, dificultando así una estrategia de golpe a los altos mandos, lo cual sin duda haría parte de un plan de derrota militar.

Finalmente, el Eln solo se referirá a su propia historia, cuando después de la Operación Anorí y otras crisis internas de los años 1970, quedó en su punto más bajo con menos de 40 combatientes rurales. Aunque el contexto actual es distinto al de hace 40 años, el grupo guerrillero de pronto creerá que puede revivirse de nuevo aún en una situación claramente adversa, lo cual solo servirá para prolongar el conflicto armado.

La segunda respuesta a la pregunta se remite al costo humanitario, ambiental, político y económico de un conflicto armado por tiempo indefinido, el cual sería muy alto. Una guerra de baja intensidad durante una o dos décadas conllevaría a más víctimas de minas antipersonales, más desplazamiento forzado, más reclutamiento forzado y más muertes, entre otros crímenes y sufrimientos. A la vez la previsible continuación de ataques contra la infraestructura petrolera seguirá proporcionando daños ambientales.

Al nivel político, solo hay que mirar al nivel internacional y los esfuerzos de Colombia por quitarse la imagen de país en guerra, afligido por el narcotráfico. Es difícil ver cómo se logrará este objetivo si prosigue un conflicto de tiempo indefinido con el Eln. Recientemente, el gobierno de Trump recomendó a sus ciudadanos que no viajaran a cuatro departamentos colombianos por culpa del conflicto con los elenos, lo cual, aunque provenía del gobierno de Trump, tuvo un eco político importante. Además, una guerra abierta contra el Eln reforzará sus propias justificaciones para su existencia y “resistencia”.

Otros dicen que hay un camino intermedio el cual es golpearle al Eln para que negocie con seriedad. Sin embargo, es poco probable que esa estrategia también funcione en el corto plazo. Considerando su análisis del Estado y la oligarquía que los ve con un lente de represor permanente de movimientos populares, más su estrategia de “resistencia armada”, lo más probable es que mantenga ese discurso, y a la vez se fortalezcan las estructuras guerrilleras que creen que la guerra es el mejor camino.

En otras palabras, negociar sigue siendo la mejor opción con el Eln. Sin embargo, el grupo recientemente ha minado fuertemente la viabilidad política de la negociación en más de una ocasión. Surge la pregunta, si no se le puede derrotar y no parece querer negociar en serio, ¿Qué se debería hacer?

Por ahora hay que insistir en las negociaciones, esperando un gesto de voluntad política seria por parte del Eln para que el gobierno vuelva a sentarse en Quito. Pero si esto no surge pronto (teniendo en cuenta que el paro armado fue un “gesto” totalmente en el sentido contrario), es probable que la mesa de negociación caiga.

En el escenario de un proceso de paz abandonado, las acciones militares tendrían un propósito muy específico dentro de una estrategia política más amplia, y deberían apuntar a ejercer control territorial para realmente garantizar la seguridad y respeto para la población civil mientras al mismo tiempo se busca generar desarrollo económico local, basado en procesos de participación desde abajo.

Finalmente, si cae la mesa de negociación, al Eln se le podrá golpear militarmente pero no vencerle completamente en el corto plazo. Sin embargo, el riesgo más grande que correría el grupo guerrillero es quizás peor: volverse políticamente irrelevante.

¿Tienen futuro las negociaciones con el ELN?

Originally published in Razón Pública

La decisión del gobierno colombiano de levantarse de la mesa después del atentado en Barranquilla profundiza la crisis del proceso de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Las divisiones internas del ELN y el hecho de no pactar otro cese al fuego podrían darle el golpe de gracia a las negociaciones.

Un proceso en el limbo

La suspensión de la mesa de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) comenzó cuando este grupo guerrillero dio fin al cese al fuego bilateral, ignorando los llamados de la sociedad civil, el gobierno y la comunidad internacional. Y a raíz del atentado del 27 de enero en Barranquilla, la crisis que resultó de esta suspensión se ha hecho más profunda.

