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¿Tienen futuro las negociaciones con el ELN?
¿Tienen futuro las negociaciones con el ELN?
CrisisWatch 2018 January Trends & February Alerts
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¿Tienen futuro las negociaciones con el ELN?

Originally published in Razón Pública

La decisión del gobierno colombiano de levantarse de la mesa después del atentado en Barranquilla profundiza la crisis del proceso de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Las divisiones internas del ELN y el hecho de no pactar otro cese al fuego podrían darle el golpe de gracia a las negociaciones.

Un proceso en el limbo

La suspensión de la mesa de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) comenzó cuando este grupo guerrillero dio fin al cese al fuego bilateral, ignorando los llamados de la sociedad civil, el gobierno y la comunidad internacional. Y a raíz del atentado del 27 de enero en Barranquilla, la crisis que resultó de esta suspensión se ha hecho más profunda.

En este contexto han surgido varias preguntas: ¿por qué el ELN cometió este atentado?, ¿cómo se puede entender esta crisis?, ¿qué pasará de ahora en adelante?

Antes del atentado, la mesa de negociación pasaba por un momento difícil debido a su decisión de no renovar el pacto de cese al fuego bilateral y temporal. El grupo basó su decisión en lo siguiente:

  • Afirmaron que el Estado aprovechó el cese para enviar militares a zonas “elenas” y quitarles territorio,
     
  • por el continuo asesinato de líderes sociales,
     
  • por el avance de los “paramilitares” en diferentes zonas,
     
  • y por la promesa incumplida del gobierno de mejorar la situación de los guerrilleros presos.


Los protocolos y el lenguaje ambiguo del comunicado donde anunciaban el cese al fuego dieron pie a una serie de acusaciones de ambas partes, las cuales no pudieron ser resueltas por el mecanismo de verificación; esta fue la razón por la cual el ELN se retiró del ente verificador en diciembre de 2017.

Acto seguido, la violencia se acentúo y el proceso de negociación quedó políticamente minado; la sociedad colombiana respondió con serios cuestionamientos sobre las motivaciones del ELN.

Razones desconocidas

En medio de esta intensa tensión, una de las fracciones del ELN, el Frente de Guerra Urbano Nacional (FGUN), llevó a cabo un atentado contra un CAI de policía en Barranquilla el 27 de enero. Seis policías murieron y más de cuarenta personas resultaron heridas.

El ataque contra jóvenes policías indefensos en formación, varios de los cuales sin duda alguna provenían de las clases populares que el ELN dice defender, causó un rechazo general en el país y sembró más dudas acerca de su voluntad de negociación. Aumentaron tanto las voces que se oponían al proceso como el número de personas que están a favor del proceso de paz con las FARC pero que se muestran escépticas frente a las negociaciones con el ELN.

Es muy probable que este atentado lo haya cometido el FGUN como parte de una estrategia de “consolidación y fortalecimiento” -anunciada en un comunicado- con el objetivo de enviar un fuerte mensaje político-militar a todo el país, un acto habitual del ELN.

​La violencia se acentúo y el proceso de negociación quedó políticamente minado; la sociedad colombiana respondió con cuestionamientos sobre las motivaciones del ELN.

Sin embargo esta unidad guerrillera no fue capaz de prever los costos políticos que tendría el ataque, aunque en principio estos parezcan obvios. Su manera dogmática y vieja de entender la guerra provocó un cálculo desastroso y un resultado atroz.

Otros creen que el FGUN actuó de esa forma para sabotear las negociaciones, ya que los urbanos dentro del ELN suelen ser más radicales que los del monte. A pesar de ser esa una posibilidad, no concuerda con el tono del comunicado del ELN sobre sus decisiones estratégicas, donde defienden el trabajo por la participación de la sociedad en pro de la paz.

A diferencia del Frente de Guerra Occidental (FGO), el FGUN no ha declarado la vigencia de la rebelión armada. El FGO está abiertamente en contra de la negociación, pero dice acatar las decisiones generales de esta guerrilla.

Varias figuras de la oposición creen que el ataque fue perpetrado para asegurar mejores resultados en la mesa de negociación; este argumento tiene por lo menos tres debilidades:

  1. El Comando Central del ELN, en voz de Pablo Beltrán, no sabía del atentado, dado que la autonomía de los frentes les permite actuar con bastante independencia.
     
  2. El ataque minó el apoyo político para las negociaciones y al ELN en general, lo cual dificulta aún más conseguir un “mejor” resultado en la mesa.
     
  3. El balance de poder militar entre las partes no tuvo ningún cambio por el atentado, lo cual impide que la guerrilla tenga una mejor posición para negociar.


