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Haití, Tres Años Después
Haití, Tres Años Después

Hacia un Haiti post-MINUSTAH: hacia una transición efectiva

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Resumen ejecutivo

La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) ha cumplido su octavo año. El debate respecto a su retirada se ha intensificado bajo el gobierno del Presidente Michel Martelly, quien lleva un año en el cargo. La oposición a la presencia de la misión esta enmarcada en el orgullo nacionalista del país, el enfado por la epidemia de cólera vinculada a la fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y la publicidad que rodea los inaceptables abusos cometidos por un pequeño número de soldados pertenecientes a la misión. Sin embargo, incluso los críticos de ésta admiten que la Policía, aún limitada, no puede garantizar la seguridad para proteger a los ciudadanos, la aplicación de la ley ni afianzar la estabilidad política. El verdadero debate no es sobre si MINUSTAH deber irse sino sobre cuándo, y sobre qué cambiar en Haití y en el mandato, estructura y comportamiento de la misión para asegurar que el retiro progresivo de ésta este ligado con instituciones más fuertes y con el progreso hacia la estabilidad duradera y el desarrollo.

El 8 de marzo de 2012 el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dio la bienvenida al progreso en Haití y confirmó el inicio de la disminución del componente militar de MINUSTAH con el objetivo de retornar a los niveles previos al devastador terremoto que golpeó la isla en enero del 2010. Antes de la renovación del mandato de la misión de mantenimiento de la paz que tendrá lugar en octubre, y con discusiones preliminares planeadas para agosto, la ONU, las naciones latinoamericanas que proveen el grueso de las tropas, los contribuyentes internacionales, los donantes y la nación haitiana deben llegar a un consenso. Dicho consenso debe ser construido en base a un análisis objetivo del desempeño de MINUSTAH en el pasado y las prioridades para su restructuración, así como en base a la continua inestabilidad política de Haití, su débil institucionalidad y la pobreza extrema.

Haití permanece atrapada en una profunda crisis política, social y económica. A pesar de la presencia de 12,000 militares y policías de la ONU y de la reanudación de una ayuda significativa tras el terremoto, el progreso en la reconstrucción, el desarrollo y la aplicación de la ley es decepcionante. Haití necesita, al menos, el doble de su número actual de policías, quienes deben contar con una capacitación y examen adecuados, ser desplegados y estar en capacidades para proteger a sus ciudadanos y a las fronteras de las amenazas del crimen tanto interno como transnacional. Un segundo plan de desarrollo de la Policía a cinco años debe ser adoptado e implementado para hacer un seguimiento a dicho crecimiento y la policía debe hacer parte de un amplio y profesional sistema de justicia firmemente fundado en la aplicación de la ley. El gobierno de Martelly debería poner en pausa el restablecimiento del Ejército hasta que estas metas sean cumplidas.

Tanto el gobierno haitiano como el Consejo de Seguridad de la ONU están buscando la forma de poner fin a MINUSTAH, pero sería insensato apresurar dicho proceso dados los serios vacíos en el proceso de consolidación de la seguridad y la justicia. A pesar de las voces que defienden un retiro más rápido de MINUSTAH, es poco probable que un retiro pueda o deba ser completado antes de un tercer traspaso pacífico del poder democrático, el cual tendrá lugar dentro de cinco años, al final de la presidencia de Martelly. Dicho traspaso debe corresponder con la culminación del segundo plan de desarrollo de la Policía a cinco años.

Un retiro apresurado de MINUSTAH no le conviene ni a Haití ni a los donantes, pero la misión si necesita ser repensada y renovada. En base a otras transiciones estatales asistidas por la ONU que enfrentaron o enfrentan retos equiparables, como por ejemplo, Sierra Leona y Liberia, la presencia de la ONU en Haití debería pensar una MINUSTAH reconfigurada, con una fuerza de tropas reducida pero capaz y una presencia policial robusta. Esa transformación se movería de una fuerza Capitulo VII dominada por lo militar, hacia una misión política patrocinada por el Consejo de Seguridad para finales del año 2016. Dicha misión podría coordinar todo el conjunto de agencias de la ONU bajo la figura del representante especial del Secretario General (RESG) en apoyo a una agenda integrada de construcción de paz establecida en conjunto con el gobierno haitiano.

MINUSTAH ha disminuido exitosamente la potencial amenaza de un derrocamiento del estado por parte de actores violentos organizados, que era su razón de ser fundamental. La misión ha mejorado la seguridad en la mayor parte del país, principalmente por medio de la reducción de la violencia armada en Cité Soleil y en otros barrios pobres. La misión también ha proporcionado contribuciones invaluables en operaciones logísticas a nivel nacional, desde asistir a la distribución y recolección de material en las elecciones de 2006, 2009 y 2010 hasta apoyar la entrega de asistencia humanitaria tras las tormentas del 2008 y el terremoto del 2010.

MINUSTAH tiene que pensar más allá de la estabilización y enfocarse en consolidar sus logros. Para esto, debe proveer apoyo estratégico para el fortalecimiento de las instituciones encargadas de la aplicación de la ley de manera que la reconstrucción, la inversión privada y el desarrollo puedan prosperar. También debe encontrar una forma más efectiva de trabajar con instituciones estatales frágiles, cuya continuada composición partidista negó a Haití, durante la mayor parte del año pasado, la posibilidad de contar con un gobierno que funcionase. Una evaluación de las contribuciones que, desde el 2004, ha hecho MINUSTAH a la estabilidad y del estado actual de la reconstrucción y el desarrollo del país son vitales para comprender las oportunidades que existen para una reducción sostenible del conflicto y la violencia.

Este informe evalúa el impacto de MINUSTAH y explora cómo la contribución de ésta puede ser mejorada. También analiza las opciones disponibles para un eventual y ordenado retiro de la misión que permita a las autoridades haitianas y a la comunidad internacional afrontar de una mejor forma un escenario post-MINUSTAH. El informe provee recomendaciones para una agenda de mantenimiento de la paz dirigida hacia la seguridad, la aplicación de la ley y la gobernanza, así como hacia una transición planificada que elimine la necesidad de una misión de la ONU para el mantenimiento de la paz una vez la presidencia de Martelly llegue a su fin, en el 2016.

Puerto Príncipe/Bogotá/Bruselas, 2 de agosto de 2012

Haití, Tres Años Después

Originally published in Reforma

Tres años después del terremoto que sacudió a Haití, el país se encuentra en una carrera contra el tiempo para convencer a sus ciudadanos, a donantes y a posibles inversionistas de que el progreso y la estabilidad son realmente factibles y no sólo una ilusión.

De todos los desafíos, el continuo retraso en llevar a cabo elecciones libres y justas representa el más urgente de todos. El Presidente Michel Martelly lucha desde hace 18 mesespor gobernar una nación dividida. Carece de una base política estable para obtener la aprobación a su estrategia de desarrollo de cinco puntos: empleo, Estado de Derecho, educación, medio ambiente y energía.

Ahora Martelly debe partir sobre la base del tenue acuerdo de Nochebuena de 2012 con el fin de que un órgano electoral creíble desarrolle prontamente las demoradas elecciones al senado, municipales y locales.

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