En este contexto han surgido varias preguntas: ¿por qué el ELN cometió este atentado?, ¿cómo se puede entender esta crisis?, ¿qué pasará de ahora en adelante?

Antes del atentado, la mesa de negociación pasaba por un momento difícil debido a su decisión de no renovar el pacto de cese al fuego bilateral y temporal. El grupo basó su decisión en lo siguiente:

  • Afirmaron que el Estado aprovechó el cese para enviar militares a zonas “elenas” y quitarles territorio,
     
  • por el continuo asesinato de líderes sociales,
     
  • por el avance de los “paramilitares” en diferentes zonas,
     
  • y por la promesa incumplida del gobierno de mejorar la situación de los guerrilleros presos.


Los protocolos y el lenguaje ambiguo del comunicado donde anunciaban el cese al fuego dieron pie a una serie de acusaciones de ambas partes, las cuales no pudieron ser resueltas por el mecanismo de verificación; esta fue la razón por la cual el ELN se retiró del ente verificador en diciembre de 2017.

Acto seguido, la violencia se acentúo y el proceso de negociación quedó políticamente minado; la sociedad colombiana respondió con serios cuestionamientos sobre las motivaciones del ELN.

Razones desconocidas

En medio de esta intensa tensión, una de las fracciones del ELN, el Frente de Guerra Urbano Nacional (FGUN), llevó a cabo un atentado contra un CAI de policía en Barranquilla el 27 de enero. Seis policías murieron y más de cuarenta personas resultaron heridas.

El ataque contra jóvenes policías indefensos en formación, varios de los cuales sin duda alguna provenían de las clases populares que el ELN dice defender, causó un rechazo general en el país y sembró más dudas acerca de su voluntad de negociación. Aumentaron tanto las voces que se oponían al proceso como el número de personas que están a favor del proceso de paz con las FARC pero que se muestran escépticas frente a las negociaciones con el ELN.

Es muy probable que este atentado lo haya cometido el FGUN como parte de una estrategia de “consolidación y fortalecimiento” -anunciada en un comunicado- con el objetivo de enviar un fuerte mensaje político-militar a todo el país, un acto habitual del ELN.

​La violencia se acentúo y el proceso de negociación quedó políticamente minado; la sociedad colombiana respondió con cuestionamientos sobre las motivaciones del ELN.

Sin embargo esta unidad guerrillera no fue capaz de prever los costos políticos que tendría el ataque, aunque en principio estos parezcan obvios. Su manera dogmática y vieja de entender la guerra provocó un cálculo desastroso y un resultado atroz.

Otros creen que el FGUN actuó de esa forma para sabotear las negociaciones, ya que los urbanos dentro del ELN suelen ser más radicales que los del monte. A pesar de ser esa una posibilidad, no concuerda con el tono del comunicado del ELN sobre sus decisiones estratégicas, donde defienden el trabajo por la participación de la sociedad en pro de la paz.

A diferencia del Frente de Guerra Occidental (FGO), el FGUN no ha declarado la vigencia de la rebelión armada. El FGO está abiertamente en contra de la negociación, pero dice acatar las decisiones generales de esta guerrilla.

Varias figuras de la oposición creen que el ataque fue perpetrado para asegurar mejores resultados en la mesa de negociación; este argumento tiene por lo menos tres debilidades:

  1. El Comando Central del ELN, en voz de Pablo Beltrán, no sabía del atentado, dado que la autonomía de los frentes les permite actuar con bastante independencia.
     
  2. El ataque minó el apoyo político para las negociaciones y al ELN en general, lo cual dificulta aún más conseguir un “mejor” resultado en la mesa.
     
  3. El balance de poder militar entre las partes no tuvo ningún cambio por el atentado, lo cual impide que la guerrilla tenga una mejor posición para negociar.


Terquedad y resistencia

Por ahora los diálogos se han suspendido, lo cual puede entenderse como un levantamiento temporal de las negociaciones. De aquí en adelante solo hay dos caminos: Reanudar las negociaciones, con el retorno del gobierno a la mesa, o cerrar totalmente el proceso, reanudando el conflicto armando abierto.

