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Más allá de las ganancias fáciles: las fronteras de Colombia
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EU Watch List: 10 Cases Where the EU can Build Peace in 2022 (Online Event, 28th January 2022)
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Report 40 / Latin America & Caribbean

Más allá de las ganancias fáciles: las fronteras de Colombia

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Resumen Ejecutivo

El mejoramiento de las relaciones entre Colombia y sus vecinos no ha aliviado la difícil situación de las comunidades fronterizas. Durante quince años, las fronteras porosas  han ofrecido ventajas estratégicas a grupos armados ilegales y han facilitado extensas economías ilícitas exponiendo por ello  a las comunidades fronterizas a los efectos de un intenso conflicto armado. Esto se agrava debido a la débil presencia de las instituciones públicas. La guerra provocó una emergencia humanitaria y empeoró las relaciones sobre todo con Ecuador y Venezuela, los vecinos más afectados. El impulso del desarrollo de la periferia y la reconstrucción de los lazos diplomáticos son prioridades para el Presidente Juan Manuel Santos. A poco más de un año en el poder,  sus nuevas políticas indudablemente han generado dividendos diplomáticos y algunos avances en materia de seguridad. Sin embargo, aún falta enfrentar la parte más difícil. Hay que redoblar los esfuerzos para mejorar la situación humanitaria y fortalecer la capacidad de la autoridad civil, labores que quizás hayan quedado descuidadas en medio del agravamiento parcial del conflicto. De lo contrario, la paz en las turbulentas regiones fronterizas seguirá siendo una quimera, y la dinámica de esas regiones seguirá alimentando la guerra en Colombia.

Las regiones fronterizas fueron involucradas en el conflicto armado a mediados de la década de 1990, cuando se convirtieron en escenarios importantes para los grupos armados ilegales, la mayoría financiados por el narcotráfico. Una ofensiva durante el gobierno de Álvaro Uribe, el antecesor de Santos, arrojó en esas regiones sólo frágiles ganancias. El cultivo de hoja de coca y el narcotráfico siguen siendo importantes. La violencia ha disminuido en la mayor parte de las regiones, pero sigue siendo más grave a lo largo de las fronteras que en la totalidad del país, y se ha deteriorado la seguridad en algunas zonas a medida que los Nuevos Grupos Armados Ilegales y sucesores de los  paramilitares (NGAI) extienden sus operativos y las guerrillas recuperan su fuerza. La estrategia de Uribe también implicó altos costos diplomáticos. Las relaciones con los vecinos se volvieron tóxicas a raíz de un ataque aéreo efectuado por Colombia en 2008 contra un campamento del principal grupo guerrillero, las FARC, ubicado en Ecuador muy cerca de la frontera y a raíz de acusaciones contra Venezuela por darle refugio a la guerrilla.

La solución del problema fronterizo ha sido una prioridad para el nuevo gobierno de Colombia. El Presidente Santos ha actuado con rapidez para restaurar las relaciones diplomáticas con Ecuador y Venezuela, y se empiezan a crear o reactivar plataformas intergubernamentales. Todas las partes tienen un fuerte compromiso político con la preservación de esta restablecida amistad, pese a la presencia persistente de grupos armados ilegales en ambos países vecinos. La cooperación en materia de seguridad está mejorando. El gobierno ha promulgado una reforma constitucional que tiene por objeto redistribuir las regalías procedentes de las concesiones petroleras y mineras, una medida que probablemente aumentará los fondos destinados a la inversión pública en muchas regiones periféricas que en la actualidad no se benefician de la bonanza. En un afán por arrojar resultados tangibles en el corto plazo, la cancillería colombiana lidera la implementación de proyectos que tienen por objeto estimular el desarrollo social y económico en municipios fronterizos.

La agenda de Santos representa un cambio sustancial en las políticas, pero, ante un conflicto que persiste en las regiones fronterizas y que se presenta con cada vez mayor impacto en territorio venezolano y ecuatoriano, los problemas persisten. Sobre este reto, es importante enfrentar tres problemas. Primero, hay que hacer más para aumentar la presencia de la autoridad civil en las empobrecidas zonas fronterizas. La militarización de las fronteras no ha logrado avances sostenibles en materia de seguridad, y los esfuerzos de la fuerza pública para aumentar la confianza de la población local continúan siendo socavados por los abusos contra los derechos humanos y las violaciones del derecho internacional humanitario. Ecuador y Venezuela enfrentan problemas crecientemente similares. Las fuerzas públicas de los tres países tienen que actuar de acuerdo con las normas y centrarse más en la seguridad ciudadana, y sus autoridades civiles tienen que tomar la delantera en la prestación de servicios.

En segundo lugar, las respuestas a los graves problemas humanitarios son hasta ahora insuficientes. Colombia sigue enfrentando dificultades para atender a los desplazados internos y a otras víctimas del conflicto, un gran número de las cuales cruzan las fronteras en busca de protección. Sin embargo, su protección no ha sido una prioridad en Venezuela, lo cual ha dejado a una población de 200.000 personas en una situación de aguda vulnerabilidad. Lo anterior contrasta con la respuesta de Ecuador, país que ha reconocido a unos 54.000 refugiados colombianos, dándoles documentación. Sin embargo, desde enero de 2011, Ecuador ha restringido su política, exponiendo a estas personas a nuevos riesgos. Los gobiernos son reacios a darle más peso a un asunto potencialmente conflictivo en las relaciones bilaterales, pero mirar hacia otro lado sólo agravará los problemas en el largo plazo.

En tercer lugar, aún hacen falta espacios e instituciones eficaces para la solución mancomunada de problemas y la promoción del desarrollo fronterizo. Esto refleja en parte la reticencia de los vecinos a reconocer alguna responsabilidad en un conflicto que, a su juicio, es un asunto interno de Colombia, pero que en realidad se sostiene gracias a redes criminales transnacionales y que cobra cada vez más víctimas en cualquier lado de las fronteras. La alta volatilidad diplomática también perjudica los esfuerzos por institucionalizar una cooperación que debería basarse en la participación de las autoridades locales, la sociedad civil y el sector privado. En una región donde las crisis diplomáticas suelen ser frecuentes, el actual mejoramiento en el clima político les ofrece a los gobiernos la oportunidad de fomentar la presencia de la autoridad civil, mejorar la situación humanitaria y lograr que las relaciones sean más sostenibles. Deben aprovecharla.     

Bogotá/Bruselas, 31 de octubre de 2011

Event Recording / Global

EU Watch List: 10 Cases Where the EU can Build Peace in 2022 (Online Event, 28th January 2022)

Crisis Group’s Watch List identifies ten countries or regions at risk of deadly conflict or escalation thereof in 2022. In these places, early action, driven or supported by the EU and its member states, could enhance prospects for peace and stability.