No dejemos que Darfur caiga en el olvido
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A Critical Window to Bolster Sudan’s Next Government
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Op-Ed / Africa

No dejemos que Darfur caiga en el olvido

En 2004, un habitante del campo de refugiados de Abu Shok, en Darfur, dijo: “La tienda donde vivo es pequeña, pero aun así estoy dispuesto a vivir en ella para siempre. No quiero abandonar el campo hasta que llegue la paz, y creo que llevará tiempo. La guerra en Sudán del Sur duró más de veinte años”. Diez años después, este mismo hombre sigue viviendo en Abu Shok.

En Darfur los enfrentamientos armados continúan y en las regiones fronterizas del sur de Kordofán y del Nilo Azul los combates se han reanudado. Incluso en Sudán del Sur, donde la independencia alcanzada hace poco más de un año parecía haber puesto fin a décadas de conflicto, la guerra ha estallado de nuevo.

Una vez más, el conflicto interno en Sudán del Sur amenaza con relegar a Darfur a un segundo plano. Sin embargo, no podemos olvidar que todos los conflictos del antiguo Sudán están relacionados y tratarlos independientemente sería un tremendo error. Como así lo ha demostrado la incapacidad de la comunidad internacional de dar una respuesta aislada a la crisis darfurí.

El conflicto en Darfur nunca ha dejado de evolucionar. Mientras que los ataques de los “Janjawid” (milicias pro-gubernamentales) contra las comunidades no-árabes continúan; en la actualidad el mayor número de enfrentamientos se producen entre las propias milicias tribales árabes, los cuales han provocado el desplazamiento de más de 450.000 personas solo en 2013. Los últimos combates han sido en su mayoría una prolongación de las antiguas rivalidades por el control de la tierra y por el poder local, luchas entre las nuevas y viejas estructuras de poder que ahora poseen armamento pesado.

El gobierno está pagando el precio de las malas decisiones del pasado, como la de armar a ciertos de grupos tribales y la división tribal de las estructuras administrativas. El descontento de los árabes de Darfur con el poder central es cada vez mayor. Además, la crisis económica hace que sea difícil para el gobierno, situado en la lejana Jartum, conservar la lealtad de los poderes locales.  Así, mientras sus propios aliados se enfrentan, el gobierno  hace muy poco por proteger a las comunidades afectadas, por miedo a que su intervención acabe empujando a una de las partes en brazos de la rebelión. Su falta de reacción incrementa el riesgo de que todos los actores beligerantes se vuelvan contra Jartum e impide la aplicación del desarme prometido por el gobierno.

Pero más allá de los errores del Régimen, la comunidad internacional también ha fracasado ampliamente en su “responsabilidad de protección” de los civiles. Las fuerzas combinadas de la Unión Africana y Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en Darfur (MINUAD) han sido objetivo de numerosos ataques y se han mostrado incapaces de impedir la ejecución de civiles ante sus propios ojos.

A todo ello se suma que las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas han sido totalmente ineficaces. Ni el embargo de armas ha sido respetado ni la prohibición de los ataques aéreos ha llegado a hacerse realidad. Hasta ahora, únicamente cuatro personas han sido sancionadas por haber atacado a civiles y a fuerzas de mantenimiento de la paz, o por haber violado el acuerdo de alto el fuego firmado en 2004, ya que los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no han conseguido ponerse de acuerdo sobre los nombres que deberían ser añadidos a la lista; de la misma manera que no consiguen llegar a un acuerdo sobre cualquier asunto relacionado con Sudán.

Recientemente, tanto China como Rusia, han impedido la inclusión en una resolución de un texto claro a favor de un proceso político nacional. Además, durante mucho tiempo, los dos países se han opuesto a los intentos de los Estados Unidos de aplicar medidas punitivas. Pero los miembros permanentes del Consejo de Seguridad tampoco han sido capaces de ponerse de acuerdo en el empleo de incentivos. Aspectos como el apoyo a la reducción de la deuda, el levantamiento de las sanciones económicas o el aplazamiento de los procedimientos de la Corte Penal Internacional contra el presidente Bashir, pueden hacer que el gobierno se implique en un diálogo nacional que incluya a las fuerzas de la oposición. Sin embargo, los principales actores internacionales son incapaces de decidirse entre el apoyo a la Corte Penal Internacional o la necesidad de diálogo con el presidente Bashir para así encontrar una solución global y duradera a la crisis de Sudán.

El enfoque del problema también continúa siendo objeto de discusión. Mientras que la Unión Africana aseguraba en 2009 que la crisis de Darfur era un problema de dimensión nacional, hay otros actores que expresan sus dudas al respecto. El documento Doha para la Paz en Darfur firmado en 2011 es un ejemplo de ello. Este documento supuso un intento de limitar la crisis a dimensiones locales, evitando así que las reivindicaciones darfurís se extendieran a otras zonas periféricas marginalizadas de Sudán. Pero al igual que en otros acuerdos locales, éste incluye disposiciones tales como la reducción de las diferencias de desarrollo entre las periferias y el centro, medida que solo adquiere sentido desde un punto de vista nacional.


En Jartum son muchos los que temen que las concesiones hechas a Darfur conduzcan a su separación, como ya ocurrió en Sudán del Sur. Pero es en realidad la intransigencia del gobierno de Jartum y su incapacidad de “hacer atractiva la unidad” del país para los habitantes del sur, lo que les hizo votar en última instancia a favor de la independencia. Las fuerzas centrípetas de los poderes regionales constituyen un reto permanente para la unidad de Sudán. Sin embargo, a pesar de la guerra, los darfurís todavía se sienten parte de Sudán y el colapso de Sudán del Sur está haciendo cada vez menos atractiva la independencia.

La transformación nacional es ahora el lema de batalla de los rebeldes de Darfur que rechazan el acuerdo de Doha. Los cuales, tras su unión a los combatientes del Kordofán del Sur y del Nilo Azul, han creado el Frente Revolucionario de Sudán (SRF); grupo que se presenta más como una oportunidad para la paz que como una amenaza, como un actor fundamental del diálogo nacional e incluso de un posible gobierno de transición formado en coalición con el partido actualmente al poder, el Partido Nacional del Congreso.

Lo que está en juego, nada más y nada menos, es la unidad de lo que queda del actual Sudán.

Contributors

Former President & CEO
Former Senior Analyst, Sudan

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