El ELN está unido internamente en la guerra pero no frente a la paz.

Frente a este panorama, desafortunadamente, lo más probable es el cierre del proceso de negociación y la consiguiente reanudación del conflicto. La condición del gobierno para retomar el proceso de negociación es que el ELN esencialmente detenga todos sus actos violentos.

No obstante es difícil imaginar que la totalidad de la guerrilla opte por ese camino; personajes como Pablito -miembro del Comando Central y fuerte opositor de las negociaciones-, tienen bastante influencia dentro del grupo, en efecto, tienen el poder de veto sobre el futuro del proceso. Si el ELN quiere evitar fracciones internas, lo más probable es que detenga las negociaciones si no son afines a la voluntad y deseo de todo el grupo.

Esta resistencia para negociar se da por diferentes razones:

  • Partes del ELN siguen creyendo en la “resistencia armada”, una figura según la cual  esta guerrilla ya no tiene que tumbar al gobierno sino apenas resistirse a la influencia del Estado y las multinacionales, y avanzar en la creación de un poder popular paralelo en lo local.
     
  • Los intereses económicos y de poder pueden jugar un papel importante, pues los frentes que rechazan más las negociaciones son militarmente más fuertes y los más dotados económicamente.
     
  • Hay una intensa desconfianza en el gobierno y el Estado que varias unidades del ELN parecen no poder superar. Según la tesis de un experto, lo único que podrá unir las partes pro y anti-negociación del ELN es la participación social.


Según parece haber concluido el ELN, el cese al fuego produjo un resultado negativo para ellos, lo cual puede haber fortalecido las facciones anti-negociación.

El ELN quiere un nuevo cese, pero sus condiciones -como detener las muertes de los líderes sociales- hacen imposible la verificación y cumplimiento del mismo. Un nuevo cese que no se pueda verificar, medir y cumplir haría tanto daño a la mesa que seguramente le pondría fin.

Existe una salida

A pesar de lo anterior, no es imposible que el gobierno vuelva a la mesa. El balón está ahora en la cancha del ELN, y existen métodos para impulsarlo a detener la violencia.

Uno de estos métodos consiste en que tanto la sociedad civil que apoya el proceso como los habitantes de los territorios con presencia “elena” y la comunidad internacional presionen al ELN para dejar la violencia con el fin de que las partes vuelvan a negociar y para que la participación social, planteada desde un principio en la agenda, se pueda realizar y en un ambiente de tranquilidad.

La presión de la sociedad civil local ha tenido cierto efecto sobre el FGO, quien a pesar de su oposición abierta al proceso de negociación, ha ejecutado pocas acciones armadas después del final del cese al fuego bilateral.

Según lo sugieren las conclusiones del ELN, el cese al fuego produjo un resultado negativo para ellos, lo cual puede haber fortalecido las facciones anti-negociación.

La otra vía es que el gobierno tome la iniciativa y reduzca las acciones contra el ELN temporalmente mientras concentra todos sus esfuerzos en capturar y judicializar a los responsables del atentado en Barranquilla. Esto podría darle el tiempo, confianza y coherencia –en palabras del Presidente Santos- necesarios para que el grupo guerrillero tome la decisión de detener los actos hostiles y violentos.

Aunque este argumento tiene un toque de optimismo no justificado (por ejemplo: el ministerio de Defensa ha prometido más bombardeos en el Chocó), el hecho de que Santos esté en sus últimos meses de gobierno le permite hacer un gesto que de otra forma, sería  políticamente inaceptable.

Igualmente, tal generosidad tendría que ir acompañada por señales muy claras de que realmente ésta es la última oportunidad, y al fallar, este y el próximo gobierno enfrentará al grupo con toda la fuerza, lo cual de todas formas, al caer la mesa, sería el resultado.

El ELN está unido internamente en la guerra pero no frente a la paz, cada día que pasa en esta crisis aumenta la presión sobre el grupo para volver a la mesa y detener la violencia o seguir en la guerra y acabar con las negociaciones.

Es difícil ver una salida pero no es imposible, ojalá el ELN -en su conjunto- lo vea así también.