A Vital Humanitarian Mandate for Syria’s North West
A Vital Humanitarian Mandate for Syria’s North West

Declaración sobre Siria

Asumiendo que el congreso estadounidense lo autorice, Washington (junto con algunos de sus aliados), pronto emprenderá un ataque militar contra objetivos del régimen sirio. Siendo así, habrá llevado a cabo tal acción por razones lejanas en gran medida a los intereses del pueblo sirio. El gobierno de Estados Unidos ha mencionado la necesidad de castigar, disuadir y prevenir el uso de armas químicas -un objetivo defendible, aunque el pueblo sirio ha sufrido atrocidades mucho más mortales durante el curso del conflicto sin que esto hubiera provocado una acción colectiva en su defensa. El gobierno también se refiere a la necesidad, dada la “línea roja” declarada por el presidente Obama en contra del uso de armas químicas, de proteger la credibilidad de Washington -de nuevo, un objetivo comprensible pero poco probable de impactar al  pueblo sirio. Lejos de hablar de indignación, disuasión y restauración de la credibilidad estadounidense, la prioridad debe ser el bienestar de los sirios. Independientemente de si se ordene un ataque militar o no, esto sólo se puede lograr a través de un alto al fuego y de una transición política ampliamente aceptada.

Medir exactamente con antelación el impacto de un ataque militar estadounidense, independientemente de su alcance y de esfuerzos para calibrarlo cuidadosamente, es por definición una tarea imposible. En un conflicto que se ha asentado en un patrón, si bien familiar, mortal -y en una región cerca del punto de ebullición- un ataque militar introducirá de manera inevitable un elemento poderoso de incertidumbre. Las consecuencias serán casi impredecibles. Sin embargo, se pueden hacer varias observaciones sobre lo que puede y no puede hacer:

  • Un ataque militar no será, ni podrá ser, adoptado con incluso un mínimo consenso internacional; en este sentido, el intento de presentar una evidencia sólida del uso de armas químicas por parte del régimen sirio, aunque necesario, es también inútil. Teniendo en cuenta los pretextos falsos que informaron la invasión estadounidense de Iraq en 2003 y, desde entonces, la polarización regional e internacional aunada a la dinámica del propio conflicto sirio, la evidencia presentada por Estados Unidos no será suficiente para convencer a los incrédulos y el escepticismo será generalizado.
     
  • Podría desalentar el uso futuro de las armas químicas al señalar castigos aún más duros en caso de reincidencia -un logro importante por sí mismo. Sin embargo, si el régimen se encontrara luchando por su supervivencia, esa consideración no tendría gran peso. Algunos dentro de la oposición también podrían estar tentados a utilizar tales armas y luego culpar al régimen, precisamente con el fin de provocar una nueva intervención estadounidense.
     
  • Podría desencadenar una escalada de violencia dentro de Siria puesto que el régimen  podría tomar venganza contra los rebeldes y las zonas controladas por los rebeldes, mientras que la oposición trata de aprovechar la oportunidad para crear sus propias ganancias.
     
  • Una escalada de la violencia a nivel regional o internacional (tales como medidas de represalia por parte del régimen, Irán o Hezbolá, en particular contra Israel) es posible pero no probable debido a los riegos involucrados, aunque esto podría depender del alcance de los ataques.
     
  • La acción militar, sobre la que Estados Unidos ha declarado que no tendrá como objetivo provocar el colapso del régimen, podría incluso no tener un efecto duradero sobre el equilibrio de poder en el terreno. En efecto, el régimen podría registrar una victoria propagandística al alegar que se mantuvo firme contra EE.UU. y consolidar la opinión nacional y regional en torno a un lema anti-occidental y anti-imperialista.

En última instancia, la cuestión principal en relación con un posible ataque militar es si los esfuerzos diplomáticos para resolver el conflicto podrían ser reanudados al concluir el ataque. La experiencia dice que no: a raíz de un ataque condenado como ilegal e ilegítimo, el régimen y sus aliados no se encontrarán en un estado de ánimo para negociar con EE.UU. Calibrar cuidadosamente el ataque para hacer el daño suficiente para cambiar sus cálculos pero no lo suficiente para provocar represalias o impedir la diplomacia suena en teoría atractivo, pero en la práctica no es factible.

Independientemente de si EE.UU. decide lanzar una ofensiva militar, su responsabilidad debe ser de tratar de optimizar las posibilidades de un avance en el campo diplomático. Esto requiere de un doble esfuerzo que hasta la fecha está ausente: el desarrollo de una oferta realista de compromiso político así como un llamado auténtico tanto a Rusia como a Irán de una manera capaz de suscitar su interés -en lugar de ubicarse en un conflicto prolongado que tiene la capacidad aparente de escalar sin límites.

Bajo estos principios, EE.UU. debe presentar -y los aliados de Siria deben de considerar de manera seria y constructiva- una propuesta basada en los siguientes elementos:

  1. Es imprescindible ponerle fin a esta guerra. La persistencia del conflicto incita de manera inevitable la escalada de la violencia, la inestabilidad regional y el embrollo internacional.
     
  2. La única salida es política. Esto requiere de concesiones de largo alcance y una reducción de las demandas de todas las partes. El único resultado viable es un acuerdo que proteja los intereses de todos los grupos sirios y refleje en lugar de altere el equilibrio estratégico en la región.
     
  3. La crisis siria presenta una oportunidad importante para probar si Estados Unidos y la República Islámica de Irán pueden trabajar juntos en asuntos regionales para restaurar la estabilidad.
     
  4. Un resultado político viable en Siria no puede ser uno en el que el liderazgo actual se mantenga de manera indefinida en el poder, pero más allá de eso, EE.UU. debe ser flexible en lo que respecta a los plazos y las modalidades específicas.
     
  5. Estados Unidos tiene un gran interés en evitar el colapso del estado sirio y el vacío político que podría resultar como consecuencia de este colapso. Así pues el objetivo debe ser una transición que se base en las instituciones existentes y no las sustituya. Esto es cierto en particular con respecto al Ejército.
     
  6. Se debe de dar prioridad a garantizar que ningún componente de la sociedad siria sea blanco de represalias, discriminación o marginalidad en el contexto de una solución negociada.

Tal propuesta debe ser la base para que se renueven los esfuerzos por parte de Lakhdar Brahimi, enviado de las Naciones Unidas y la Liga Árabe, y conducir a una convocatoria pronta de una segunda Conferencia de Ginebra.

El debate sobre un posible ataque -su acierto, alcance y legitimidad ante la ausencia de la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU- ha oscurecido y distraído de lo que debería ser la principal preocupación internacional: cómo revitalizar la búsqueda de un acuerdo político. Dejando a un lado las discusiones sobre su legalidad, cualquier acción militar prevista debe juzgarse en función de si se logra o no esa meta.

Bruselas

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