Terquedad y resistencia

Por ahora los diálogos se han suspendido, lo cual puede entenderse como un levantamiento temporal de las negociaciones. De aquí en adelante solo hay dos caminos: Reanudar las negociaciones, con el retorno del gobierno a la mesa, o cerrar totalmente el proceso, reanudando el conflicto armando abierto.

El ELN está unido internamente en la guerra pero no frente a la paz.

Frente a este panorama, desafortunadamente, lo más probable es el cierre del proceso de negociación y la consiguiente reanudación del conflicto. La condición del gobierno para retomar el proceso de negociación es que el ELN esencialmente detenga todos sus actos violentos.

No obstante es difícil imaginar que la totalidad de la guerrilla opte por ese camino; personajes como Pablito -miembro del Comando Central y fuerte opositor de las negociaciones-, tienen bastante influencia dentro del grupo, en efecto, tienen el poder de veto sobre el futuro del proceso. Si el ELN quiere evitar fracciones internas, lo más probable es que detenga las negociaciones si no son afines a la voluntad y deseo de todo el grupo.

Esta resistencia para negociar se da por diferentes razones:

  • Partes del ELN siguen creyendo en la “resistencia armada”, una figura según la cual  esta guerrilla ya no tiene que tumbar al gobierno sino apenas resistirse a la influencia del Estado y las multinacionales, y avanzar en la creación de un poder popular paralelo en lo local.
     
  • Los intereses económicos y de poder pueden jugar un papel importante, pues los frentes que rechazan más las negociaciones son militarmente más fuertes y los más dotados económicamente.
     
  • Hay una intensa desconfianza en el gobierno y el Estado que varias unidades del ELN parecen no poder superar. Según la tesis de un experto, lo único que podrá unir las partes pro y anti-negociación del ELN es la participación social.


Según parece haber concluido el ELN, el cese al fuego produjo un resultado negativo para ellos, lo cual puede haber fortalecido las facciones anti-negociación.

El ELN quiere un nuevo cese, pero sus condiciones -como detener las muertes de los líderes sociales- hacen imposible la verificación y cumplimiento del mismo. Un nuevo cese que no se pueda verificar, medir y cumplir haría tanto daño a la mesa que seguramente le pondría fin.

Existe una salida

A pesar de lo anterior, no es imposible que el gobierno vuelva a la mesa. El balón está ahora en la cancha del ELN, y existen métodos para impulsarlo a detener la violencia.

Uno de estos métodos consiste en que tanto la sociedad civil que apoya el proceso como los habitantes de los territorios con presencia “elena” y la comunidad internacional presionen al ELN para dejar la violencia con el fin de que las partes vuelvan a negociar y para que la participación social, planteada desde un principio en la agenda, se pueda realizar y en un ambiente de tranquilidad.

La presión de la sociedad civil local ha tenido cierto efecto sobre el FGO, quien a pesar de su oposición abierta al proceso de negociación, ha ejecutado pocas acciones armadas después del final del cese al fuego bilateral.

Según lo sugieren las conclusiones del ELN, el cese al fuego produjo un resultado negativo para ellos, lo cual puede haber fortalecido las facciones anti-negociación.

La otra vía es que el gobierno tome la iniciativa y reduzca las acciones contra el ELN temporalmente mientras concentra todos sus esfuerzos en capturar y judicializar a los responsables del atentado en Barranquilla. Esto podría darle el tiempo, confianza y coherencia –en palabras del Presidente Santos- necesarios para que el grupo guerrillero tome la decisión de detener los actos hostiles y violentos.

Aunque este argumento tiene un toque de optimismo no justificado (por ejemplo: el ministerio de Defensa ha prometido más bombardeos en el Chocó), el hecho de que Santos esté en sus últimos meses de gobierno le permite hacer un gesto que de otra forma, sería  políticamente inaceptable.

Igualmente, tal generosidad tendría que ir acompañada por señales muy claras de que realmente ésta es la última oportunidad, y al fallar, este y el próximo gobierno enfrentará al grupo con toda la fuerza, lo cual de todas formas, al caer la mesa, sería el resultado.

El ELN está unido internamente en la guerra pero no frente a la paz, cada día que pasa en esta crisis aumenta la presión sobre el grupo para volver a la mesa y detener la violencia o seguir en la guerra y acabar con las negociaciones.

Es difícil ver una salida pero no es imposible, ojalá el ELN -en su conjunto- lo vea así también.

Commentary

CrisisWatch 2018 January Trends & February Alerts

The latest edition of Crisis Group's monthly conflict tracker highlights dangers of new conflict in Somaliland, Afghanistan and Syria. CrisisWatch also notes that February's winter Olympics on the Korean Peninsula represent a chance for peace against a great background risk of war.

January saw violence rise in Afghanistan, likely to continue in February as conflict parties compete to gain the upper hand ahead of spring offensives. Clashes look set to escalate in north-west Syria, with the regime ramping up its push against rebels and Turkey launching an assault on Kurdish-held Afrin. In Yemen, southern separatists fought government forces, their erstwhile allies, to take control of Aden city in the south. In West Africa, both Mali and Niger experienced a rise in jihadist violence, in Nigeria deadly attacks between herders and farmers spiralled, and Equatorial Guinea said it had thwarted an attempted coup. In the Horn of Africa, Somaliland troops clashed with neighbouring Puntland’s forces and both sides looked to be preparing for more hostilities. In Colombia, peace talks between the government and the National Liberation Army were suspended following a spate of guerrilla attacks. The Venezuelan government’s announcement of early elections sparked a crisis of confidence in talks with the opposition. Meanwhile, peace talks between North and South Korea provide an opportunity for de-escalation, however the threat of war on the peninsula is higher now than at any time in recent history.

With peace talks stalled, Afghanistan experienced a rise in deadly attacks by all armed actors, at a tempo and intensity that could persist as conflict parties try to gain the upper hand ahead of spring offensives. The Afghan National Security Forces claimed to have killed about 2,000 Taliban and Islamic State-Khorasan Province (IS-KP) fighters since late December, while attacks by the Taliban and the IS-KP have left scores dead. In one incident in Kabul claimed by the Taliban, a bomb in an ambulance killed more than 100. Recognising that Afghanistan risks facing escalating violence in 2018, Crisis Group has stressed that diplomatic channels should be preserved and a political settlement pursued.

In Syria’s north west, Turkey’s air and land offensive against Kurdish “People’s Protection Units” (YPG) in Afrin, and regime advances against rebels in Hama and Idlib provinces, marked a severe escalation and paved the way for worse fighting in February. As we warned, Turkey’s offensive among a hostile population and in difficult territory could easily become a prolonged fight against a gritty insurgency, further strain its alliance with the YPG’s main backer, the U.S., and provoke Kurdish attacks at home. A deal would serve both sides better. In Yemen’s port city of Aden, southern separatists – nominally allied with the government in its fight against Huthi rebels – routed government forces from much of the city; dozens died in the fighting.

Suspected jihadist gunmen and suicide bombers in Mali upped deadly attacks against the military and French Barkhane forces, especially in Ménaka region in the east. In neighbouring Niger, Boko Haram militants increased attacks against the army in the south east, killing at least ten soldiers. To confront these rural insurgencies in the Sahel, in tandem with military efforts, authorities and foreign partners should promote local mediation and peacebuilding initiatives and, where possible, try to engage militant leaders. Nigeria’s expanding conflict between herding and farming communities spiralled in January with at least 200 killed across five states. Also in West Africa, Equatorial Guinea said it had foiled a coup attempt; 39 mercenaries were arrested in southern Cameroon.

Tensions between Somaliland and Puntland state in Somalia turned violent when on 8 January Somaliland troops seized the town of Tukaraq in the disputed Sool region, pushing out Puntland forces. With fighters exchanging fire on 28 January and both sides reportedly mobilising more manpower, February could see further hostilities.

In Colombia, amid a climate of mistrust at the negotiating table and a general atmosphere of public scepticism and apathy, peace talks between the government and the National Liberation Army (ELN) guerrilla group were suspended on 29 January following a spate of guerrilla attacks. In Venezuela, the government’s announcement that it will hold early elections “before 30 April”, in defiance of ongoing talks with the opposition, sparked a crisis of confidence in the talks, greatly reducing the prospects of a viable agreement to resolve the political standoff.

In Kosovo, the murder of moderate Serb politician Oliver Ivanovic in Mitrovica on 16 January triggered shock and condemnation within Kosovo and by the U.S., EU and others in the international community, who called for all sides to remain calm, exercise restraint and avoid dangerous rhetoric.

North and South Korea conducted multiple rounds of peace talks in January and agreed to conduct several joint activities in the coming months. This came after Seoul responded positively to North Korean leader Kim Jong-un’s offer of immediate and unconditional talks with South Korea in his annual New Year’s address. As Crisis Group reports state, the thaw in relations offers an opportunity to dial down tensions and reduce the immediate risk of conflict through some form of de-escalatory deal between the U.S. and North Korea. Nevertheless, the threat of catastrophic war on the peninsula is higher now than at any time in recent history, and escalation could quickly resume after the Olympics.

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Contributors

Director of Research & Special Adviser on Gender
iarradon
Research Manager
BranczikAmelia
Senior Research Analyst
neddalby